La Rioja

Un año después del incendio de Fal: «Fue clave que no hubiese nadie dentro»

Un año después del incendio de Fal, la empresa busca resurgir

Hay días concretos que en determinados municipios nunca se olvidan. El 1 de diciembre siempre será un día para el recuerdo en Arnedo. A las dos de la mañana comenzaba a arder la fábrica de la empresa Fal, que elabora una de las marcas mas reconocidas del calzado internacional: Chiruca. Las llamas comenzaron en la zona de producción de la empresa y asolaron una nave de 14.000 metros cuadrados y que dejó a la empresa, a sus trabajadores, al sector del calzado, a los arnedanos y a todos los riojanos en un estado de preocupación durante las primeras horas , de incertidumbre en las siguientes y de esperanza posteriormente al ver la reacción no sólo de la empresa, que en seguida retomó el trabajo, sino también de muchas fábricas cercanas que pusieron a disposición lo que tenían para ayudarles a arrancar de nuevo.

Todo comenzó a eso de las dos de la mañana. El vigilante de la fábrica fue el primero en avistar los primeros indicios del incendio. La Policía Local de Arnedo es la encargada de avisar a SOS Rioja y en cuestión de minutos un amplio dispositivo empezaba a hacer su trabajo ante la atenta e impotente mirada de Manolo Abad, uno de los propietarios de la firma riojana (el otro se encontraba de viaje de negocios en el extranjero).

La nave de unos 14.000 metros cuadrados se iba consumiendo. Poco se podía hacer por ella y el trabajo de los bomberos (alrededor de 60 personas trabajaron en el dispositivo) se centro en evitar que el incendio se propagase a otros edificios cercanos y a un pinar contiguo. Desde el Centro Coordinador de Emergencias, además de informar a la Guardia Civil se movilizaron Bomberos del CEIS y Bomberos Logroño en apoyo, Protección Civil de Arnedo, Cruz Roja e Iberdrola, además de Recursos de Emergencias del Servicio Riojano de Salud en preventivo.

«Costó extinguir el incendio cuatro días»

El jefe de sección de Protección Civil, José Fermín Galilea, estaba esa noche de guardia. Raudo bajó a Arnedo donde ya estaba el dispositivo activado y declaró el nivel 1 de emergencia. Fue el momento de reordenar las misiones. «En un incendio de estas características es fundamental organizar los cometidos de cada uno», explica un año después. Detalla cómo funcionan este tipo de dispositivos. «el 60 por ciento del personal se dedica a la intervención directa, además necesitamos un 20 por ciento que  actúe en la zona que normalmente es controlar el tráfico, los accesos; después hace falta gente para actividades logísticas y en el puesto avanzado, también contamos con empresas que colaboran con nosotros en estas incidencias como Iberdrola…».

El incendio había comenzado en la planta de producción pero había naves contiguas dedicadas a oficinas y a material terminado. «Además había un sótano para materias primas».  Los bomberos necesitaron más de doce horas para controlar el incendio pero tuvo que trabajar cuatro días en labores de enfriamiento con reinicio de focos en las siguientes horas hasta darse por sofocado totalmente.

No fue un incendio excesivamente complicado, especialmente porque sabían de primera mano que no había nadie dentro. «En un dispositivo de estas características las prioridades son: personas, bienes y medioambiente, sabiendo que no hay gente dentro todo cambia». No es lo mismo ‘atacar’ la fábrica vacía. «No tienes que poner en riesgo a los operarios porque no hay que hacer labores de rescate». Además también facilitó el trabajo que fuese un incendio nocturno. «El contexto general es distinto, hay mucha menos complejidad, no tienes tráfico en la zona, ni hay que evacuar a las personas que están trabajando en las naves colindantes, además la gente estaba tranquila y segura en su casa porque uno de los problemas fue el potencial riesgo ante los gases que se emitían».

Y es que una de las mayores complicaciones del incendio fue los materiales que se encontraban dentro de la nave: cauchos, gomas, disolventes y textiles que cuando prenden emiten mucho gas.

Javier García: «Tenía claro que no iban a tirar la toalla».

Poniendo la mirada un año después en esa noche, el alcalde de Arnedo, Javier García, la recuerda como «una noche de película de terror». Fue muy difícil ver «devastados entre las llamas tantos años de trabajo». Aún recuerda las lágrimas de muchos trabajadores que miraban como el fuego consumía su lugar de trabajo pero tampoco olvida que «desde el principio fui consciente de que una empresa como Fal que estaba consolidada iba a tirar para adelante, que no iban a tirar la toalla». Y así fue.

Al día siguiente vieron la rápida decisión de la empresa de seguir adelante. «Visto un año después creo que se ha comprobado que, a veces, de las peores situaciones salen oportunidades magníficas porque esto va a servir para que la empresa lleve a cabo una modernización que de otra manera hubiese sido muy difícil».

Teniendo en cuenta siempre que lo mejor fue «que no hubiese daños personales lo que más nos preocupaba era la situación de esas 130 familias que viven de esta empresa». Pronto «vimos que la empresa sabía lo que hacía y que tenía un plan muy claro para renacer de sus cenizas, la claridad que mostraron en momentos de shock fue impresionante».

Entonces llegó la ayuda del Ayuntamiento. «Tuvimos una reunión con ellos y con todos los técnicos del Ayuntamiento que podían tener relación con el proyecto y entre todos vimos cómo era la mejor forma de agilizar todos los trámites para que fueran cumpliendo el cronograma que habían previsto». Así asegura que «hemos demostrado que la colaboración entre la empresa y el Ayuntamiento y la suma de esfuerzos siempre es favorable para todos».

«Es un proyecto impresionante, va a ser una planta ejemplar en lo que se refiere a modernización y seguridad con un almacén inteligente», dice el alcalde con ganas de verla puesta en pie, algo que llegará la próxima primavera.

«Se notó que Arnedo es un pueblo unido»

Carlos lleva más de cuatro décadas trabajando en Fal. Toda una vida. Ese 1 de diciembre a eso de las seis de la mañana una amiga lo despertó con las fotos y los videos de la fábrica ardiendo. «Te pones lo primero que pilla y te marchas para allí a ver qué está pasando porque casi ni te lo crees». Fueron momentos duros. «Ves toda tu vida laboral arrasada por las llamas».

A pesar de sus 61 años y todos intuían que no volvería ya a trabajar (se jubila el año que viene), Carlos sabía «que mi vida laboral iba a terminar en la fábrica, lo supe desde el primer momento que de una forma o de otra esta gente iba a sacar adelante la empresa porque se han vivido momentos muy complicados en estos años y se ha salido adelante». Le daba algo de tranquilidad «ser una marca tan consolidada y con varias líneas de negocio que funcionan muy bien como la del calzado de seguridad con el que trabajamos con muchas instituciones».

Lo peor de estos meses ha sido ver «como los políticos llegaron su hicieron la foto y prometieron mucho y a los trabajadores no nos han ayudado en nada» y recuerda que «muchas familias lo han pasado mal hasta que han podido volver a trabajar, a ver quién aguanta con 1.040 euros que nos quedaron». No lo duda: «Menos mal que la reacción de la empresa fue ejemplar y pronto muchos pudieron volver al tajo».

También pone en valor «cómo se notó que Arnedo es un pueblo unido». Y es que «fueron muchas la empresas que ofrecieron sus naves para poder trabajar mientras se volvía a levantar la nueva nave». Él mismo trabaja en la de Pitillos. «Ya estamos con las máquinas que van a estar en la nueva nave».

Un día que ninguno de ellos olvidará y que fue un punto de inflexión para mirar hacia el futuro puesto en la próxima primavera cuando Fal tiene la intención de empezar a trabajar en una nave totalmente modernizada. El resurgir del ave Fénix.

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