Color, diseños geométricos, estampado animal print,… En el número 42 de la calle Huesca se confeccionan la versatilidad, la comodidad y las tendencias. Porque en la variedad está el gusto y bien sabe de ello Elena De Diego, la creadora de NeLeCHe. Este comercio de carteras y bolsos fabricados de manera artesanal dio sus primeros pasos hace un año en formato ‘online’ y el pasado 25 de octubre se presentó ya en formato físico a sus clientes desde el centro de Logroño.
Esta emprendedora ha hecho de su pasión su modo de vida. Su abuela era costurera y es probable que de ella haya heredado ese gusto por la aguja y el hilo. La primera obra de Elena fue un disfraz infantil que le hizo a su hija pequeña. «Le pedí la máquina de coser a mi madre y me puse a ello. Luego ya me enganché más y a finales de 2022 hice un curso de costura y luego otro de perfeccionamiento. Ahí ya la profesora me decía que tenía la visión para saber a dónde quería llegar y cómo tenía que hacerlo. Mis primeras creaciones fueron unos cuellos o bragas que al principio, antes de lanzar la página web, comercializaba en la tienda de deporte de mi hermana. Poco a poco fui sumando nuevos tamaños y formatos: neceseres, carteras, bolsos, estuches, tote bag, colgantes para el móvil y llaves con los retales sobrantes,… Me gusta mucho seguir innovando en nuevos patrones».

Elena de Diego, en su comercio NeLeCHe recién abierto. | Fotos: Leire Díez
Además, De Diego ofrece la posibilidad de diseñar productos personalizados y adaptados a las preferencias de cada cliente. «El otro día vino una mujer con un retal de tela que había comprado para su madre, que ya tiene 92 años y ha sido toda su vida costurera. Su idea es que le confeccione un bolso similar al que su madre llevó durante años como un regalo para estas navidades. En otro momento una chica me trajo un pantalón bordado que le gustaba mucho y se lo convertí en una tote bag. Son retos diferentes que ilusionan como el primer momento, pero sí que es cierto que en este tema voy muy poco a poco», reconoce la creadora.
Y es que NeLeChe surgió también así, reflejando ese aspecto más emocional y familiar en cada uno de sus diseños. «Busqué aquellas telas que mejor representaban a cada uno de mis hermanos, su personalidad, carácter y gustos. Así que las primeras colecciones son todas en relación a ellos», recuerda. Después, el abanico de diseños y colores fue creciendo. Y llegó la página web, y las redes sociales, y los primeros clientes. El nombre también tiene su vinculación personal y es que NeLeCHe es el mote con el que las amigas de Galicia llaman a Elena.

Elena de Diego, en su comercio NeLeCHe recién abierto. | Fotos: Leire Díez
Ha sido un crecimiento constante y progresivo en el mercado ‘online’, pero lo que le hizo dar el paso a la tienda física fue la confianza que ganó en los diferentes mercados a los que fue. El festival MUWI fue el último en el que participó y el que le brindó un escaparate idóneo para sus creaciones: «Supuso el impulso, también económico, que necesitaba para abrir el local y es que no tiene nada que ver la venta física con la ‘online’. Al final mis productos se tienen que tocar porque es así como ganan valor y se ve el trabajo que tienen detrás. Un esfuerzo que también depende de mi familia y amigos, que han confiado en mí desde el principio y me han apoyado en cada pasito que voy dando».

Elena de Diego, en su comercio NeLeCHe recién abierto. | Fotos: Leire Díez
Una filosofía que se aplica a su propia labor: las telas siempre las compra en Logroño (a no ser que sean de una tienda que ya conoce perfectamente el material que tienen), las cremalleras las compra en una mercería próxima a su local, las etiquetas de cuero las elabora El Desván Artesano de la calle Chile. «Procuro que sea todo producto de Logroño para revalorizar también la importancia de mantener vivo el comercio local de la ciudad», remarca.

Elena de Diego, en su comercio NeLeCHe recién abierto. | Fotos: Leire Díez
La exclusividad y la personalización es el caballo de batalla de NeLeCHe. No hay tiradas de una veintena de patrones iguales, sino que puede darse la circunstancia de que fabrique un bolso único y ya. «Esto no es una tirada de fábrica industrial. A mí me gusta ir creando y haciendo, con pequeñas tiradas, y eso el cliente también lo valora porque en más de una ocasión me han dicho: ‘Es que coses como se cosía antiguamente’. Y es que tú abres uno de mis bolsos y no ves la cremallera y las costuras. Además, algo positivo es que en este local encuentras una amplia variedad de precios para adaptarse a cada público».


