Es lo que tiene haber esperado tanto: que cuando por fin llega, uno lo coge con unas ganas que no son ni medio normales. Así acabaron los jugadores de la UD Logroñés en el vestuario, desatados como si les hubieran quitado tres años de encima de golpe. Los jóvenes, el veteranísimo Iñaki, todos metidos en la misma fiesta. Unos descalzos, otros en calzoncillos, alguno enfundado en la roblanvera y todos con esa cara de quien todavía no sabe muy bien si ha ascendido o si sigue soñando.

Y claro, en una celebración blanquirroja no podía faltar la canción que lleva años apareciendo cada vez que hay algo grande que festejar. Porque ¿cómo no va a querer nadie sacar a bailar a la morocha si se está muriendo de ganas?. Las mismas, más o menos, que tenía Logroño de volver a vivir un ascenso así: con gritos, saltos, abrazos, ropa de menos, emoción de más y un vestuario convertido en la pista de baile más feliz de toda La Rioja.


