A la pregunta ‘¿qué es la comprensión lectora?’ cualquier persona podría responder: «La capacidad para comprender lo que leemos». Correcto, pero es una habilidad que va más allá. Se trata de una capacidad que afecta al rendimiento académico, laboral, a la capacidad que tenemos para pensar, razonar, reflexionar y no ser manipulados. Una habilidad que los niños desarrollan en su etapa escolar y que influye directamente en su rendimiento y su desarrollo integral.
La comprensión lectora es tan fundamental, que UNIR ha desarrollado un estudio que concluye que el seguimiento ocular (eye-tracking) puede ser una herramienta útil para evaluar y mejorar la comprensión lectora en los niños. Es más, podría convertirse en una herramienta clave para identificar y prevenir problemas relacionados con la forma en la que los niños comprenden lo que leen.
«Se trata de una técnica no invasiva. Podríamos definirla como un rastreador del ojo que captura todos los datos de la mirada», explica Cristina de la Peña, autora del estudio, profesora e investigadora de UNIR. Un dispositivo que detecta la posición de la mirada, por ejemplo, cuánto tiempo pasamos mirando una palabra, los parpadeos, la dilatación de la pupila… «Los movimientos oculares, los patrones de fijación y la duración de las miradas pueden darnos pistas sobre la eficiencia con la que los niños procesan la información escrita».

Un estudio que se ha llevado a cabo con niños de 7 y 8 años y cuya precisión es muy elevada. «Son resultados totalmente objetivos porque son biométricos, es decir, nos dice exactamente dónde está mirando el ojo en cada momento y cómo se está comportando». Un ejemplo claro es cada vez que los niños se encuentran con una palabra poco frecuente o en un idioma distinto. «Ahí el ojo se detiene un poquito más y la pupila se dilata». De ahí que los tiempos de fijación ocular más cortos y con menos regresiones se relacionen con un mejor rendimiento en la comprensión lectora.
En cuanto a los resultados más concretos de la investigación, Cristina destaca que «en niños de primero y segundo de Primaria lo que hemos visto es que los niños que tienen mejor comprensión lectora, o sea, que están comprendiendo de manera más significativa la información, son niños con menor número de fijaciones, es decir, que la mirada se detiene menos en las palabras que vuelven menos atrás cuando están leyendo».
Hallazgos que podrían ayudar a complementar las técnicas tradicionales de aprendizaje que se imparten en los centros educativos, a detectar posibles dificultades y a implementar estrategias pedagógicas más personalizadas basadas en las necesidades de cada alumno. «Es más, el eye-tracking nos va a permitir entender mejor el comportamiento del niño».
Una técnica, la del eye-tracking, muy utilizada en publicidad. «Cuando una empresa quiere vender un producto, utiliza este método con determinados usuarios para ver exactamente dónde fijan su mirada en la imagen, o lo que más llama la atención a sus ojos. Ahí es donde colocarán el producto». Y esto, trasladado a la educación, «nos permitiría saber dónde y cómo colocar cada texto según el niño para que esa lectura y comprensión fuera más eficiente».

Cristina destaca que «puede que un niño lea rápido, sin errores, pero a lo mejor no está comprendiendo lo que el texto está queriendo decir. Una cosa es leer y otra entender». Sin embargo, hay otros que van más lentos y se confunden más, por lo que cuando llegan al final ya se han olvidado de lo que han empezado a leer. «Con esta técnica en 10 minutos podemos detectar simplemente con la lectura de una frase si está o no entendiendo».
Un sistema que, según Cristina, docente del Máster Universitario en Psicopedagogía de UNIR, «facilitaría mucho el trabajo a los orientadores de los colegios ya que «podrían detectar el problema pronto y así intervenir y crear estrategias pedagógicas más acordes con ese alumno». Es decir, si un niño no está entendiendo lo que lee, puede cambiarse la posición del texto, el interlineado, el tamaño e, incluso, el tipo de letra. «Hay tipologías que tienen serifa, como Times New Roman, que para niños con ciertas dificultades es mucho mejor que una letra redonda como la de Arial o Calibri».
Si duda, una técnica que revoluciona las prácticas de evaluación lectora ofreciendo una herramienta «que podría dar estrategias personalizadas a cada tipo de movimiento ocular para amoldarse a cada tipo de patrón perceptivo y cognitivo», finaliza Cristina.


