Sergio Foronda.- El costalero de la Cofradía de la Entrada de Jesús en Jerusalén Iván Aguirre ha destacado a EFE el “auge” que vive el costal entre la juventud, a pesar de que este método para portar los pasos lleve poco más de una década implantado en la Semana Santa logroñesa.
Aguirre (Logroño, 1994), quien ha cumplido 11 años como costalero desde la creación de la primera cuadrilla en la ciudad en 2015, ha constatado el apogeo de la Semana Santa de Logroño, sobre todo, desde la pandemia del COVID-19. Ha achacado este crecimiento a distintos factores, entre ellos el trabajo de las cofradías y el atractivo visual y musical de las procesiones, que han evolucionado en los últimos años.
También ha apuntado que la actividad de las bandas de cornetas y tambores pueden haber influido en este interés creciente, ya que desde la pandemia está “en auge” este tipo de acompañamiento musical en Semana Santa, declarada Fiesta de Interés Turístico Nacional.
Aguirre ha explicado que comenzó a llevar a costal la imagen del Jesús Cautivo en 2015, el mismo año en el que la Cofradía de la Entrada de Jesús en Jerusalén anunció que había comprado unas andas y se iba a portar ese año el paso a costal, lo que marcó el inicio de esta práctica en la capital riojana.
Tras escuchar ese anuncio, sin pensárselo dos veces, cogió el teléfono para unirse, una decisión que ha mantenido “año tras año hasta día de hoy”, ha subrayado.
Este joven ha recordado que su interés por el costal surgió antes de su implantación en Logroño, porque ya conocía un poco lo que era gracias a vídeos que encontraba en internet sobre cómo se desarrollaba en otras ciudades.
“Me llamaba muchísimo la atención” esa forma de portar los pasos de Semana Santa, por lo que consideraba que algún día podría llegar a hacerlo, hasta que tuvo la oportunidad en su propia ciudad, ha destacado.
Un sueño cumplido
Ha señalado que el primer año que portó la imagen de El Cautivo sobre su séptima vértebra cervical estuvo marcado por “muchos nervios”, aunque al final la experiencia resultó positiva.
“Fue un día para la historia de la Cofradía de la Entrada de Jesús en Jerusalén”, ha resaltado Aguirre sobre aquella primera procesión, que vivió como “un sueño cumplido”.
Uno de los principales retos de los costaleros es la coordinación entre sí, ya que se trata de 40 personas que deben actuar de forma conjunta.
A ello se suma “el esfuerzo físico” que requiere la preparación previa mediante ensayos, que suelen ser “entre cuatro y cinco repartidos durante los dos meses anteriores a la procesión” de su cofradía, que se desarrolla en Lunes Santo.
También ha explicado que el cuerpo del costalero puede sufrir ciertas consecuencias de esta actividad, como el llamado “morrillo” en la séptima vértebra, además de molestias en los riñones, por lo que después de Semana Santa siempre visita a un fisioterapeuta como parte de los cuidados posteriores.
Este joven costalero ha remarcado el ambiente de grupo que se genera entre ellos, ya que son como “una familia” en la que van “todos a una”, lo que refuerza el compañerismo, tanto en los ensayos, como en la procesión: “Somos como una piña”.


