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Miguel Murua, la odontología de precisión que sitúa a Logroño en la vanguardia

FOTO: Fernando Díaz

Hay pacientes que llegan a una clínica dental con dolor, otros con dudas y muchos con miedo. En todos los casos, la primera necesidad suele ser la misma: sentirse escuchados y entender qué les ocurre. Por eso, en la Clínica Dental Miguel Murua, en la calle María Teresa Gil de Gárate, 9 de Logroño, la atención al paciente empieza mucho antes del tratamiento.

La clínica ha construido su forma de trabajar sobre una idea sencilla: cada persona necesita sentirse entendida antes de sentirse tratada. No hay dos bocas iguales, pero tampoco dos pacientes iguales. Hay quienes buscan recuperar una sonrisa perdida, quienes llevan años retrasando una visita por una mala experiencia previa y quienes necesitan una solución compleja después de mucho tiempo sin encontrar respuestas. A todos ellos, el equipo les recibe con una misma filosofía: explicar, acompañar y planificar cada paso.

FOTO: Fernando Díaz

«Lo que ofrecemos es un trato humano, cercano. Somos de lo más normales y nuestro objetivo principal es que la gente entienda la odontología desde otro punto de vista», explica Miguel Murua. Esa forma de entender la profesión se percibe desde el primer momento. La clínica se ha alejado de la imagen fría y casi hospitalaria que durante muchos años ha acompañado a las consultas dentales y ofrece un espacio luminoso, amplio y cuidado pensado para transmitir calma.

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Este trato cercano resulta especialmente importante en una especialidad que todavía genera inseguridad en muchas personas. El miedo al dentista, la vergüenza por el estado de la boca o la preocupación por no entender bien el tratamiento son realidades habituales. Por eso, la clínica apuesta por una odontología explicada, donde el paciente pueda preguntar, comprender y tomar decisiones con confianza. «Me gusta que la gente entienda el tratamiento que le vamos a hacer y por qué vamos a hacer ese tratamiento».

Para conseguirlo, la primera visita tiene un papel fundamental. El equipo realiza una entrevista inicial para conocer al paciente, sus preocupaciones, sus antecedentes, la medicación que toma y el motivo que le ha llevado a la consulta. Después, se completa el diagnóstico con pruebas digitales, radiografías, fotografías y escáneres intraorales. El objetivo no es solo detectar un problema concreto, sino estudiar la boca como un conjunto.

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Muchas veces, el paciente acude pensando que necesita una solución concreta, pero detrás puede haber otros factores: una mordida inestable, un problema de encías, una pérdida de hueso o una planificación incompleta de la boca. «Tú vienes aquí a ponerte un implante, pero realmente tienes un problema de mordida, por eso la consulta no debe limitarse a resolver una pieza aislada, sino a orientar al paciente hacia un tratamiento global».

En implantología, esa filosofía cobra especial importancia. «El paciente no quiere implantes; lo que el paciente realmente quiere son unos dientes», afirma Miguel. La frase resume bien el enfoque de la clínica: el implante no es el fin, sino el medio para recuperar función, estética, seguridad y calidad de vida. Antes de colocar un implante, se diseña dónde deberá estar el diente definitivo, se estudia el hueso, la encía, la mordida y la estabilidad futura. Todo ese trabajo previo permite reducir la improvisación y ofrecer soluciones pensadas para durar.

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Tecnología punta

La tecnología es una aliada fundamental en ese proceso. La Clínica Dental Miguel Murua trabaja con un flujo completamente digital que permite estudiar cada caso con una precisión difícil de imaginar hace solo unos años. Escáneres intraorales, planificación 3D, cirugía guiada por ordenador, fotografía dental e inteligencia artificial forman parte del día a día de tratamientos que buscan reducir la improvisación al mínimo. «Hoy podemos enseñarle al paciente cómo va a ser su tratamiento antes incluso de empezarlo».

Entre esa tecnología destaca una impresora de última generación que Murua define como una de las más avanzadas del momento. «Es la impresora más rápida del mundo; no es la más rápida, sino que encima es la mejor». El sistema permite trabajar con inteligencia artificial para trasladar la posición exacta de los implantes, coordinar el diseño con el laboratorio y acelerar la fabricación de los dientes provisionales en los tratamientos de carga inmediata. «Lo que queremos es que, si has perdido todos tus dientes, no estés ni un solo día sin ellos».

FOTO: Fernando Díaz

Esta apuesta ha situado a la clínica en un terreno poco habitual. Murua no solo trabaja con estas herramientas, sino que forma a otros profesionales en el uso de software de cirugía digital. Su agenda le ha llevado a impartir formación en distintos puntos de España y del extranjero, desde Madrid hasta Riga, Tijuana, Canadá, Lisboa o Tallin. Desde Logroño, su clínica se ha convertido así en un espacio donde se aplica una odontología conectada con algunos de los avances más punteros del sector.

Pero detrás de cada avance tecnológico hay un equipo. La clínica, que comenzó hace casi doce años como un proyecto más pequeño, reúne hoy a cerca de catorce profesionales, entre dentistas, higienistas, personal de recepción, dirección y colaboradores externos. Cada caso se revisa de forma coordinada para que el paciente se sienta acompañado en todo el proceso. «Nos involucramos mucho con cada caso, trabajamos todos y cada uno de ellos y los revisamos para poder dar la mejor odontología que hay a día de hoy».

FOTO: Fernando Díaz

En ese engranaje tiene un papel esencial Patricia Murua, hermana de Miguel y directora de la clínica. Él la define como «el alma mater» del proyecto, la persona que organiza y coordina el funcionamiento diario del equipo. Esa estructura interna permite que la atención no dependa solo del tratamiento clínico, sino también de la experiencia completa del paciente: la recepción, la información, los tiempos, las dudas y el seguimiento.

La Clínica Dental Miguel Murua no se presenta solo como un lugar al que acudir cuando algo duele. Su propuesta va más allá: prevención, diagnóstico, planificación, tecnología y, sobre todo, acompañamiento. Una odontología especializada, sí, pero también cercana. Una forma de trabajar en la que cada tratamiento empieza por mirar a la persona antes que al problema.

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