La Rioja

El drama de la mujer rural: la violencia de género es cuatro veces mayor

Miedo al qué dirán, miedo a ser señaladas, miedo al rechazo o a quedarse solas, miedo a no saber dónde ir. Esto es lo que sienten la mayoría de las mujeres que sufren violencia de género en el mundo rural.

El maltrato se ensaña con mayor dureza con las mujeres «del campo», que tienen menos medios específicos para encararlo. Además, nadie quiere meterse en los problemas de una familia del pueblo, todos se conocen y, en muchos casos, son familia. Situación que provoca el silencio, la sumisión o la aceptación de gestos o formas de actuar habituales que no tienen porqué serlo.

Desde la Federación de Asociaciones de Mujeres Rurales (FADEMUR), se lleva a cabo una continua lucha por alcanzar la igualdad y el progreso de las mujeres que viven y trabajan en el medio rural. «La violencia de género sigue siendo una lacra y, en los pueblos, las mujeres estamos más aisladas y somos más vulnerables», cuenta Mila Díez, presidenta de Fademur La Rioja.

Si se tiene en cuenta que en las zonas rurales vive el veinte por ciento de la población española, según las estadísticas, la incidencia de la violencia es hasta cuatro veces superior a la que se registra en el ámbito urbano. Según datos del Informe del Observatorio Estatal de Violencia sobre la Mujer «el 48,3 por ciento de las mujeres asesinadas eran de entornos de menos de 50.000 habitantes».

Mila Díez recalca que «no es que nuestros pueblos sean más machistas que las ciudades, pero estamos más desamparados por el espacio y la falta de información y herramientas. En los pueblos viven mujeres que, por edad o por lo que sea, no pueden moverse o acudir a actos informativos o incluso a lugares donde puedan socorrerlas».

A veces, la distancia que tienen que cubrir estas mujeres hasta llegar a un cuartel es insalvable, o bien porque cada vez hay menos cuarteles de la Guardia Civil y están cada vez peor comunicados, o bien porque no cuentan con los recursos necesarios para llegar. «‘¿Qué coche cojo?’ me dicen algunas mujeres, ‘el único que hay es el de mi marido. ‘¿Me lo llevo y volvemos a tenerla o le digo que me acompañe a denunciarle?’».

Las tres patas de la dependencia

La presidenta de Fademur en La Rioja señala que actualmente existe una triple dependencia en el ámbito rural: «Primero, una física, debido al aislamiento que sufren, sobre todo en localidades reducidas y perdidas; la psicológica, por la falta, muchas veces absoluta, de redes personales y sociales; y la tercera y fundamental, la económica».

Según las cifras de la Unión de Pequeños Agricultores y Ganaderos (UPA), la diferencia entre la independencia económica de las mujeres del entorno rural respecto a las mujeres de las ciudades es abismal. La tasa de paro es del 42,8 por ciento para las primeras frente al 16,22 por ciento en el conjunto del país.

La independencia es clave a la hora de actuar. El hecho de estar parada, de ser ama de casa, genera miedo e impotencia. «Una mujer con trabajo y autonomía económica claro que puede tener un problema de violencia de género, pero a nivel de espíritu o autonomía personal, las soluciones son diferentes. Con un empleo y un colchón económico puedes proponerte salir de esa casa. Sin dinero, ¿dónde vas?».

Por este motivo, Fademur hace hincapié en la titularidad compartida. «Hay mucha gente, sobre todo mayor, que ha trabajado toda su vida en el campo, pero nunca ha estado visible en el papeleo, por lo que carece de derechos propios. Es más, en ocasiones son las propias mujeres las propietarias de las tierras, por herencias, pero el que realmente figura en la cartilla del banco es el hombre».

En los ámbitos del viñedo, por ejemplo, «los papeles se gestionan a través del titular de la casa que, normalmente, es el que está dado de alta en la Seguridad Social, el que cuenta con prestaciones sociales, por ello es importantísimo que las mujeres, sobre todo las jóvenes que deciden quedarse a vivir en los pueblos, puedan decidir que esas explotaciones tengan dos titulares».

Para Mila Díez la solución pasa por cultivar la igualdad en el trabajo y en las oportunidades de estas mujeres, dándole al entorno rural un enfoque dinámico y activo que permita llevar a cabo sinergias. Ademas, «que las instituciones se comprometan a tratar el aislamiento en el que vivimos que solo agrava nuestra dependencia».

¿Quieres recibir a primera hora del día toda la información de La Rioja en tu e-mail?

* campo obligatorio
To Top