Ainara García Álava es ilustradora y cofundadora del proyecto cultural Literaria Kalean, una iniciativa nacida en Treviana que busca acercar la literatura a la calle y fomentar la lectura desde un enfoque cercano y participativo. Natural de Vizcaya pero riojana de adopción desde hace más de dos décadas, es licenciada en Bellas Artes por la UPV/EHU y desarrolla este proyecto junto al escritor Sergio H. López-Pastor. A través de talleres, clubes de lectura, tertulias, paseos literarios y publicaciones propias, Literaria Kalean promueve la lectura y la cultura local, con especial atención a la visibilización de la mujer rural mediante cuentos inspirados en historias reales de La Rioja.
– Si tuviera que elegir una palabra que defina a las mujeres de hoy, ¿cuál sería y por qué?
– Somos unas resilientes. Según la RAE es la capacidad humana de asumir con flexibilidad situaciones límite y sobreponerse a ellas. Las mujeres del siglo XXI tenemos interiorizado ya esa flexibilidad ante cualquier adversidad y logramos, normalmente, salir de ella.
– ¿Qué estereotipo sobre las mujeres le gustaría que desapareciera de una vez?
– La mujer como acompañante, como segundo plano. De hecho, somos las protagonistas de nuestras vidas, las actrices principales, pero nos lo tenemos que creer primero.
– Hay quien dice que la igualdad ya está conseguida. ¿Qué le respondería desde su experiencia?
– Por suerte, en mi vida no he tenido casos importantes de desigualdad. Y sin embargo, a la vista está que la igualdad aún está lejos de ser lograda. Queda mucho trabajo por hacer en todos los ámbitos.
– ¿Qué le gustaría que una niña riojana de hoy pudiera hacer dentro de veinte años sin tener que plantearse si es mujer u hombre?
– Ser ella misma. Que ningún prejuicio o condicionamiento por sexo, género, edad o raza le impida llevar a cabo lo que le salga del corazón.
– Si pudiera cambiar una sola cosa mañana para mejorar la igualdad entre hombres y mujeres, ¿qué sería?
– Los condicionamientos. Todos, los raciales, los de identidad sexual, los económicos, los de clases sociales. Suena a utopía pero son limitaciones que hacen que no seamos nosotros mismos en muchos casos sino que nos dejamos llevar por lo que otros nos dicten.
– Si pudiera viajar veinte años al pasado y hablar con la niña que fue, ¿qué le diría sobre el futuro que le espera como mujer?
– Uff. Le diría mucho. Sobre todo que creyese en sí misma. En la adolescencia por lo general- y las mujeres más-, nos autoboicoteamos. Queremos hacerlo todo bien, ser como las demás. Encajar, definitivamente. Y nos olvidamos que nosotras somos capaces de decidir lo que vamos a ser. Luego la vida nos va dando opciones que hacen que ese camino se modifique.
– Si mira su sector profesional, ¿qué cambios ha visto en la presencia y el papel de las mujeres en los últimos años?
– En el mundo editorial, antes las mujeres tenían que firmar con nombre masculino para ser tenidas en cuenta (tenemos muchos ejemplos de ello). Eso, afortunadamente está cambiando. También en el sector de la ilustración cada vez somos más mujeres. Tenemos que continuar en este cambio.
– ¿Cree que el liderazgo femenino aporta una forma diferente de trabajar o de dirigir proyectos?
– Sí, por supuesto. Las mujeres tenemos capacidades específicas por nuestro género. Nuestra sensibilidad y las emociones asociadas a ella hacen que nuestro sentido de ayuda, escucha, cooperación y empatía primen más a la hora de trabajar, y sobre todo, en la dirección de proyectos.
– Muchas veces se habla de referentes femeninos. ¿Quién ha sido el suyo?
– No tengo una sola mujer referente en mi camino. Busco cualidades en varias que me gustan y aportan como persona: la fortaleza, la capacidad de crítica, el compromiso social y medioambiental, la responsabilidad. Son valores que me llegan muy adentro. Y si tuviese que elegir a una mujer, sería mi abuela (materna).


