El Navarra Arena ha rugido en azul para ver a Darío hacer historia. La final de pelota se ha vivido con una intensidad tremenda desde el primer tanto hasta el último, con una marea riojana desplazada hasta Pamplona que no ha dejado de empujar al de Ezcaray ni un solo instante. «Se lo merece y La Rioja también», decía un aficionado a falta de apenas dos tantos para que el de Ezcaray se calara la txapela. Habían pasado demasiados años desde la última (y única) gran alegría riojana en una final así, y por eso la región, encabezada también por el presidente Gonzalo Capellán, pero sobre todo Ezcaray, ha sentido el partido como algo propio, íntimo y enorme a la vez.
No ha habido rival sobre la cancha, pero aun así los riojanos han llevado a Darío en volandas hasta el campeonato. Banderas, abrazos, nervios, gritos y alguna lágrima contenida han llenado la grada conforme se acercaba el desenlace. “¡Que lo has ganado, chaval!”, se ha escuchado nada más convertirse en campeón, en medio de una explosión de orgullo difícil de contener. Artola sólo pudo felicitar ante la evidencia de una final dominada de principio a fin por un pelotari que ya tiene su nombre escrito en la historia de la pelota.


