Aunque suene a enfermedad del pasado, la sarna sigue muy presente en La Rioja. Durante 2025 se registraron 728 casos en Atención Primaria, una cifra elevada aunque inferior a la de los tres años anteriores, cuando se superaron los mil contagios anuales. Así lo explica Eva Martínez, directora general de Salud Pública, Consumo y Cuidados, que confirma que el repunte comenzó en 2021 y se ha producido en toda España.
«El año con más casos fue 2023. En 2024 y 2025 hemos bajado, pero seguimos en cifras altas», señala. Se trata de una tendencia que preocupa a las autoridades sanitarias, especialmente porque no existe una única causa clara que explique el aumento.
La sarna está provocada por un ácaro microscópico que se introduce en la piel y deposita allí sus huevos. Su transmisión se produce por contacto estrecho piel con piel y prolongado, por lo que afecta con mayor frecuencia a personas que conviven en espacios cerrados o con contacto continuado.
«Se observa más en entornos como residencias de personas mayores, pero también en niños pequeños y personas mayores que pueden tener las defensas más bajas», explica Martínez. En los últimos años también se han descrito casos en jóvenes, un grupo donde el contacto físico estrecho es más habitual, «y no siempre tiene que ver con las relaciones sexuales».
Uno de los factores que dificulta el control es su largo periodo de incubación, que puede oscilar entre dos y seis semanas. Durante ese tiempo no hay síntomas, pero la persona ya puede contagiar.
Tratamiento: todos a la vez o no funciona
Uno de los mensajes clave que lanza Salud Pública es la importancia de tratar al mismo tiempo al paciente y a todos sus contactos estrechos, aunque no tengan síntomas. «Si no se hace así, pueden producirse reinfestaciones», advierte la directora general.
El tratamiento de primera línea es una pomada tópica que debe aplicarse en dos ocasiones separadas por una semana. Sin embargo, en los últimos tiempos se está utilizando también un tratamiento oral debido a la posible resistencia del ácaro o a fallos en la correcta aplicación del tratamiento tópico.
A esto se suman las medidas ambientales, fundamentales para erradicar el parásito: lavar ropa, sábanas y fundas a más de 60 grados, limpiar colchones y tapicerías, y aislar en bolsas cerradas durante 72 horas aquellos objetos que no puedan lavarse.
Otro de los problemas asociados a la sarna es el diagnóstico clínico, que no siempre resulta claro. El síntoma más característico es el picor intenso, sobre todo nocturno, acompañado de pequeñas lesiones o surcos en la piel, pero estos signos pueden confundirse con eccemas, dermatitis o reacciones alérgicas.
«A veces el diagnóstico no es sencillo y puede haber confusión», reconoce Martínez. Existen pruebas más específicas, como el raspado de piel y la observación microscópica, pero no siempre es fácil detectar el parásito dependiendo del momento de la enfermedad.
Uno de los mitos más extendidos es asociar la sarna con una mala higiene personal, pero «no tiene nada que ver», subraya la responsable de Salud Pública. «Está relacionada con el contacto estrecho, no con la limpieza».
Por eso, aunque no es una enfermedad que vaya a erradicarse, sí puede controlarse con información, detección precoz y un correcto cumplimiento del tratamiento. «La clave está en actuar rápido, tratar a todos los contactos y aplicar bien las medidas ambientales», concluye.


