Sucesos

Crimen de Cuzcurrita: las claves del juicio del año en La Rioja

Crimen de Cuzcurrita: las claves del juicio del año en La Rioja

Retrato de Guillermo Castillo en el funeral celebrado en su memoria en Cuzcurrita del Río Tirón. FOTO: Daniel Ortiz.

Pocos crímenes han generado en La Rioja tanta conmoción como el asesinato de Guillermo Castillo. El 2 de mayo de 2023 se recordará durante décadas como el día más triste en Cuzcurrita del Río Tirón. Aquella mañana un rumor corrió como la pólvora ante el despliegue de decenas de agentes de la Guardia Civil en torno al domicilio del hostelero, uno de los vecinos ilustres en un municipio de medio millar de habitantes. «Han matado a Guillermo» fue el comentario más extendido más allá de los límites de una localidad en la que la tranquilidad de sus calles apenas se veía alterada por las decenas de visitantes que acudían al calor de Bodega Guillermo, el restaurante de la víctima.

El carácter cercano y amable del Guillermo ya justificaba, de por sí, el impacto provocado por su asesinato. Pero la extrema violencia empleada para acabar con su vida en un frenesí de crueldad y los entresijos de la investigación convierten la causa por el crimen de Cuzcurrita en el juicio del año en La Rioja. Sirvan, por tanto, estas líneas para realizar una composición de lugar lo más precisa posible sobre los hechos que se juzgan desde este lunes en la Audiencia Provincial, el perfil de los presuntos asesinos y las estrategias empleadas por las partes personadas en el procedimiento.

LA VÍCTIMA

A sus 78 años, y a pesar de su arrolladora vitalidad, Guillermo sufría los típicos achaques de la edad. Hacía años que había enviudado, por lo que la víctima vivía solo en su domicilio del número 11 de la Travesía del Puente. Aun así, sus dos hijos se aseguraban de que Guillermo no se marchase a dormir sin tener a mano su medicación. Especialmente Yolanda, que además era su mano derecha en el restaurante y fue la última persona en ver con vida a su padre.

Flores para Guillermo en el funeral celebrado el pasado mes de abril, casi un año después de su asesinato. FOTO: Daniel Ortiz.

Guillermo Castillo gozaba de una merecida fama por su derroche de carisma al frente de Bodega Guillermo, uno de esos establecimientos de obligada visita -al menos, una vez al año- de la gastronomía riojana. Bajo su techo, los comensales encontraban generosas raciones de platos tradicionales, vino de la casa en abundancia -el agua estaba «prohibida», salvo «para el conductor», como advertía Guillermo a sus clientes- y, por encima de todo, un ambiente fraternal que elevaba la experiencia a la categoría de familiar.

Fachada del restaurante de la víctima, en la calle Campillo de Cuzcurrita, a apenas unos metros de su vivienda. FOTO: Daniel Ortiz.

El hostelero no dudaba en arrancarse con una jota o con una ranchera durante el servicio, propiciando una atmósfera singular que suponía todo un reclamo para centenares de clientes llegados, principalmente, del resto de localidades riojanas y de País Vasco.

LOS ACUSADOS

Durante los tres meses posteriores al asesinato, las dudas y el miedo se apoderaron de las calles de Cuzcurrita. La investigación avanzaba en un escrupuloso secreto, pero para los vecinos del municipio no pasó desapercibido un detalle: la puerta de la casa de Guillermo no había sido forzada, lo que implicaba una relación de confianza entre la víctima y sus verdugos. Dicho de otro modo, nadie era capaz de asegurar que los asesinos no eran vecinos de la localidad, donde el recelo y las suspicacias podían palparse en el ambiente.

Concentración en memoria de Guillermo Castillo en Cuzcurrita, dos días después de su asesinato. FOTO: María Félez.

A mediados de agosto la investigación de la Guardia Civil dio sus frutos e identificó como autores del asesinato a Antonio y Carlos, dos viejos conocidos de los cuerpos policiales por su relación casi constante con la delincuencia, si bien hasta la fecha nunca habían cometido crímenes de tal naturaleza. Veamos el perfil de cada uno de ellos.

Antonio

Antonio Daniel G. D. tiene 54 años de edad en la actualidad (53 en el momento del crimen), es de nacionalidad española y hasta su ingreso en la cárcel vivía en el barrio de La Estrella de Logroño. Consumidor habitual de drogas, cuenta con un amplio historial delictivo: en su ficha policial constan más de veinte antecedentes por robos con fuerza, robos con violencia, hurtos y diferentes ‘trapicheos’ que le han llevado a ser también un viejo conocido de la cárcel de Logroño.

FOTO: EFE/ Raquel Manzanares.

En el momento del asesinato de Guillermo, Antonio gozaba de un permiso penitenciario, tras haber sido condenado en mayo de 2020 a cuatro años y tres meses de prisión por un «robo con violencia o intimidación en casa habitada, edificio o local abierto al público», que le computará a efectos de reincidencia en el caso de resultar condenado en el ‘caso Guillermo’.  Dos meses después del crimen de Cuzcurrita atracó con un cuchillo y una pistola de balines una sucursal bancaria en la Plaza de la Iglesia de Varea. Aunque logró darse a la fuga, sus numerosos tatuajes no pasaron desapercibidos para los testigos del asalto, cuyo relato permitió a la Policía dar con él.

Dos agentes de la Guardia Civil custodian a Antonio en una reconstrucción de los hechos.

Carlos, alias ‘el portugués’

Carlos Sergio R. M., cumplirá 39 años el próximo mes de diciembre (tenía 38 el día que asesinaron a Guillermo) y desde muy joven ha alternado la delincuencia con el trabajo en el campo. Nació en Portugal, aunque desde muy niño reside en La Rioja. Al igual que sucede con Antonio, su vida está marcada por las adicciones y las detenciones a cargo de distintos cuerpos policiales. Su ficha incluye más de una veintena de antecedentes por robos con fuerza, robos con violencia, delitos de lesiones, malos tratos y delitos contra la seguridad vial, que le llevaron a prisión en el año 2015. En la fecha del crimen llevaba una pulsera de geolocalización.

Según explica su defensa -ahondaremos en su estrategia más adelante-, Carlos conocía a Guillermo porque había trabajado para él en la viña «con 14 años de edad» e, incluso, llegaron a mantener relaciones carnales con carácter esporádico. Un extremo, este último, que la hija de la víctima niega, al afirmar en una entrevista a NueveCuatroUno que «a estas dos personas -en alusión a los acusados- no las conozco de nada».

Carlos, ‘el portugués’, asiste a un registro de la Guardia Civil durante la instrucción por el crimen de Cuzcurrita.

Antonio y ‘el portugués’ se conocieron en la cárcel de Logroño en 2015 y, al salir del centro penitenciario, su relación se intensificó después de que Antonio le consiguiera un trabajo a Carlos. Desde entonces, ambos solían quedar para «echar una fumadita», es decir, para consumir droga (cocaína y heroína, fundamentalmente).

LOS HECHOS Y LAS DISTINTAS VERSIONES DE LOS MISMOS

El 1 de mayo de 2023, Guillermo fue a cenar a Miranda de Ebro junto a su hija Yolanda y un amigo de la familia. Estaban de celebración tras el éxito del ‘Tren del Tirón’, un evento turístico que atrajo a Cuzcurrita a centenares de visitantes, lo que aseguró un buen fin de semana en el negocio familiar. Tras la cena, Yolanda acompañó a Guillermo a su casa y permaneció con él «hasta las diez o diez y media de la noche», cuando «le dejó tranquilo viendo la televisión». Cuando la hija regresó a su domicilio, Guillermo cerró con llave la casa y se marchó a dormir.

Vivienda de la víctima, en la Travesía del Puente de Cuzcurrita del Río Tirón.

Mientras tanto, Carlos salía de trabajar y llamó por teléfono a Antonio para indicarle que pasaría por su domicilio de Logroño con el ánimo de «echar una fumadita». Sobre las nueve y media de la noche la pareja de acusados se dirigieron a Ladero para «pillar o comprar medio gramo de cocaína y medio gramo de heroína» en el ‘narcopiso’ de un conocido. Compraron la droga y la consumieron en la misma vivienda, pero tras ello quedaron «rebotados», es decir, con ganas de consumir más. Pero había un problema. No disponían de dinero para comprar más droga y empezaron a sentirse ansiosos. Antonio sugirió a su compañero atracar un supermercado en el barrio de La Estrella, pero Carlos le convenció para ir a Cuzcurrita y pedirle un préstamo a un viejo conocido: Guillermo Castillo.

Cuando llegaron al municipio eran las doce de la noche, Guillermo ya estaba dormido, y a partir de este momento el relato de los hechos varía en función de las diferentes estrategias jurídicas. Veamos, pues, qué sostienen sobre lo ocurrido cada una de las partes, a partir de sus conclusiones previas a la celebración del juicio.

La Fiscalía

La fiscal del caso sostiene que Antonio y Carlos aparcaron el coche en una plaza próxima al domicilio de la víctima, se bajaron del vehículo y llamaron al timbre de la vivienda. Al ver que era Carlos quien llamaba, Guillermo -que «se acababa de despertar»- abrió la puerta y los dos acusados le abordaron «con sorpresa y ventaja», propinándole «múltiples golpes en distintas partes del cuerpo, incluyendo la cabeza y el dorso».

Con Guillermo «moribundo por la brutalidad y violencia de los golpes recibidos», Carlos y Antonio le pusieron unas esposas en las manos, lo arrastraron y lo dejaron encerrado en el aseo de la planta baja» para registrar la vivienda, si bien «únicamente se llevaron el dinero que la víctima tenía en la cartera». La calificación de la fiscal explica que los acusados abandonaron el domicilio «sobre las 1:12 horas, convencidos del inminente fallecimiento de Guillermo». Una muerte que tuvo lugar «entre las 3:00 y las 7:00 horas», con la víctima engrilletada y encerrada bajo llave, a causa de un traumatismo craneoencefálico con hemorragia intracraneal.

Puerta de acceso a la vivienda de Guillermo, aún con signos del precinto policial. FOTO: Daniel Ortiz.

La Fiscalía no desarrolla qué ocurrió una vez los dos acusados acabaron con la vida del hostelero, cuestión que sí abordan algunas de las partes personadas en la causa.

La acusación particular (familia de la víctima)

El prestigioso abogado Marcos García-Montes (encargado de la defensa de Daniel Sancho por el asesinato de Edwin Arrieta en Tailandia) es el encargado de ejercer la acusación particular en nombre de los hijos de Guillermo. En su escrito de calificaciones previas sostiene que el crimen de Cuzcurrita no fue sino «un plan meticulosamente elaborado por un grupo de individuos organizados» para acabar con la vida del hostelero, aunque la instrucción del caso se cerró con solo Antonio y Carlos como acusados.

Marcos García-Montes, junto a una miembro de su bufete en Cuzcurrita. FOTO: EFE/ Raquel Manzanares.

Su tesis parte del planteamiento de que alguien, en la función de informador, avisó a Antonio y Carlos de que Guillermo se había quedado solo en su casa. Tras esa indicación, los dos acusados se dirigieron a Cuzcurrita, aparcaron el coche en la plaza y acudieron con sigilo al domicilio del hostelero.

Fue Carlos el primero en «mostrarse» ante Guillermo, «asegurándose así de que le abriría». Una vez que abrió la puerta, los dos asesinos se abalanzaron sobre el hostelero, al que Antonio «amenazó con una navaja y le colocó las esposas para inmovilizarlo», propinándole «múltiples golpes, principalmente en la cabeza, así como diversas heridas de arma blanca, que resultaron en más de 33 lesiones». Después, lo arrastraron escaleras abajo hasta un baño, «donde continuaron agrediéndolo hasta causar su muerte, para luego encerrarlo con llave». Saquearon la vivienda para hacerse con joyas y una cantidad de dinero que no precisa la acusación.

Sí relata que, una vez cometido el crimen, Antonio y Carlos volvieron al coche «sin ser vistos por nadie» y pusieron rumbo al ‘narcopiso’ de Lardero en el que habían estado consumiendo tan solo unas horas antes. Allí «se lavaron, se ducharon e incluso se cambiaron de ropa». Sobre las dos de la madrugada, Carlos dejó en su casa a Antonio, pero antes de que saliera del coche le entregó «una parte del dinero robado a Guillermo». Por último, ‘el portugués’ regresó a su casa, «donde se encargó de limpiar el coche y posibles huellas y restos».

La defensa de Antonio

En su escrito de calificación, el abogado de Antonio admite que su representado acompañó a Carlos a Cuzcurrita, aunque no participó en el asesinato de Guillermo.

En concreto, defiende que cuando ambos aparcaron el coche en la plaza próxima al domicilio del hostelero, Antonio se quedó en el vehículo y fue ‘el portugués’ quien se dirigió a la vivienda. Pasados «unos 45 minutos», Carlos se montó en el coche y volvieron a Logroño, no sin antes hacer una parada en el ‘narcopiso’ de Lardero.

La defensa de Carlos

La estrategia de defensa de Carlos inculpa directamente al otro acusado por el crimen. Lo hace mediante un escrito mucho más extenso que el de su compañero, en el que explica que, una vez aparcado el coche en la plaza, pidió a Antonio que le esperara mientras él le pedía el dinero prestado a Guillermo. No obstante, Antonio «no le hizo caso, se bajó del vehículo y fue tras mi cliente hasta la puerta del domicilio».

Guillermo abrió la puerta y expresó «hombre, Carlos ¿Qué haces aquí?», si bien «dio un paso atrás», sorprendido al percatarse de la presencia de Antonio junto a su conocido. En ese momento, Antonio apartó a Carlos de la puerta y se abalanzó sobre la víctima, comenzando a golpearle y exhibiendo una navaja. La defensa asegura que ‘el portugués’ «intentó parar la agresión, pero Antonio también hizo amago de agredirle con la navaja».

A partir de ahí, Carlos se separó de Antonio y comenzó a buscar en el segundo piso dinero y objetos de valor (admite haber robado unos pendientes de perlas y una cadena que creía de oro). Mientras tanto, Antonio se ‘ocupaba’ de Guillermo en la planta baja del edificio y en el momento de abandonar la casa a Carlos le sorprendió que había «un montón de sangre». Le preguntó a su compañero dónde estaba la víctima, a lo que Antonio -que «estaba lleno de sangre de todo el cuerpo, manos y cara, y muy nervioso»- le pidió que no se preocupara, que «estaba bien». ‘El portugués’ -siempre según esta versión de los hechos- confió en la palabra de su cómplice y dio por hecho que Guillermo estaba vivo porque Antonio «le había retenido sin más».

Cuando volvieron al coche, ambos acusados echaron «una fumadita algo apartados del pueblo» y fueron al ‘narcopiso’ de Lardero, donde «Antonio se lavó y se cambió de ropa». Después, Carlos dejó a Antonio en su casa y se fue a su vivienda de Pradillo «sobre las 5:00 o las 5:30 horas». Al día siguiente, supo que Guillermo había muerto a manos de Antonio porque su pareja le habló del hallazgo del cadáver del hostelero en Cuzcurrita. Cuando llamó a su compañero para recriminárselo, este le dijo «hombre muerto no declara».

 

Además de exculpar a su representado, la defensa de Carlos incide en su drogodependencia, refiriendo que en las cinco o seis horas en que se desarrolla el relato de los hechos los dos acusados consumieron, al menos, un gramo de cocaína y otro gramo de heroína que pudieron condicionar su consciencia y su conducta.

FOTO: EFE/ Raquel Manzanares.

LAS PENAS A LAS QUE SE ENFRENTAN

Tal que los hechos difieren de forma notable en cada una de estas versiones, la petición de penas para los dos acusados también varía considerablemente en función de la parte que las solicita. Veamos cuáles son para cada uno de los presuntos asesinos de Guillermo.

– Fiscalía:

  • Antonio: 23 años de cárcel por el asesinato con alevosía y ensañamiento, más cuatro años y nueve meses por el robo con fuerza en casa habitada y diez años de libertad vigilada (27 años y 9 meses en total).
  • Carlos:  23 años por el asesinato y cuatro años por robo con fuerza en casa habitada, más diez años de libertad vigilada (27 años en total).
  • En concepto de responsabilidad civil, una indemnización conjunta de 300.000 euros a los hijos de la víctima.

– Acusación particular:

  • Antonio: prisión permanente revisable, aplicable a tenor de la situación de vulnerabilidad de la víctima.
  • Carlos: prisión permanente revisable, aplicable a tenor de la situación de vulnerabilidad de la víctima.
  • En concepto de responsabilidad civil, una indemnización de 155.596,27 euros para la hija de Guillermo y otra con idéntico importe para su hijo.

– Defensa de Carlos:

  • Libre absolución, al negar su participación directa en los hechos.
  • Con carácter subsidiario, «y para el caso de que se termine fijando cualquier grado de autoría», la defensa indica que debería aplicarse la pena mínima por un delito de homicidio imprudente o de homicidio atenuado por drogodependencia, incidiendo en la adicción de acusado como atenuante.
  • No procede el pago de una indemnización en concepto de responsabilidad civil.

– Defensa de Antonio:

  • Libre absolución, al negar su participación directa en los hechos.
  • No procede el pago de una indemnización en concepto de responsabilidad civil.

UN JURADO POPULAR

El juicio que este lunes comienza en la Audiencia Provincial se desarrolla bajo la fórmula del jurado popular y serán, por tanto, nueve ciudadanos -elegidos de entre 21 candidatos- los responsables de fallar el veredicto sobre la inocencia o culpabilidad de los dos presuntos asesinos de Guillermo Castillo.

El pasado jueves se celebró un proceso de selección a puerta cerrada, tras el cual las partes dieron el visto bueno a la elección de cinco hombres y cuatro mujeres de entre 23 y 63 años como miembros del tribunal popular, así como de las dos suplentes a quienes se recurrirá si alguno de los elegidos no pueden participar en el proceso por una causa justificada.

FOTO: EFE/ Raquel Manzanares.

En cuanto al perfil profesional de los miembros del jurado, el Tribunal Superior de Justicia ha detallado que están representadas las labores de agricultor, carretillero, panadero-frutero, gestor de punto de venta, maestro, ama de casa, auxiliar administrativo, gestor financiero y desempleado (una de las suplentes es administrativa y la otra, autónoma).

Durante las sesiones del juicio, los miembros del jurado tienen derecho a plantear al magistrado cualquier cuestión que consideren relevante, a fin de que los testigos las aclaren. Tras atender todas y cada una de las declaraciones de las personas llamadas a arrojar luz sobre lo ocurrido en Cuzcurrita, al tribunal popular se le entregará un objeto del veredicto, con el que deberán argumentar a favor o en contra de todos los puntos incorporados. Mientras se produce la deliberación, los miembros del tribunal permanecen completamente aislados del exterior, sin posibilidad de acudir a sus casas ni comunicarse con sus familiares o allegados, hasta fallar sobre la culpabilidad de los acusados en el asesinato.

MÁS DE DOS SEMANAS DE JUICIO

La gravedad de los hechos que se juzgan y la complejidad de la instrucción policial convierten al crimen de Cuzcurrita en uno de los procedimientos que más se extenderá en el calendario de cuantos se han celebrado en la Audiencia Provincial de La Rioja. Serán, en total, doce sesiones que se desarrollarán entre el 4 y el 19 de noviembre, en las que prestarán declaración casi ochenta personas, entre los propios acusados, testigos (algunos de ellos, protegidos), agentes de la Guardia Civil, peritos y médicos forenses que han participado en la investigación del caso.

Entre las jornadas más interesantes del calendario de sesiones destaca la primera de ellas (4 de noviembre), en la que podrían declarar -les asiste el derecho a no hacerlo- los dos presuntos asesinos de Guillermo. También se presuponen intensas las declaraciones de los hijos de la víctima (Yolanda lo hará en la segunda jornada y Sergio en la cuarta), además de la exposición de los hechos a cargo de los responsables de la instrucción.

Imagen de archivo de una vista en la Audiencia Provincial de La Rioja. FOTO: EFE/Raquel Manzanares.

Si las sesiones avanzan según lo previsto, los miembros del jurado popular recibirán el objeto del veredicto el 19 de noviembre a las 10:30 horas, como último paso previo a su aislamiento para deliberar. Una vez alcancen un consenso -no debe ser obligatoriamente por unanimidad-, redactarán el veredicto y, en función de su contenido, las partes pueden replantear sus peticiones de penas para los acusados.

Con todo ese material, el magistrado emitirá la sentencia que recoja la verdad judicial (consecuencia lógica de las pruebas practicadas durante el procedimiento), que no siempre coincide con la verdad material, esto es, lo que realmente ocurrió en domicilio de Guillermo en la madrugada de aquel 2 de mayo de 2023 que está ya marcado como uno de los días más tristes que se recuerdan en La Rioja.

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