Cultura y Sociedad

Sarai Rodríguez: «Da igual cuántas veces te nominen, siempre hay nervios»

Pudiera parecer que a la cuarta ya no impresionan las cosas. Que uno se acostumbra. Pero Sarai Rodríguez sonríe cuando oye eso y niega con la cabeza. «Da igual cuántas veces te nominen», insiste. «Son nervios diferentes cada vez». Y en su voz se mezcla esa serenidad de quien ya sabe dónde pisa con el cosquilleo inevitable de volver a estar ahí.

La maquilladora calagurritana regresa este 2026 a los Premios Goya nominada por ‘La Tregua’, dirigida por Miguel Ángel Vivas. Es su cuarta candidatura. En 2022 se llevó el ‘cabezón’ a Mejor Maquillaje y Peluquería por ‘Las leyes de la frontera’, un premio que coronó una trayectoria sólida y paciente. Después llegaron las nominaciones por ‘La Piedad’ y ‘El valle de las sombras’. No pudo ser entonces. Quizá ahora sí. O quizá no. Y, curiosamente, eso no parece lo más importante.

«Son unos nervios muy bonitos», confiesa. «Un cosquilleo ahí… muy emocionante». La primera vez fue distinta, más inconsciente. «No sabes muy bien a lo que te enfrentas. Ahora sabes lo que supone estar ahí, pero también lo disfrutas de otra manera». Hay experiencia, sí, pero también respeto. Porque cada película es un mundo y cada momento vital cambia la forma de vivirlo.

Esta vez la nominación llega por un trabajo especialmente exigente. ‘La Tregua’ es una historia ambientada en la Segunda Guerra Mundial, centrada en españoles que acabaron en un campo de trabajo de la antigua URSS. Mucha acción, mucha caracterización, prótesis, transfers, barro y frío. «Fue una peli muy complicada», resume. Rodaron durante tres meses en un aeródromo en Vitoria, donde se levantó el campo que aún hoy puede visitarse. «Pasamos muchísimo frío. Humedad, barro, rodajes nocturnos… éramos un equipo pequeño con muchísimo trabajo». Y quizá por eso la nominación sabe diferente: porque detrás hay esfuerzo real, desgaste físico y orgullo compartido.

Sarai habla en plural. Siempre. «Vamos casi todos a la gala, todo el equipo, mis ayudantes… para mí lo importante es juntarnos y celebrar que hemos hecho el trabajo y que estamos ahí gracias al esfuerzo de todo el equipo». Lo dice convencida. La estatuilla sería maravillosa, claro. Pero la noche, para ella, es sobre todo una celebración colectiva.

No le gustan las quinielas. «Cuando estás nominada con una película que solo tiene una nominación es más complicado», reconoce con honestidad. Las producciones grandes suelen arrastrar más votos. Pero enseguida recuerda que el año que ganó tampoco partían como favoritas absolutas. «Nunca sabes por dónde puede salir». Y ahí queda, en ese equilibrio entre prudencia y esperanza.

Entre pruebas de vestuario, entrevistas y la agenda previa a la gala, Sarai sigue trabajando. Está inmersa en el primer largometraje como director de Ricardo Gómez —el recordado Carlitos de Cuéntame— y no ha parado en los últimos meses. «No me puedo quejar, estoy muy contenta», admite. «Es verdad que las nominaciones te dan visibilidad, la gente ve tu trabajo y eso ayuda. Pero al final es cuestión de trabajar, hacerlo bien y que cuenten contigo».

También hay espacio para los detalles personales. Aunque nació en Grávalos y creció en Calahorra, su carrera ha estado muy vinculada a Valencia, donde ha vivido muchos años. Por eso, para la gala, vestirá un diseño valenciano. «Intento siempre tirar un poco para casa». La Rioja y Valencia conviven en ella con naturalidad.

Hay un dato curioso que añade un punto casi irónico a esta edición: la gala coincide con las fiestas de Calahorra.
Mientras se entregan los premios, en su tierra estarán de chupinazo, peñas y zurracapote. Seguro que si hay premio gordo, los calagurritanos se enteran por el móvil en algún cuarto de peña. «Es muy curioso que coincida el día, se lo comentaba el otro día a la alcaldesa en un acto que tuvimos en Madrid».

La dedicatoria, si llega el momento, ya la tiene pensada. «Hay que ser concisa». Son apenas veinte segundos. «Muchos me dicen que me acuerde de ellos pero es que el tiempo está muy tasado, hay que ir a lo fundamental».

En el fondo, Sarai Rodríguez transmite algo muy sencillo: pasión por el oficio. Esa joven que salió de Calahorra para estudiar Maquillaje en Zaragoza sigue teniendo el mismo deseo que confesó cuando ganó su Gaudí: seguir trabajando, seguir aprendiendo, seguir evolucionando como maquilladora y como persona. Y, de momento, esos tres deseos se le están cumpliendo.

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