«Guillermo (Castillo) tuvo una muerte mala. Una muerte cruel, con ensañamiento y la víctima sufrió muchísimo». Es la conclusión a la que ha llegado el capitán de la Unidad Orgánica de Policía Judicial que fue el máximo responsable de la instrucción policial del conocido como crimen de Cuzcurrita, cuyo juicio ha celebrado este miércoles la tercera de sus sesiones en la Audiencia Provincial de La Rioja.
La declaración ante el tribunal de este oficial, que se ha prolongado durante más de una hora, ha servido para esclarecer con un alto grado de detalle lo que ocurrió en el domicilio de la víctima la madrugada del 2 de mayo de 2023 y, sobre todo, cómo la Guardia Civil dio con los responsables del asesinato de Guillermo Castillo hasta sentar en el banquillo a Antonio G. D. (de 54 años) y Carlos R. M. (de 38), convencida de la participación de ambos en un crimen «premeditado y planificado», en el que la víctima «no tuvo posibilidad alguna de defenderse ni pedir auxilio».
Antes de entrar en detalles sobre la bautizada como ‘Operación Squilla‘, la declaración del agente al frente a la investigación ha servido para subrayar la vulnerabilidad de la víctima -«por el escenario, su edad y por ser dos personas contra una»-, uno de los pilares sobre los que se sustenta la petición de prisión permanente revisable por parte de la acusación particular para cada uno de los acusados (la Fiscalía pide 27 años de prisión para Carlos y 27 años y nueve meses para Antonio, al ser reincidente en robos con violencia).

Antonio (izquierda) y Carlos (derecha), los acusados del crimen de Cuzcurrita. FOTO: EFE/ Raquel Manzanares.
1.- El escenario del crimen
Remontémonos al 2 de mayo de 2023, cuando una patrulla de la Guardia Civil -alertada por la hija de Guillermo y uno de sus empleados en labores agrícolas- descubre el cadáver del hostelero en un baño del domicilio de la víctima, al que una puerta cerrada con llave impedía el acceso.
La primera inspección técnico-ocular del domicilio arroja numerosos charcos de sangre, una violencia inusitada sobre la víctima y habitaciones revueltas. Que han matado a Guillermo para robarle en su propia casa resulta evidente, pero por entonces la Guardia Civil no sabe quién ha sido el autor de tan salvajes delitos. O mejor dicho, quiénes han sido los autores, ya que desde un primer momento los agentes saben que no hay un único implicado. Y para entender cómo la investigación pudo llegar tan pronto a esa conclusión, repasemos los claves señaladas por su máximo responsable en la sesión de este miércoles.

Puerta de acceso a la vivienda de Guillermo Castillo.
– La primera agresión a Guillermo se produjo con inmediatez a la apertura de la puerta de su domicilio, en virtud a la ubicación de los rastros de sangre aparecidos en hall de la vivienda. Y la posición de las zapatillas que vestía la víctima en ese momento -con una amplia distancia entre cada una de ellas- denotan «un golpe fortísimo y la participación de dos personas», una de las cuales desplazó una de ellas mientras se abalanzaba sobre la víctima. Tal y como ha apuntado el capitán, «si hubiera intervenido una única persona las zapatillas podían quedar más juntas» y «se habría propiciado un escenario más recogido».
– Esa misma sangre de Guillermo impregnó al menos una de las deportivas que vestían sus asaltantes, dejando varias pisadas «de seguridad» junto a uno de los cristales ubicados junto a la puerta. Los investigadores creen que estas huellas las dejó uno de los asaltantes para vigilar la calle mientras el otro seguía golpeando a la víctima. El mismo autor de las pisadas dejó otro rastro: en el pestillo de la puerta se encontró una mancha de sangre, lo cual indica que lo cerró desde dentro para «poder trabajar con tranquilidad».
– La primera tanda de golpes sobre el rostro de la víctima le hizo caer al suelo y le dejó semiinconsciente, completamente reducido. Momento que aprovecharon los asaltantes para colocarle los grilletes con las manos hacia adelante, no tras la espalda, lo que supone una posición «inusual» y ahora veremos por qué. De esas esposas tiraron para arrastrarle hasta el baño en el que dejaron agonizando al hostelero, aunque en ese angustioso camino siguieron golpeándole y le rompieron tres costillas. «El binomio arrastre-agresión implica de forma inequívoca la presencia de una segunda persona», ha sentenciado el investigador al mando, destacando que si no hubieran quedado los brazos por encima de su cabeza durante el arrastre la zona del costillar habría quedado más protegida.
– El último indicio que implica a más de un agresor se localizó en el baño donde apareció el cadáver. En concreto, su posición sobre el suelo reveló dos hechos significativos. En primer lugar, los rastros de sangre evidencian que la cabeza de la víctima estuvo colocada en dos lugares distintos: uno provisional y otro definitivo. Pero, sobre todo, el cadáver acabó en una posición en la que «una sola persona no pudo colocarlo por el esfuerzo que implica» (Guillermo pesaba unos 70 kilos en el momento de su muerte).

2.- Primeras semanas de dudas y «una frase demoledora»
La Guardia Civil sabe, por tanto, que hay al menos dos asesinos sueltos cerca de Cuzcurrita, pero todavía está lejos de ponerles cara y nombre. Una primera fase de las pesquisas se centró, como es habitual en estos casos, en el entorno social y laboral de la víctima. Y la investigación no pasó por alto que había «cierto conocimiento popular» de que Guillermo Castillo disponía de altas cantidades de efectivo en su vivienda, especialmente cuando cerraba la caja de su restaurante. Tampoco obvió el «entorno íntimo» del fallecido, a tenor de dos aspectos: la puerta de la vivienda no había sido violentada -por lo que Guillermo debía conocer a su asesino- y una muerte tan violenta denota «un vínculo emocional» entre víctima y agresor. Dicho de otro modo, el abanico de potenciales sospechosos era excesivamente amplio en esta primera fase de la instrucción.
Durante las primeras semanas, la Guardia Civil investigó «a muchísimas personas» de esos círculos, al tiempo que revisó mediante cámaras de videovigilancia y los registros telefónicos todas las entradas y salidas de Cuzcurrita del Río Tirón en las fechas próximas al asesinato. Una labor ardua que centró las sospechas en un individuo que había incurrido en una contradicción en su relato, si bien conforme avanzaron las pesquisas no fue posible incriminarle en la causa por falta de pruebas.
Así transcurrieron dos meses y medio, hasta que un testimonio permitió a la Guardia Civil, al fin, encajar las primeras piezas del puzle. Nada se sabe de la identidad del comunicante, más allá de que se trata del famoso testigo protegido al que aún no ha podido escuchar el tribunal porque se encuentra en paradero desconocido. Pero los hechos que relata ante los agentes les hace entender que habían encontrado ese ansiado hilo del que tirar para desenredar la misteriosa muerte de Guillermo Castillo.
«Arrojó luz sobre algunas cuestiones que ya teníamos y agilizó muchísimo la investigación», ha explicado este miércoles el capitán de la Unidad Orgánica de Policía Judicial, quien ha revelado los detalles que llevó a los investigadores a dar credibilidad a la aportación de este testigo. Señaló a Carlos -‘el portugués’- con «datos que solo conocíamos nosotros y no podía saber por los medios de comunicación».
Quienes hayan seguido el crimen de Cuzcurrita desde el primer momento recordarán que en un primer instante se publicó que Guillermo Castillo había muerto acuchillado, pero este testigo protegido aportó «una fase demoledora» en su declaración ante la Guardia Civil, basada en lo que le había contado ‘el portugués’: «Muerto a puñetazos». Por si alguien pudiera pensar que esa frase fue fruto de la casualidad, el testigo protegido también se refería a la participación de dos personas en el asesinato y que Carlos era una de ellas, que «obtuvieron de los efectos personales (de Guillermo) una cantidad concordante con la que constaba en autos».

Carlos, ‘el portugués’, este miércoles en la Audiencia Provincial. FOTO: Daniel Ortiz.
Se da la circunstancia de que, aunque los asesinos esperaban encontrar un botín mucho más generoso -lo veremos más adelante- en casa de Guillermo, solo pudieron llevarse el dinero que la víctima llevaba en el bolsillo derecho de su pantalón y no fueron capaces de encontrar una caja fuerte ubicada en la sala anexa al baño en el que abandonaron su cadáver. Al fin los investigadores tenían una versión coincidente con sus hallazgos hasta el momento. Pero, sobre todo, tenían a uno de los presuntos asesinos.
3.- Primero Carlos, después Antonio
Llegados a este punto, cabe resaltar que el señalamiento del testigo protegido no es la única motivación para incriminar a Carlos en la muerte de Guillermo. Por un lado, la Guardia Civil constata que la víctima y ‘el portugués’ no solo habían tenido una vinculación laboral en el pasado, sino que además habían mantenido relaciones de carácter afectivo-sexual, cuestión que engarza a la perfección con la tesis de que el hostelero y al menos uno de sus asesinos no eran desconocidos entre sí. Pero es que, además, la geolocalización mediante antenas de móviles ubican a Carlos en Cuzcurrita la noche de autos.
Con la certeza casi absoluta de que Carlos pudo estar implicado en el asesinato, la Guardia Civil investigó su entorno social hasta dar con el segundo de los acusados: Antonio. Resulta que ambos se conocían desde 2015, cuando coincidieron en prisión, y que Antonio tenía una conocida trayectoria criminal en robos violentos. Gracias a la triangulación de las antenas de los móviles, los investigadores saben que ambos estuvieron juntos la noche de autos, aunque Antonio tomó la precaución de apagar su teléfono a las nueve de la noche y no volvió a encenderlo al día siguiente para evitar ser posicionado en Cuzcurrita.

Antonio, este miércoles en la Audiencia Provincial de La Rioja. FOTO: EFE/ Raquel Manzanares.
En este aspecto hay otro hecho que no pasa desapercibido a la Guardia Civil: el fatídico 1 de mayo Angustias, hermana de Antonio, realiza un inusual volumen de llamadas telefónicas tanto a él como a Carlos «porque sabía que estaban juntos». «Pasó de una o dos llamadas mensuales a intentar contactar con su hermano hasta siete veces esa noche, más aún cuando el cotejo de las llamadas de Angustias nunca reflejaba comunicaciones durante la madrugada, salvo ese día».
4.- El móvil y los detalles del crimen
Aunque durante un tiempo llegó a barajar la posibilidad de un tercer implicado en el asesinato (para realizar labores de información que fueron descartadas), la Guardia Civil ya tiene a los dos presuntos asesinos de Guillermo y está convencida de que el crimen no fue un acto impulsivo atribuible a dos ladrones bajo los efectos de las muchas drogas que consumieron, presuntamente, esa noche. Fue una muerte «premeditada, planificada y decidida».
El capitán de la Unidad Orgánica de Policía Judicial está convencido de que Carlos y Antonio «se concertaron para cometer un delito violento contra Guillermo con un móvil económico». El primero de ellos «tenía suficiente conocimiento de la vida personal de la víctima porque había trabajado para él y había mantenido una relación íntima con él; y además le había solicitado dinero con anterioridad». En cambio, aquel 2 de mayo pensaban dar juntos el golpe de sus vidas: «Su expectativa era perpetrar un robo con un lucro de entre 50.000 y 60.000 euros«.
De este modo, Carlos y Antonio «planificaron y tomaron las medidas necesarias para llevar a cabo el crimen: quedaron en esa fecha y acordaron ir con guantes, llevar grilletes e ir enmascarados». De hecho, el testigo protegido apuntó en su relato que llevaron pasamontañas)». Aquel 1 de mayo, a las 20:42 horas (cuando ‘el portugués’ terminó de trabajar en Laserna), acudió en su Dacia Sandero blanco a recoger en Logroño a Antonio, que apagó su teléfono en cuanto su compañero hubo llegado. Del barrio de La Estrella se dirigieron al ‘narcopiso’ de «un conocido traficante de estrato bajo» en Lardero, donde la Guardia Civil cree que compraron y consumieron droga hasta que se marcharon de allí a las 23:05 horas.
A las 23:55 horas -según siempre las conclusiones de la investigación- llegaron a Cuzcurrita y aparcaron en la Plaza del Campillo. Podían haber estacionado frente a la vivienda, pero la Guardia Civil cree que los acusados acertaron dejando el vehículo en la plaza, ya que «hay más coches y pasaba inadvertido; en la calle solo suelen aparcar los vecinos y habría sido sospechoso». Desde el coche tenían acceso directo al callejón contiguo a la vivienda de la víctima, por el que «es fácil pasar de noche sin ser detectado».
Carlos aprovechó su relación de confianza con Guillermo para que este le abriera mientras Antonio permanecía fuera, lejos de la vista de la víctima. En cuanto el hostelero abrió la puerta, los dos asaltantes entraron y empezó el brutal ataque. La Guardia Civil está convencida de que -al contrario de lo que declaró al ser detenido- fue Carlos quien atacó a la víctima «con inmediatez y en la misma entrada». También de que fue quien empleó mayor crueldad, ya que «todas las agresiones con ensañamiento implican un vínculo emocional entre el agresor y la víctima; Carlos había mantenido una relación con Guillermo y Antonio no le conocía de nada». Y otro detalle que respalda esta tesis: en el cadáver no se apreciaron signos de defensa, ya que «no pudo ni poner las manos para defenderse, lo primero que recibió fue un golpe durísimo en la cara». De haber atacado primero Antonio, un desconocido, la víctima seguramente se habría protegido desde el primer momento.

Vista exterior de la casa de Guillermo, a través del callejón por el que accedieron sus asesinos. FOTO: Daniel Ortiz.
Fruto de esos primeros golpes, Guillermo cayó al suelo inconsciente y con «mucha sangre», pero las patadas y puñetazos -en su mayoría en la cara, «con una saña bastante amplia»- no terminaron ahí. Los acusados «tienen el dominio del cuerpo y le atan las manos con los grilletes», relata el oficial al mando de la investigación. Como la víctima ha perdido el conocimiento, uno de los asaltantes utiliza las esposas para arrastrarle hacia el baño de la planta inferior, mientras el otro sigue golpeándole con extrema violencia. En el aseo «tiran su cuerpo, colocan la cabeza y colocan los pies», cierran con llave la puerta que da acceso a ese baño y comienza el registro de la vivienda. «La puerta cerrada con llave significa la imposibilidad de que reciba auxilio y socorro, aunque en el estado en el que se encontraba no podría salir ni aunque le hubieran dejado la puerta abierta», ha explicado el jefe de la investigación.
Pese a revolver prácticamente cada cajón de cada mueble en la casa -y dejando numerosas huellas de sangre en el intento-, no encuentran más dinero que los 600 euros que, estima la Guardia Civil, llevaba Guillermo en su pantalón. «Fue un registro apresurado, no se tomaron su tiempo porque deducían un riesgo». Carlos se hizo con unos pendientes de perlas y alguna pieza de bisutería, pero ninguno de los dos encuentra la caja fuerte ubicada en la sala inmediatamente posterior al lavabo en el que han abandonado a Guillermo.
A las 00:44 horas (menos de una hora después de haber llegado a Cuzcurrita), Carlos y Antonio salieron corriendo hacia el coche a través del callejón -allí aparecieron pisadas de sangre- y abandonaron la localidad. Pero no salieron directamente hacia Logroño. A las afueras de Cuzcurrita hicieron una parada que los acusados atribuyen al consumo de drogas, pero que los investigadores creen que utilizaron para deshacerse de los vestigios que pudieran incriminarles y limpiarse la sangre para no levantar sospechas en un hipotético control policial.
Hasta las 1:13 horas no pasaron por Casalarreina (pese a la proximidad entre ambas localidades) y de ahí fueron directos hacia el ‘narcopiso’ de Lardero, del que se marcharon a las 03:42 horas. Carlos volvió a dejar a Antonio en su casa del barrio de La Estrella y regresó a la suya de Pradillo. En todo ese tiempo -desde que salieron de Logroño sobre las nueve de la noche y hasta este momento- «no hay ni un solo indicio que nos permita deducir la separación de los dos acusados», subraya la Guardia Civil.
Ahora, un año y medio después del asesinato del popular hostelero, será un tribunal popular el que decida sobre si lo que realmente ocurrió aquella noche en Cuzcurrita se ajusta más a lo relatado con detalle por parte de la Guardia Civil o a los testimonios que han ofrecido ambos acusados, que se inculpan el uno al otro y han incurrido en diversas contradicciones durante el procedimiento.


