Escribo estas líneas con una mezcla de profunda tristeza y enorme frustración. En este inicio de 2026, la búsqueda de vivienda en Logroño se ha convertido en una odisea deshumanizante para quienes tenemos hijos. Parece que, a ojos de muchos propietarios e inmobiliarias, tener familia no es un derecho, sino una especie de plaga o una molestia equiparable a tener animales de compañía, a menudo peor vista.
Lo más indignante es que hablo desde una posición privilegiada: los ingresos de mi unidad familiar superan con creces el sueldo medio de esta ciudad. Aún así, estamos cosechando varias negativas por parte de propietarios. Si esta es nuestra situación, no me quiero ni imaginar —o, mejor dicho, sí lo imagino y me aterroriza— lo que están pasando las familias con ingresos menores o ajustados. ¿Dónde pretenden que vivan nuestros hijos?
La oferta de alquiler es, además de abusiva en precio, restrictiva y excluyente. En La Rioja, además debido a la escasez de alquileres, el mercado está inasumible. Se nos está obligando a comprar bajo la presión de un sistema que nos expulsa, cuando no es nuestro interés, ni intención, «casarnos con un banco» a treinta años ni asumir una deuda a largo plazo por un mercado inflado.
El acceso a la vivienda es un derecho, no un privilegio, pero aquí se trata a las familias como ciudadanos de segunda. Estamos cansados de sentir que alquilar con hijos es una anomalía en lugar de una necesidad básica.
Atentamente,
Una familia indignada.
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