Sufrimiento, resignación, tristeza o incomprensión son palabras que, de una forma u otra, siempre irán ligadas a la crisis generada por el COVID-19. Un trance que ha hecho mella en todos los sectores de la sociedad, entre ellos el del taxi, pero que se recrudece si, además, existen brechas internas.
Logroño cuenta actualmente con una flota de 95 vehículos, «pero parece que no todos tenemos los mismos derechos», afirma Ricardo Sedano, taxista en la ciudad. El sector gira en torno a tres nombres en la capital: ATRIO, Atalogrocam y Unitaxi Rioja. Las dos primeras son asociaciones, mientras que la tercera es una sociedad mercantil.
Sedano representa a Atalogrocam y «quiero que los logroñeses sepan cómo está realmente este sector». Sedano advierte que Unitaxi «es una empresa privada al margen de los taxis públicos de Logroño. Sabemos que luchamos contra Goliat pero no nos vamos a rendir. Contra el COVID-19 no se puede combatir y no nos queda más remedio que aguantar y sobrevivir como podamos, pero contra la discriminación sí».

La creación de esta sociedad persigue llegar hasta las Administraciones para «denunciar algunas irregularidades que estamos viendo a nuestro alrededor». Javier Vallilengua, presidente de la asociación ATRIO y de la empresa Unitaxi, señalaba a NueveCuatroUno días atrás que estaban trabajando en el eje Lardero-Villamediana-Logroño con el fin de que los taxis de estos municipios pudieran colaborar y trabajar en las tres localidades, pero «eso es competencia desleal», responde Sedano.
«Yo soy soy adjudicatario de una licencia a concurso que me costó 90.000 euros y tuve que cumplir unos requisitos que el Ayuntamiento me exigió para poder ser taxista de Logroño. La normativa nacional del taxi bien claro lo dice: solo y exclusivamente podemos recoger en el municipio de la licencia», argumenta.
Además, el portavoz de Atalogrocam explica que el egoísmo de Unitaxi está perjudicando al servicio de taxis de la capital riojana. «Prácticamente todas las ciudades cuentan con vehículos de siete plazas para dar servicios a familias o grupos numerosos, pero ATRIO se niega a solicitar este tipo de coche. ¿Por qué? Porque, como empresa, le conviene más mandar a dos taxis que dar un buen servicio facilitando el transporte a la gente». Sedano recuerda que, en situación normal, sin COVID, La Rioja es una comunidad con mucho enoturismo, «y hay muchas familias o matrimonios que desde Logroño quieren visitar bodegas de fuera y tienen que coger dos taxis y pagar el doble. Cuando lo que tenía que importar es la comodidad del usuario».

Desde Atalogrocam «hemos solicitado al Ayuntamiento que amplíe el número de plazas de los vehículos de las cinco actuales a siete, para que todo aquel que quiera un coche con más de cuatro plazas pueda tenerlo y que todo taxi que se adquiera con más de cinco plazas se pueda utilizar también para personas con movilidad reducida. Cuantos más vehículos de este tipo, mejores servicios vamos a dar a los usuarios». Sedano hace hincapié en la idea de que «no lo estoy pidiendo para mí, sino para todos los taxistas por igual».
Otra de las medidas que la asociación ha pedido al Consistorio es que controlen la «especulación de licencias». «En Logroño se están transfiriendo algunas de taxistas jubilados por cantidades abusivas. El Ayuntamiento debería marcar un precio máximo y justo para que esto no siga sucediendo», defiende.
Las llamadas
A día de hoy, la mayoría de taxistas de la ciudad forman parte de la empresa Unitaxi y «si los demás queremos formar parte de ella se nos pide una cantidad impagable para que cuando llamen a Radio Taxi me puedan pasar el servicio a mí también. Tienen derecho como sociedad mercantil a pedir lo que quieran, pero no es justo. Esto el Ayuntamiento lo tenía que prohibir, pero se lo llevan permitiendo durante 30 años».
Asimismo, desde Atalogrocam, exigen que «los teléfonos de la sociedad limitada desaparezcan de las páginas del Ayuntamiento y de las paradas de taxi. ¿Por qué yo no puedo poner mi número en los estacionamientos o en su web? ¿No somos trabajadores como ellos? Estamos en las paradas currando igual que ellos, con la diferencia de que nosotros a nuestros clientes nos los tenemos que ganar, porque nadie nos da un aviso por radio».

Otra distinción que Ricardo Sedano considera irregular es el diseño de los coches: «La Ley deja muy claro que los taxis tenemos que llevar una banda cruzada en diagonal, pero la gran mayoría lleva un escudo. ¿Por qué? ¿Son más que nadie? Aquí hay una normativa que cumplir y es para todos».
Por último, Atalogrocam apunta que desde ATRIO se demanda la denominada ‘licencia cero’ (vehículos alternativos para los trabajadores que, por avería, no puedan contar con su taxi y puedan disponer de un coche mientras dure la reparación), con la que están de acuerdo, aunque se preguntan «¿quién la va a administrar? ¿El Ayuntamiento? ¿ATRIO? ¿Atalogrocam? ¿Unitaxi?».
«Discriminación e injusticia» resumen el sentir de estos taxistas, que no pertenecen a la empresa Unitaxi y que «nos ganamos la vida igual que ellos». Lo que pedimos no es ni mucho menos para nosotros, sino para todos, para que los 95 compañeros que estamos seamos exactamente iguales. Queremos que trabajemos como hermanos y no como enemigos. Esto no es Madrid y para 95 taxis que somos…, vamos a caminar de la mano», concluye.


