La anunciada regularización de personas migrantes ha sido recibida con alivio y esperanza por las entidades sociales que trabajan día a día con quienes ya forman parte de la vida cotidiana en La Rioja. Desde Bienvenidos Refugiados, su portavoz Carlos Usón lo resume con una frase que se repite estos días en muchas organizaciones: «No es que vayan a llegar, es que ya están aquí». Para Usón, el debate público parte de una premisa equivocada y alimenta miedos innecesarios: la regularización no trae nuevas personas, sino que reconoce derechos a quienes ya viven, trabajan en muchos casos y conviven en nuestros barrios.
Desde la plataforma, que agrupa a numerosas asociaciones de apoyo a personas migrantes, la medida se valora «extraordinariamente bien», no solo por razones humanitarias, sino también por justicia social. «Es una locura tener a la gente dos años en situación irregular esperando papeles», afirma Usón. A su juicio, la regularización corrige una anomalía que condena a miles de personas a un limbo legal: trabajan, contribuyen, pero no tienen acceso pleno a derechos básicos como la vivienda o la formación reglada. «No es solo una cuestión económica, es una cuestión de dignidad», subraya.
Usón también pone el foco en el contexto europeo. Celebra que el Gobierno haya impulsado esta regularización antes de la entrada en vigor del nuevo Pacto Europeo de Migración y Asilo, que desde muchas entidades sociales se percibe como más restrictivo. «Cuando ese pacto se aplique, las cosas van a ser más difíciles. Por eso creemos que ahora se ha actuado a tiempo», explica. Frente a los discursos alarmistas, insiste en que los datos desmontan muchos prejuicios. «Solo una parte de las personas migrantes procede de países árabes y una proporción muy significativa es europea o latinoamericana», explica. «El problema no son los migrantes, el problema es el racismo», afirma con rotundidad.
En La Rioja, las estimaciones sobre cuántas personas podrían beneficiarse de la regularización oscilan entre las 5.000 y las 8.000, aunque ninguna entidad se atreve a dar una cifra cerrada. «Seguramente estaremos más cerca de las 7.000 que de las 5.000», apunta Usón, recordando que muchas personas no están registradas en ninguna base de datos oficial. Aun así, insiste en que el impacto positivo será colectivo: «Los migrantes aportan al PIB, trabajan, cotizan y, además, usan menos los servicios sanitarios porque son más jóvenes. Criminalizarlos no tiene ningún sentido».
Uno de los mensajes más repetidos por las organizaciones es la llamada a la calma. El real decreto que regulará el proceso aún no ha sido aprobado definitivamente y, por tanto, todavía no se pueden iniciar los trámites. Usón advierte del riesgo de que surjan abusos: «Hay que tener mucho cuidado con quien dice que te hace los papeles. Este proceso será gratuito y hay que informarse solo por cauces oficiales». En este punto, recomienda acudir a entidades con experiencia contrastada como Rioja Acoge, que acompaña de forma gratuita a las personas migrantes en todo el proceso.
Calma y paciencia
Desde esta entidad, su presidenta Pilar Martínez pide paciencia. «Estamos esperando al real decreto, ahora solo estamos en el inicio de un proceso. Hasta que no se desarrolle, no podemos concretar documentación ni plazos», explica. Martínez subraya la carga emocional que soportan muchas personas en situación irregular: «Viven con una inquietud constante. Trabajan, pero no tienen derechos; no acceden a vivienda porque no tienen contrato, y no tienen contrato porque no tienen papeles. Es la pescadilla que se muerde la cola». La regularización, dice, viene a romper ese círculo injusto.
Ambas organizaciones coinciden en destacar la conexión entre regularización y empleo. Muchos sectores económicos riojanos —construcción, agricultura, hostelería o transporte— necesitan mano de obra, pero también cualificación. «Hasta ahora ni siquiera podían formarse», recuerda Martínez. La posibilidad de acceder a formación, homologar títulos o acreditar competencias supone un cambio profundo. «Hay de todo: personas con estudios, con oficios aprendidos, con experiencia. Son como nosotros cuando emigramos», añade.
El sentimiento que recogen las entidades es una mezcla de esperanza e incertidumbre. Las personas migrantes quieren empezar cuanto antes, pero saben que toca esperar a la letra pequeña del decreto. «Va a llegar, pero hay que tener calma», insiste Pilar Martínez. Mientras tanto, el mensaje que lanzan las organizaciones es claro: información rigurosa, paciencia y confianza en un proceso que, bien hecho, no solo mejorará la vida de miles de personas, sino que también fortalecerá a toda la sociedad riojana.


