El desbordamiento del embalse de Añamaza del pasado domingo, que dejó fincas agrícolas anegadas en la comarca de Cervera del Río Alhama, ha puesto todas las miradas en la gestión de las cuencas riojanas antes estos episodios de lluvias que han dejado los embalses de la región con un gran volumen de reservas hídricas. En estos casos es la Confederación Hidrográfica del Ebro (CHE) el organismo responsable de su gestión y de esas labores de desembalses para regular el caudal de las diferentes cuencas en coordinación con los propietarios responsables de las explotaciones de las presas y siempre informados a través del Sistema Automático de Información Hidrológica (SAIH) del Ebro.
El jefe de Coordinación de los Servicios de Explotación de la CHE, Alfonso Pérez, incide en que hay que diferenciar entre aquellos embalses riojanos que cuentan con una presa de regulación para almacenar ese agua que llega de manera repentina (como son el de Mansilla, González Lacasa, Pajares y Enciso) y los que carecen de ella, como es el embalse de Añamaza, «donde no se han podido evitar los daños de la crecida aguas abajo porque las avenidas han ido íntegras a los ríos».
Esta presa, propiedad de la Comunidad de Regantes del Pantano de la Vega de Añamaza, cuenta con varios siglos de historia y, pese a su resistencia, los desbordamientos son habituales ante cualquier crecida en el río por el sistema de verter el agua que tiene. En este sentido, aquí no se pueden hacer maniobras ante la llegada de avenidas por lo que la responsabilidad de la Confederación reca en la vigilancia y supervisión de que estas infraestructuras van a aguantar las avenidas con todas las garantías. Desde la CHE trabajan con los responsables de la presa para estudiar las opciones más viables a este caso concreto que minimicen los daños y es que las inundaciones seguirán produciéndose con el actual sistema.
Más allá de esta presa, las últimas crecidas han obligado a los principales embalses a hacer una importante labor de laminación de avenidas. «Mansilla es el que más aportaciones ha tenido, llegando a estar prácticamente lleno, por lo que se ha hecho una laminación en el río Najerilla, disminuyendo así el caudal punta entrante (la cantidad máxima de agua que entra) de unos 125 metros cúbicos por segundo a unos 85 o 90 metros cúbicos por segundo. Todo esto ha contribuido a la reducción de daños aguas abajo».
Los sucesivos episodios de lluvias, especialmente durante febrero, han dejado a los embalses riojanos «en una muy buena situación en cuanto a reservas hídricas». Los últimos datos que arroja Pérez sobre el porcentaje de llenado apuntan al 90 por ciento de su capacidad en el caso de Mansilla, mientras que Pajares y González Lacasa están al 64 y 80 por ciento de su capacidad, respetivamente. «Con estos datos se puede decir que tenemos garantizadas todas las demandas hídricas».
Los desembalses realizados en Mansilla, en cambio, no se han efectuado en los casos de Pajares y González Lacasa porque no estaban tan llenos como esta presa que nutre el río Najerilla, por lo que estos dos embalses han absorbido las últimas avenidas y se han llenado hasta alcanzar esos niveles citados. Eso sí, con la ocupación de agua que tienen actualmente, si hubiera previsión de nuevas avenidas (por lluvias, deshielo o ambas) sí se realizarían desembalses preventivos días antes a la llegada de la avenida y maniobras durante la misma para evitar inundaciones tanto aguas arriba del embalse como aguas abajo. Un trabajo, por tanto, muy medido y coordinado entre el personal técnico de la CHE y los responsables de las explotaciones de las presas.
En este sentido, nunca se permite que un embalse llegue al cien por cien con la intención de dejar ese porcentaje de margen ante posibles avenidas futuras que todavía pueden aparecer antes de la llegada del verano. Los servicios de explotación coordinados por la CHE están en constante vigilancia para tener ese resguardo, ese porcentaje sin ocupar, que garantice la capacidad para las aguas que puedan llegar posteriormente y, si se diera el caso de que la previsión apunta a fuertes avenidas, se realizarían desembalses para ampliar ese resguardo.
Por otro lado, también puede haber problemas cuando la crecida se produce aguas abajo de un embalse que sí cuenta con un sistema de regulación, pero que en ese punto ya no cuenta con la posibilidad de hacer esas laminaciones del caudal, por lo que las avenidas afectan al cauce y arroyos. Ahí las actuaciones por parte de la CHE pasan por hacer la vigilancia y el seguimiento de los servicios meteorológicos, manteniendo la comunicación constante con Protección Civil y emitiendo comunicados para dar aviso de esos posibles escenarios atendiendo a las previsiones meteorológicas. En cualquier caso, y ante fuertes avenidas, lo principal es evitar daños humanos y garantizar la seguridad de la presa.


