El Rioja

Pablo Franco: «Las zonas altas y frías son las que mejor han respondido»

Pablo Franco analiza en profundidad el desarrollo y expectativas de esta cosecha 2024

Pablo Franco, en la sede del Consejo Regulador de la DOCa Rioja. | Foto: Leire Díez

Quedan los últimos coletazos de la vendimia, algún que otro remolque que ya va cargando esas uvas rezagadas en las zonas límite de Rioja, donde la altura y el buen aire que corre ahí arriba han sido claves para su buena maduración en tiempo y forma. Quedarán unas «doce o quince bodegas» por concluir y así por fin cerrar definitivamente esta cosecha que quedará para el recuerdo por su escasa cantidad. A fecha de este miércoles se habían recepcionado 276,15 millones de kilos de uva (frente a los 384 de 2023 o los 409 recogido en 2022). Pero también se recordarán sus complicaciones, sobrevenidas especialmente por las continuas lluvias que han acompañado en las jornadas de faena, interrumpiendo la campaña en varias ocasiones.

Bien podría calificarse esta como la vendimia de los luchadores porque entre unos y otros se ha buscado la manera de salvar la mayor cantidad de uva posible y en las mejores condiciones posibles. Un reto que no ha sido cosa sencilla y que ha dejado mejores y peores resultados en función de las zonas de producción. El director técnico del Consejo Regulador de la DOCa, Pablo Franco, analiza en profundidad las claves que han marcado el desarrollo de la vendimia y asiste con inquietud y expectación a lo que resultara de la misma.

– De esos casi 276 millones de kilos vendimiados, ¿cuánto se estima que quedará amparado?

– Todavía no tenemos el dato exacto, pero si hay que hacer una estimación, yo creo que rondará en torno al millón de kilos menos, por lo que prácticamente la totalidad se va a amparar. Hay que tener en cuenta que ha sido una cosecha muy justa viendo la situación de las cartillas de los viticultores, las cuales muchas no se han cubierto y otras han quedado incluso muy lejos de hacerlo. Nada que ver a lo que ocurre otros años en los que los kilos descalificados son muchos más. En 2023 se recogieron 384 millones de kilos y finalmente se ampararon 377 millones.

– Ya se sabía que la añada venía escasa. ¿Ha sorprendido que el cómputo final sea tan corto en kilos?

– No nos debe sorprender, aunque sí llama la atención. Partimos de que ha habido una fertilidad mucho menor que el año pasado, cuando hubo un porcentaje de 1,4 y ahora hemos tenido una fertilidad de 1,11. Esto quiere que el número de racimos que hemos tenido en una hectárea es menor. Luego, además, en el momento de la floración hubo unas condiciones climáticas delicadas que dejaron un cuajado irregular. Así que, aparte de que tener menos racimos por cepa, los racimos también iban a tener menos uva. Estos son los dos factores que más han incidido en la producción y que ya nos colocaban de salida en una cosecha más baja. Hay que sumar también las zonas donde ha habido heladas y las que han sufrido tormentas de granizo a lo largo de la primavera. Todo esto va mermando el viñedo.

Vendimia el pasado mes de septiembre en Viana. | Foto: Leire Díez

– Venía poca uva en el conjunto de la región y pese a ello se han enviado nuevos avisos para regular la producción en determinadas parcelas.<

– Nuestras controles de expectativas de producción reflejaban que había regiones o zonas que sí tenían una carga productiva mayor y es ahí donde hemos incidido para provocar una descarga de uvas. No hay más que ver que esas zonas que recibieron dicho aviso han tardado mucho más en vendimiar, aunque también eso ha podido estar provocado porque no alcanzaban los parámetros madurativos necesarios. Al final lo relevante y en lo que siempre hacemos hincapié es en tener un viñedo equilibrado y eso no pasa por sumar los kilos que traiga cada viña y jugar con ese total. La producción cualitativa parte porque cada parcela recoja su uva. Si pensamos en calidad, pensamos en un vigor contenido y en equilibrio, pero si tú tienes que despuntar tu viña tres veces haces que el viñedo sea vigoroso y entonces no esté equilibrado. Esas viñas que no se despuntan van a traer 4.000 o 5.000 kilos por hectárea y es es una calidad brillante frente a otras que durante la maduración sigue creciendo en vez de estar en parada.  Pero claro, hay que tener en cuenta que hay viñedos donde el dominio del agua es mayor y con los que se juega a tener una producción un poco más alta. Pues esos viñedos pueden acabar teniendo una maduración peor y más lenta porque esa mayor carga demanda más horas de luz y este año, por ejemplo, no hemos tenido tantas, con días nublados y lluvias. Por eso también este año hemos visto un solapamiento de la vendimia en los diferentes territorios de Rioja. Había zonas de Rioja Alta que habían terminado y otros en Rioja Oriental que aún estaban cogiendo uva.

Vendimia a principios de octubre en Badarán. | Foto: Leire Díez

– Vendimia dispar se mire por donde se mire. ¿Alguna zona que haya salido ilesa de esta revuelta cosecha?

– Lo que más destaca es la uva que está entrando de zonas altas y frías, zonas de secano donde ha habido menos precipitaciones, zonas donde se practica una viticultura más tradicional. Esas son las que mejor han aguantado y las que mejor están respondiendo. Por ejemplo, hace unos tres días entró una uva de la zona de Aguilar del Río Alhama que llegó perfecta y nos llama mucho la atención lo bien que se han comportado estas zonas más altas de Rioja Oriental. Lo que está claro es que ha sido una vendimia con una gran diferenciación entre los territorios.

– ¿Qué problemas se han visto al final del ciclo?

– Está claro que la alta presión marcada por la botritis ha sido el gran problema y a veces ha sido complicado sostener y mantener. Creo que ha sido un año para aprender y saber gestionar la situación conforme iban desarrollándose los acontecimientos. Cuando se aplicó el último tratamiento en la viña se hizo con previendo una situación normal, pero con las lluvias algunos productores volvieron a aplicar productos con residuo cero para combatir la botritis. Una gestión, por tanto, que ha ido variando poco a poco, por eso hay que destacar la capacidad de adaptación. Hay productores incluso que nunca han vendido con máquina y este año han tenido que dar el paso para primar el estado sanitario y asegurarse que la uva no estuviera ablandada ni con alteraciones. Ha tocado agudizar el ingenio atendiendo también a la gestión de los medios, tanto de personal de cuadrillas, como de máquinas como de contenedores. Ha sido un año complicado para controlar toda esa logística.

– ¿Cuál es el análisis positivo que se saca de la uva de 2024?

– Atendiendo a los boletines de maduración que se han ido publicando, hemos visto muy buena madurez fenólica. Hemos tenido valores mucho más altos que los de la pasada campaña en cuanto a aromas y color y ahí también han sido claves las dos semanas de frío que hemos tenido esta vendimia, con noche por debajo de los 10 grados, y siempre decimos que para tener una uva buena tiene que pasar el frío por ella. Nada que ver a lo que ocurrió en 2023 cuando hizo bochorno. Este año vemos que la uva tiene sabor, tiene una acidez equilibrada y un buen pH. Tanto los valores fisicoquímicos como fenológicos son muy positivos.

Pablo Franco, en la sede del Consejo Regulador de la DOCa Rioja. | Foto: Leire Díez

– ¿Qué vinos cree que van a resultar de esta añada tan compleja?

– Mantengo la idea de que es un año en el que la diversidad de Rioja está muy marcada. Sabemos que cuanto más complicados son los años más diferenciación tenemos entre la zona, y eso al final te da una riqueza y un valor. Va a haber vinos con un perfil más medio, más normal, y otros que van a tener una calidad extraordinaria porque es que la uva que ha entrado estas últimas dos semanas, especialmente de las zonas altas, es espectacular, con unas uvas que polifenólicamente son brillantes. Yo ya tengo inquietud y nervios por empezar a probar los vinos, empezar a ver cómo ha sido la vendimia porque se ha cogido uva en agosto incluso de tinto, antes de las lluvias, pero la mayor parte se ha cogido después, tras las lluvias. Así que esa personalidad que van a mostrar los vinos va a estar muy vinculada al tipo de viñedo. Ahora lo que tenemos que ver es cómo se desarrollan las fermentaciones y, a priori, no se está comentado nada de que hay paradas de fermentación, lo cual ya es importante. Al final este tipo de problemas pueden aparecer si se ha hecho un tratamiento fuera de los plazos de seguridad que afecte luego a la concentración alcohólica, porque si esta es alta puede dificultar luego las fermentaciones.

– ¿Cómo ha trabajado la inteligencia artificial en el control del viñedo este año?

– No deja de ser una herramienta que se valida año a año con lo que sucede. La inteligencia artificial de por sí no sabe lo que es un helada, sino que nota algo en el análisis de datos que hace de la parcela y son los técnicos quienes tienen que traducir qué es eso que ha detectado el sistema, sea una helada o cualquier otra alteración. Actualmente tenemos un grado de acierto, de efectividad, de un 91 por ciento que supone una desviación de menos de 1.000 kilos por hectárea en global. Pero en el rango en el que trabajamos nosotros que es de entre 5.000 y 8.000 kilos la desviación es de menos de 500 kilos. Seguimos aprendiendo y trabajando para poder registrar todas las incidencias que vamos encontrando porque hemos aprendido que la cubierta vegetal afecta de una manera y que los despuntes afectan de otra por ejemplo. La fuerza que le da la inteligencia artificial al Consejo Regulador no es para mandar tirar uvas sino que sirve para dotar y tomar decisiones. Y queremos que el siguiente paso sea que el propio agricultor haga uso de esta herramienta para tener la información, por ejemplo, de la cosecha estimada en sus parcelas a través de mapas de producción. Creo que muchas veces los agricultores tampoco son conocedores ciertamente de la uva que tienen en sus viñas y esto les va a permitir valorarla y trabajar en base a ello.

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