Los viticultores riojanos miran a la vendimia 2020 con incertidumbre. Mientras la espergura ya ha comenzado en numerosas zonas de la región, en muchos casos, con el evidente problema de la falta de personal, ahora la inquietud se fija en el precio de la uva, aunque nadie quiere hablar de ‘desplome’. Lejos de alarmar, las Organizaciones Profesionales Agrarias de La Rioja (OPA) inciden en la importancia de transmitir «tranquilidad entre el sector», a pesar de que la situación es «evidentemente complicada».
«Prescindir de las uvas de los viticultores es la última de las opciones. Antes tenemos que emplear otras herramientas que ayuden a reducir los efectos negativos», apunta el responsable vitivinícola de UAGR-COAG, José Luis Pisón. En este sentido, las medidas que están sobre la mesa recaen en acogerse a las ayudas de la Organización Común de Mercados (OCM) y «aprovechar sus fondos destinados a la promoción para terceros países que no se han gastado en paliar la crisis del sector vitivinícola».
Hacer la vendimia en verde, es decir, tirar un 15 por ciento de la producción en todas las parcelas cuyos costes serán compensados, y la destilación de crisis, centrada en destinar parte del vino al que las bodegas no van a poder dar salida en el uso de alcohol de boca o como producto desinfectante son algunas de las medidas que se han expuesto al Ministerio de Agricultura para que rioja pueda acogerse a ellas. Unas propuestas que «no son las mejores pero que buscan paliar los efectos negativos», señala Pisón.
Por el momento, esa merma en el precio de la uva «es difícil de estimar porque todavía hay que observar cómo evoluciona la epidemia y, en consecuencia, el mercado». Así lo consideran desde ARAG-ASAJA, apuntando que es «prematuro» hablar de una bajada de precios, aunque lo que sí es ya tangible es «la caída de ventas». Su secretario general, Igor Fonseca, recalca que lo que toca ahora es «prevenir la caída de ventas con este tipo de medidas para evitar así unos precios de la uva por los suelos».
Asimismo, la ayuda al almacenamiento privado para las bodegas es otra opción que puede favorecer la recuperación del precio en el mercado, tal como apunta el secretario general. «Las bodegas que así lo decidan podrían guardar parte de su vino durante unos meses, recibiendo un pago de compensación por dicho almacenamiento. Una actuación que ya se hace en la industria porcina, para la mantequilla y la leche desnatada en polvo. El mercado de ovino-caprino también la ha solicitado», señala.
«Un trabajo colectivo para minimizar riesgos»
Fonseca asegura que algunas bodegas y operadores ya han contactado con los agricultores proveedores, normalmente con una relación comercial muy reciente, para transmitir decisiones similares a la tomada por la Bodega Marqués de Cáceres que ha hecho saltar las alarmas entre el sector: «Creemos que es una medida lógica avisar de la situación a los viticultores, pero nos preocupa las consecuencias económicas que estos puedan percibir». Sin embargo, no cree que la situación se generalice en Rioja porque «hay que procurar tener una vendimia lo más tranquila posible a pesar de que los rendimientos sean menores».
Por su parte, el secretario general de UPA La Rioja, Tomás Latasa, también espera que esa decisión particular, «que también ha llegado a viticultores de la DO Rueda clientes de dicha bodega», no se convierta en un «efecto dominó, porque podría perjudicar a la marca Rioja». Para ello, Latasa defiende un trabajo colectivo en base a las medidas de regulación anteriormente mencionadas: «El sacrificio debe ser común, compartido entre viticultores y bodegueros para, al menos, mantener un nivel que asegure un renta por hectárea».


