Fue objeto de la ira de la afición blanquirroja durante buena parte del encuentro. Porque toda historia épica precisa de un antihéroe, de un maligno, de un individuo que asume el papel de villano a la espera de que la película acabe con final feliz. La juventud del protagonista, ese rubio de cabello fino, el héroe de ojos azules al estilo Hollywood, en contraposición con el malo, malísimo, un gigante, moreno con arrugas en la cara, de mirada asesina, de pie certero, curtido en mil batallas que lleva años castigando a las defensas contrarias.
Pero la generación mejor formada ya asoma la cabeza. Son extrovertidos, se manejan bien, usan sus propias palabras, todo muy ‘clean’, y no se arrugan ante nadie. Los muchachos de la Ciudad Deportiva de Valdegastea han tomado el mando en la Copa del Rey, un torneo ideal para estos locos de la cabeza. Juegan con desparpajo, no sienten el peso de la responsabilidad, no se trata de su última gran oportunidad, tan solo de una fantástica primera ocasión para demostrar su valía. Y se permiten el lujo de padrear -vacilar-.
Ocho sub-23 en el once titular de la UD Logroñés ante un equipo de la Champions League, siete de ellos, salvo Facchin, formados en la cantera de la UD Logroñés. Eloy Moreno, Marc Fernández, Pol Arnau, Curro Bonilla, Iván Garrido, Riki y Mario Nájera, además de Alex Daza como portero suplente en este partido de Copa. La unidad B es joven, tiene talento, sabe jugar a fútbol y conecta, por su fútbol irreverente, con la grada de Las Gaunas, repleta de jóvenes que se sienten perfectamente representados por los de su quinta. Es la Quinta de Pol, y se están saliendo en esta Copa del Rey. Tanto contra el Eibar como contra el Girona, la actuación de estos jóvenes ha sido clave para lograr dos resultados históricos, para dejar en la cuneta a dos equipos que juegan desde hace años en la Liga de Fútbol Profesional.

Pol Arnau, Riki e Iván Garrido. FOTO: EFE/ Raquel Manzanares.
El encuentro ante el Girona lo tuvo todo para ser un partido generacional. Emoción, intensidad, nerviosismo, pasión, confusión, prórroga, penaltis, olés, giros, quiebros, polémica… Fútbol en estado puro llevado al límite por los jóvenes de Valdegastea, chavales que comparten piso y habitación en la residencia que el club tiene en el centro de Logroño. Y aquí fomentan su propio lenguaje. Todo ‘clean’, y ‘palabros’ por el estilo que les dota de una identidad propia. Y son valientes, y van pa’lante, con esa irreverencia tan juvenil. Que se pudo ver este miércoles en Las Gaunas.
Entraba el partido en los momentos decisivos. Ya estaba bajo palos Pol Arnau, que hasta entonces había sido un misil y un muro de contención en el lateral derecho de la UD Logroñés. Es más, Sergio Rodríguez no lo quería poner de portero porque sabía que podía tener en sus botas la jugada de la victoria. Acertó, pero fueron sus guantes. Ya en la portería, Pol Arnau atajó un balón arriba, con seguridad y solvencia. Y después, supo atrapar entre su pecho y antebrazos un disparo lejano, que le botó justo delante de su cuerpo. Envolvió el balón, y dio seguridad a su equipo y a la afición, que celebró esta parada como si de un gol se tratara.
Es aquí cuando aparece en antihéroe. El malo de esta película. Y los jóvenes de la Ciudad Deportiva de Valdegastea padrearon a Stuani de lo lindo hasta sacarlo del partido, como se pudo ver con el penalti que se dio por fallo, a pesar de haber entrado, y que ni tan siquiera protestó. «¿Pero éste es portero?», comentó Stuani en alto tras otra intervención de Pol Arnau. Y Marc Fernández, el día de su debut, no pudo contener esta oportunidad para padrear. Muy chill él, jugador del Girona hasta el Juvenil A, tuvo el comentario oportuno en el momento adecuado para padrear por encima de sus posibilidades: «Pero si os estaba volviendo locos de lateral, cómo no vas a saber».


