El análisis que se hace de esta vendimia tan escasa, con unos 276 millones de kilos recogido en el conjunto de la denominación, también tiene su enfoque positivo mirado desde el paraguas global de Rioja. En un contexto de crisis mundial del consumo de vino en la que esta región lleva varios años produciendo más de lo que es capaz de vender y acumulando existencias en sus depósitos, se agradece que la añada venga corta. Una bajada producida de manera natural (por aquello de la poca fertilidad que ha habido y las inclemencias meteorológicas que han venido después) que se suma así a los kilos retirados del campo con la cosecha en verde (6.643 hectáreas concedidas este 2024, lo que supondrían unos 40 millones de kilos).
«La producción de uva de esta campaña supondrán en números redondos unos 190 millones de litros. Nuestra comercialización actualmente está en torno a los 235 millones de litros, por lo que el mordisco ya es importante. Luego, las dos partidas de ayudas de cosecha en verde y destilación han supuesto una reducción importante, así que el déficit es notable y eso va a ayudar directamente a bajar las existencias, lo que también debiera repercutir en un reequilibrio de los precios para los viticultores», asegura. Así, a trazo grueso y a falta de conocer cifras del año en detalle como litros desamparados, saldrían de las bodegas de Rioja 45 millones de litros más de los que van a entrar.
Esta merma, en cambio, no se ve de manera tan favorable en el caso de las uvas blancas. De esos 276 millones de kilos vendimiados, tan solo 39 corresponden a variedades blancas. «Una cifra preocupante que puede provocar más tensión entre las bodegas dadas las tendencias de consumo actuales más enfocadas a este tipo de vinos. Es tradición, además, que parte de las uvas blancas se empleen para hacer tinto de cara a las maceraciones carbónicas, así como que otra partida vaya a parar a los rosados, así que habrá que ver qué destino tiene finalmente esa producción blanca».
«Rioja está demostrando que es muy fuerte en los blancos -es ya la segunda denominación de España en este tipo de vinos- con un estilo donde se vea más marcado el volumen, vinos con más estructura. Tiene unas variedades únicas entre las que destaca la viura, por su gran potencial de envejecimiento y eso es brillante a la hora de competir, pero nuestra gama de blancas va más allá con un sinfín de tipos de uva que nos da una paleta de alternativas increíble para crear, Maturana Blanca, Garnacha Blanca dos variedades de un fantástico pH que otorga mucha frescura a los vinos y si bien no son muy exuberantes en intensidad de aromas si lo son en complejidad, Tempranillo Blanco que destaca por su plasticidad y ser un gran comodín para adaptarse a un sinfín de estilos de vino.

Pablo Franco, en la sede del Consejo Regulador de la DOCa Rioja. | Foto: Leire Díez
Otras regiones consideradas como las grandes zonas para blancos tienen una variedad reina y luego otras tres o cuatro más que la acompañan, pero aquí tenemos un abanico muy amplio con definición y características propias. Es posible que no nos interese competir en intensidad aromática porque quizá otras variedades en otras zonas pudieran destacan más, así que creo que Rioja debe apostar por la complejidad aromática y el volumen en boca. Además, ahora el incremento de ventas de vinos blancos de Rioja ya no está creciendo al mismo ritmo, sino que se ha estabilizado más por lo que hay que reflexionar sobre nuestra posición y hacia dónde queremos encaminarnos. Creo que más que crecer en número de ventas, hay que crecer en vender mejores vinos y movernos en nichos donde se puedan vender blancos de valor», resalta Franco.
Otro de los efectos de esta caída de la producción es el repunte que se espera para los precios de los graneles. Las operaciones para los vinos de esta añada empezarán en las próximas semanas, pero entendemos que se hablará de mejores precios que la pasada campaña sencillamente por la merma productiva. En el caso particular de los blancos es posible prever un importante aumento, es más incluso ya se están escuchando precios por encima de 21 y 22 euros la cántara y del entorno de 24 euros (sobre 1,40 – 1,60 euros por litro) motivados por la gran demanda que van a tener. Para los tintos, en cambio, va a haber más disparidad y es que se va a diferenciar mucho por calidades y aquellos vinos que destaquen más cualitativamente podrán llegar a pagarse a precios más altos, siendo una cifra interesante empezar a hablar de unos 18 euros la cántara (entre 1,10 y 1,12 euros por litro). «Aunque ese incremento y diferenciación debería llegar también a la uva y ese es el gran trabajo de Rioja», apunta el director técnico del Consejo Regulador.
El camino «sano» para Rioja
Pablo Franco observa esos cerca de 276 millones de kilos de uva de esta campaña y tiene claro que podría ser un buen punto de partida para las próximas vendimias y que así se lograra ese equilibrio en las ventas. «Esta producción es cierto que puede ser muy tensionada, aunque no estaría del todo mal si se repitiera durante unos años más. Luego, la producción ideal para Rioja sería elaborar unos 230 o 235 millones de litros anuales pero, eso sí, vendiendo la uva a un euros el kilo. Creo que ese es el camino sano para la denominación, el camino en el que el agricultor y la bodega podrían vivir en equilibrio. Pero ahora las rentabilidades para el agricultor son bajas y eso supone un riesgo para el cultivo porque a los precios que se está pagando la uva el productor no puede dedicarle los mismos recursos a sus viñas, y si queremos una viticultura sana eso implica una rentabilidad. Los agricultores son los que mejor uva pueden producir en relación calidad-precio, por eso creo que hay que hacer una reflexión y mirar por la protección de la figura del viticultor», valora.
El director técnico tiene claro que «Rioja gestiona mejor la escasez que la abundancia y así lo ha demostrado a lo largo de su historia», por lo que se muestra partidario de seguir trabajando en un escenario de contención de la producción . Y aunque confía en que se alcanzará esa situación de equilibrio con las ventas, insiste en la clave: «Para que el agricultor tenga buenas uvas tiene que tener una retribución para poder vivir, algo que a día de hoy está complicado. Y lo peor es el desánimo, porque al final se empobrece la cadena de valor que nace en la uva, y si la uva no está bien porque el agricultor no puede producirla de esa forma, todo lo que venga después va a ir a peor. Y sin buen producto no se puede vender bien».


