Con más de 2.000 equipos distribuidos en todo el mundo, el sistema Osiris ha demostrado que es el mejor aliado para elaborar vinos de calidad. No tiene nada que ver con el dios egipcio. O sí. La mitología nos ha contado que este fue el inventor de la agricultura y la religión. Símbolo de la fertilidad, también era el dios de los muertos y la resurrección. Casi nada. Pero no hablamos ahora de dioses ni reyes sino de tecnología aplicada al vino.
Osiris es un producto nacido en Logroño que utiliza el propio gas carbónico generado durante la fermentación del vino para romper el sombrero y mezclar todo el contenido del depósito. «Gracias a esta acción, se aumenta la extracción de IPT’s y se reducen en gran medida los tiempos de trabajo en la bodega», cuentan desde la empresa Maheri.
Lo cuenta, por ejemplo, Alfredo Bernáldez. En Bodegas Alvia llevan tiempo utilizándolo. Primero con una turbina y después con dos. «Las ventajas de este producto son el tiempo de remontado. Antes, para remover y romper el sombrero, necesitábamos hacer delestage o estar con bombas durante veinticinco minutos remontando líquido y bajando el sombrero», relata. Ahora, con Osiris, en depósitos de 10.000 o 15.000 kilos rompen el sombrero en uno o dos minutos.
«Con Osiris vemos que salen vinos más redondos y con más estructura. No metemos nada de oxígeno. Es todo CO2», explica, poniendo el acento en que el tiempo de remontado es mucho más rentable. «Si tuviésemos que estar remontando todos los depósitos con una bomba tardaríamos seis o siete horas. Ahora, con 25-30 minutos podemos remontarlos».

Por último, destaca que el mismo CO2, al romper el sombrero, le da más redondez, estructura y en los parámetros analíticos detectan que saca más intensidad colorante y un mayor índice de polifenoles totales (IPT).


