Educación

Menos niños, mismas aulas: así será el próximo curso en La Rioja

El próximo curso escolar en La Rioja ya empieza a tomar forma con los datos de admisión de los alumnos que entran en primero del segundo ciclo de Infantil, los de 3 años. Y lo que dibujan las cifras no es una sorpresa, pero sí una confirmación: hay menos niños. No es algo puntual ni de este año, sino una tendencia que viene de lejos y que se nota, poco a poco pero de manera constante, en las aulas.

«De un año a otro igual no es tan impactante, pero si miras una serie de diez años ves que ha habido una reducción significativa», resume el viceconsejero de Educación, Miguel Ángel Fernández Torroba. La natalidad lleva tiempo cayendo y el sistema educativo, sin grandes titulares ni rupturas, se va adaptando casi en silencio.

Aun así, ningún colegio perderá unidades este año en La Rioja. Y eso, en este contexto, ya es una noticia en sí misma. La decisión no es casual. La Consejería ha optado por mantener la oferta actual, lo que tiene, según explica el propio viceconsejero, un doble efecto: «Por un lado, aumenta la posibilidad de que las familias consigan plaza en el centro que eligen como primera opción —este año se superan cifras históricas, con más del 97,5 por ciento— y, por otro, que se puedan reducir las ratios reales en las aulas».

FOTO: EFE/ Raquel Manzanares.

Es decir, menos alumnos, sí, pero también más margen para una atención más personalizada. «No hablamos de la ratio máxima, sino de la real, que ahora es más baja que hace unos años. Y eso, junto al refuerzo de profesorado, entendemos que mejora el servicio educativo», apunta. Aunque matiza: tampoco se trata de ir al extremo. «Un número muy reducido de alumnos tampoco es operativo ni bueno para los chavales. Tiene que haber un equilibrio razonable».

Logroño vuelve a ser el gran epicentro educativo de la comunidad. La capital concentra la mayor parte de las solicitudes y mantiene una red muy amplia en la que conviven centros con una demanda altísima y otros con bastante margen. El colegio con más alumnos es San José (Maristas), con 70 niños repartidos en cuatro unidades, una cifra que impresiona y que lo sitúa claramente en cabeza. Le siguen otros centros muy consolidados como Escolapias Sotillo y Sagrado Corazón (Jesuitas), ambos con 58 alumnos, o Nuestra Señora del Buen Consejo, (Agustinas) con 52, y Compañía de María (La Enseñanza), con 49. Entre los públicos, destaca Siete Infantes de Lara, con 38, mientras que otros como La Guindalera, Ana María Matute o Doctor Castroviejo rondan los 36.

FOTO: EFE/ Raquel Manzanares.

En paralelo, también se aprecia qué colegios han llenado prácticamente todas sus plazas. La Inmaculada y Divino Maestro no tienen vacantes. Literalmente, ni una. Muy cerca están Sagrado Corazón (Jesuitas), Paula Montal o Siete Infantes de Lara, con apenas una plaza libre. Son centros que, por proyecto educativo, ubicación o tradición, siguen atrayendo a muchas familias. En el otro lado de la balanza aparecen colegios con más hueco, como Duquesa de la Victoria o Navarrete el Mudo, ambos con 23 vacantes, o Las Gaunas, con 21.

Una distribución desigual que, en realidad, responde bastante a la lógica del sistema. «El resultado final es el mapa de la voluntad de las familias», explica Fernández Torroba. La elección depende de muchos factores —proyecto educativo, cercanía, servicios— y varía con el tiempo, incluso dentro de una misma ciudad. «Hay colegios que hace años estaban saturados y ahora tienen plazas libres por el envejecimiento de los barrios», añade.

Si se sale de Logroño, el comportamiento de las cabeceras de comarca mantiene cierta lógica, aunque con matices interesantes. Calahorra presenta un sistema bastante equilibrado, con varios centros en cifras sólidas: San Agustín alcanza los 36 alumnos, Aurelio Prudencio los 34, Santa Teresa los 29 y Quintiliano los 28. No hay llenos absolutos, pero sí una red que aguanta bien el tirón pese a la caída demográfica.

EFE/ Raquel Manzanares

En Arnedo, la sensación es incluso de estabilidad firme: Sagrado Corazón de Jesús suma 37 alumnos, La Estación llega a 33 y Antonio Delgado Calvete alcanza 32. Tres centros con números muy parecidos, sin grandes desequilibrios. Alfaro, en cambio, deja una imagen más contrastada: el público Obispo Ezequiel Moreno registra 36 alumnos, mientras que los concertados Amor Misericordioso y La Salle-El Pilar llenan completamente sus unidades, sin vacantes.

Haro vuelve a ejercer como polo comarcal potente. Nuestra Señora de la Vega suma 52 alumnos, una de las cifras más altas fuera de Logroño, mientras que Sagrado Corazón alcanza 25. En Santo Domingo de la Calzada, el reparto es curioso: Beato Jerónimo Hermosilla cuenta con 41 alumnos en tres unidades, mientras que Sagrados Corazones llena su única línea con 20 niños. En Nájera, los datos son más contenidos pero estables.

Ahí aparece la otra cara del sistema. En los municipios pequeños, cada matrícula cuenta. Mucho. Centros como Arnedillo, Casalarreina o Torrecilla se quedan en el mínimo de 3 alumnos. «De momento ningún CRA corre peligro en La Rioja». asegura el viceconsejero. Aun así, la decisión no es automática. Cada caso se estudia. Porque, como reconoce, también hay factores educativos más allá del número: «Puede ocurrir que haya muy pocos niños en un centro rural y que incluso sean hermanos. En esos casos, algunas familias prefieren que sus hijos vayan a otros municipios donde puedan socializar más».

FOTO: EFE/ Luis Tejido.

Pese a todo, el mensaje es claro: no hay centros en riesgo de cierre. «No, ahora mismo no hay ningún colegio en peligro», asegura con rotundidad. La apuesta por la escuela rural sigue en pie, también con medidas como el impulso al primer ciclo de Infantil, de 0 a 3 años, que en lugares como Torrecilla está ayudando a fijar población joven.

Porque ahí, en esta etapa temprana, está otra de las claves del sistema. Aunque no es obligatoria, la escolarización es prácticamente total. «Estamos hablando de casi el cien por cien. De los 2025 niños nacidos en 2023 se han matriculado 2006 y es posible que el resto no lo hayan hecho porque se han ido de la comunidad», señala Fernández Torroba. Y en el tramo de 0 a 3 años, La Rioja incluso supera la media nacional gracias al bono infantil y a la gratuidad. «Es una etapa clave para el desarrollo, para el idioma, para la convivencia. Ya no es una guardería, es educación», subraya.

Al final, el dibujo es claro. Menos niños, sí. Pero también más capacidad de elección, aulas menos saturadas y un sistema que, poco a poco, se reajusta sin romperse. Un equilibrio delicado, casi silencioso, que se juega cada año en cifras como estas… y que define cómo será la escuela del futuro.

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