CARTA AL DIRECTOR

El negacionismo y el cambio climático

EFE/Manu Bruque

Resulta curioso el hecho de que cuanto más claras están las razones de algo que nos afecta como sociedad, arrecian las actitudes negacionistas que rechazan los argumentos científicos que lo explican. Esto ya sucedió con el tabaco y más recientemente con la COVID19.

En este sentido, en el entorno negacionista es frecuente el hecho de no decir la verdad partiendo de algunas certezas. Así, se omite toda la verdad a medida que se va magnificando lo que no es cierto. Por ejemplo, el tabaco pude afectar a la salud pero no es cierto que llegue a producir cáncer. Esto como verdad única e irrebatible.

Sin embargo, yo siempre he desconfiado de aquellas personas que afirman vivir en la certeza absoluta. Incluso creo que ese tipo de individuos o grupos pueden llegar a ser una seria amenaza. Lo peor es que mucha gente está dispuesta a seguir sus teorías sin ser capaces de contrastar esas informaciones. La vida es transitar por el territorio de la duda buscando unas mínimas certezas. Por eso, gracias a la ciencia nuestra sociedad avanza. Si todo ya fuera cierto y seguro, no nos moveríamos de donde estamos, y los hechos demuestran que gracias a la ciencia el mundo puede ir mejor. Otra cosa distinta es la utilización dañina y perversa de ciertos descubrimientos científicos. Pero esto no es culpa de la ciencia sino de la maldad de algunas personas.

Paralelamente, una de las cosas más preocupantes de los negacionistas famosos o pseudoexpertos, es que siempre hay alguien que espera algo de ellos, pues suelen tener la receta definitiva para resolver los problemas. Esto sucede a la vez que los seres humanos nos vemos vulnerables y necesitamos certezas. Es entonces cuando sin un mínimo espíritu crítico se cae en las redes –nunca mejor dicho- de los charlatanes y manipuladores. Curiosamente, ellos nunca demuestran que lo que dicen es verdad, simplemente descalifican o desprecian gratuitamente lo que no les conviene.

Por otro lado, siempre ofrecen una visión general de las cosas, sin explicar el fundamento de las mismas, lo que hace que se vean desdibujados los detalles de su origen real. Por ejemplo: afirman que el tiempo atmosférico siempre ha sido variable, es normal que en verano haga calor y haya heladas, tormentas y huracanes, sin detallar porqué estos fenómenos están sucediendo de una forma tan imprevista y catastrófica.

Así mismo, existe una crisis de confianza orquestada por muchos de los medios de comunicación y sobre todo por las redes de información directa a los usuarios. Mucha gente carece de formación o criterio para juzgar y además desconfía cuando se siente marginada o excluida. Este vacío es el que es aprovechado por el ámbito negacionista para conseguir sus objetivos.

Esto se une al hecho de que la democracia como modelo de participación, gestión y progreso social, está cayendo en cierta perversión en la que ahora más que nunca, lo importante es conseguir el poder por el poder, para beneficio exclusivo de aquellas personas o grupos que buscan incrementar su riqueza, o simplemente, su dominio sobre la sociedad. Son además los intereses creados por los poderosos e influyentes los que generan montañas de desinformación para tratar de conseguir que las instituciones pierden su cometido, y pasar así a ser meras marionetas de estos personajes y los que les rodean. Es entonces cuando el negacionismo climático triunfa. En el fondo, lo que existe es una crisis de confianza, transparencia y participación en todos los ámbitos de la sociedad.

Con respecto a los que niegan el cambio climático, no debemos caer en la ingenuidad de creer que los grandes magnates o las grandes corporaciones lo son a pesar de mostrar en público ésta actitud. Nada más lejos de la realidad. Todos ellos lo saben desde hace mucho tiempo. Baste como ejemplo lo que los científicos de la compañía petrolera Exxon ya tenían estudiado desde el año 1982. Estimaron la relación entre las emisiones de los gases de efecto invernadero y el incremento de la temperatura media del planeta. Siendo además capaces de predecir acertadamente la concentración esperada de CO2 en años posteriores. Todos los sabían y lo saben, lo que sucede es que llegará un momento en que la vida en muchos lugares de la tierra sea limitante o imposible, sobre todo en aquellos países que sean más vulnerables. Hasta entonces, determinados países y las grandes compañías petrolíferas, van a seguir ingresando unos beneficios gigantescos. Esos beneficios son precisamente los que ellos utilizan en parte para distorsionar el cambio climático y además les van a permitir afrontar con mayores garantías las crisis climáticas que nos esperan.

Los fenómenos meteorológicos asociados al clima, van a ser los mismos, aunque la intensidad y el patrón temporal en el que van a suceder, variaran extraordinariamente, como ya estamos comprobando. Van a mostrar un tipo de conducta errática y dañina que, a pesar de que algunos sean previstos con cierta anticipación, van a producir daños muy importantes en las personas y los bienes, y alteraran sin duda la estructura, el funcionamiento y los servicios asociados a los ecosistemas. Está claro que existen muchos interesados en que la ciudadanía siga sus consignas negando la evidencia, y ante lo que ellos presentan como irremediable, se acabe tirando la toalla. Pero tenemos que seguir descarbonizando la atmósfera, ya que nos estamos jugando la supervivencia del planeta, tal y como lo conocemos ahora. Informarse adecuadamente, y conseguir que tanto las personas como las empresas y los gobiernos actúen en consecuencia, ayudará a impedir que ello suceda.

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