Nos pasamos la vida poniendo etiquetas para facilitar nuestro día a día y no vagar perdidos por el mundo. Lo mismo da para las relaciones que para las decisiones. Y en este momento de polarización política, todo pasa por el prisma de la izquierda y la derecha, aunque siempre se nos olvide poner el intermitente a la hora de girar el volante. Hasta en el Parlamento de La Rioja han empezado a llamarse “fascistas” y “comunistas” entre los diputados de IU y Vox como si sus ciudadanos estuvieran preocupados por los debates ideológicos en vez de por el precio de la vivienda, la cesta de la compra o los cambios en las calles que está provocando el turismo.
Bajo el prisma de la izquierda y la derecha, decíamos, hemos teñido cualquier momento de nuestra vida de rojo y azul. ¿Vas a los toros? ¡Facha! ¿Consumes alimentos ecológicos o biodinámicos? ¡Rojo! ¿Tienes seguro médico privado aunque te gustaría que la sanidad pública tuviera más inversión? ¡Rojo de pacotilla! ¿Subes el precio del alquiler a tu inquilino porque el mercado lo asume? ¡Liberal egoísta! Y así, con todo, incluso en la forma en la que nos desplazamos. ¿Vas en bici a trabajar? ¡Perroflauta! Lo suyo es ir con tu SUV a todo trapo por el centro de la ciudad esquivando niños, ancianos, contenedores, patinetes y furgonetas de Amazon.
En Logroño estamos de suerte. Bajo esa perspectiva, ahora que tenemos un gobierno neoestoico y un ayuntamiento conservador, la diversión está asegurada para todos esos rojazos que quieren moverse cada día en bicicleta (excluimos aquí a los globeros de domingo con bicis de 3.000 euros). Sin hacer apenas cuatro kilómetros sobre dos ruedas podemos ir por un carril bici con pendientes que ya quisiera el Tourmalet, aunque este termina en un descampado para dejar sin conexión ciclista a la capital riojana con Lardero y hacer la aventura aún más apasionante. ¡A gozar a primera hora haciendo rutas cual Carlos Coloma!

Conocido hace unas semanas el nuevo puerto ‘hors categorie’ que nos ha regalado el Gobierno, el alcalde de Logroño se ha propuesto ahora subir la apuesta y ha inventado el primer carril bici en el que los ciclistas deberán bajarse de la bici “en algunos momentos” porque les será imposible esquivar terrazas, paseantes (recordemos que la calle es peatonal) y despedidas de soltero. Ideaca. Una vez que te bajas del sillín y echas el pie a tierra, con el ambientazo que hay ahora en la calle Bretón de los Herreros, ¿a quién no le va a apetecer echarse un vinito o entrar a bailotear la última de Shakira? Para inconexas, sus letras y no la infraestructura ciclista de la ciudad.
Un carril bici para ir andando, pero con avituallamientos. ¿Cómo no se nos había ocurrido antes? Lo podíamos haber llamado calle peatona… bueno, es igual. En el fondo de todo esto subyace la amenaza de perder los fondos europeos que se otorgaron a la anterior corporación para darle una vuelta a la movilidad de Logroño como un calcetín y el intento de contentar a cualquier voz crítica que surja cuando se presentan los proyectos. ¿Quién se queja ahora de la reforma de República Argentina? ¿Cuántas voces hay en contra en este momento de la modificación de la calle Marqués de Murrieta? ¿Ha llegado el fin del mundo a la calle Duquesa de la Victoria con los cambios “provisionales” que luego se harían definitivos? ¿Quién insiste en que el nudo de Vara de Rey tenía que mantener su túnel en vez de su aspecto actual?
La promesa electoral de suprimir el carril bici en Avenida de Portugal y su posterior eliminación fueron suficientes para contentar a aquellos que pedían más y más coche en la ciudad, ya que el resto de cambios, con el tiempo, han sido asumidos como normales porque, en el fondo, todos sabemos que el tráfico en Logroño es un asunto a corregir. No somos ni un pueblo para aparcar en cualquier sitio y en doble fila como nos dé la gana ni una gran ciudad para tener grandes vías en las que circular a toda pastilla porque no llegamos a dejar al nene en el colegio.
No debe enredarse el Ayuntamiento en hacer cosas en las que realmente no cree, como ya demostró al eliminar la conexión mediante un nuevo puente con el polígono Cantabria por la A-13. La partida ya la tiene ganada con lo hecho nada más llegar a la Alcaldía y ahora sólo tiene que (intentar) no estropearlo. La mayoría no está pidiendo que siga ampliando el proyecto de movilidad, pero bastan un par de malas decisiones para volver a poner el foco en el sindiós de circulación que tenemos.


