Una vecina de Calahorra muestra su sorpresa al comprobar que los jardines de la ciudad siguen recibiendo el riego nocturno propio del verano «pese a encontrarnos en pleno invierno y tras meses en los que se ha pedido contención en el consumo de agua». El resultado es evidente: zonas verdes completamente embarradas y un derroche difícil de entender cuando la sequía ha sido una preocupación constante.
A esta situación se suma un problema añadido y mucho más peligroso. Con las heladas nocturnas, el agua procedente de los aspersores acaba llegando a las aceras, donde se forman placas de hielo que convierten el tránsito peatonal en un riesgo innecesario.
La solución adoptada ha sido echar sal para evitar resbalones. «Y digo yo, ¿no sería mucho más lógico desprogramar estos riegos innecesarios en lugar de mantenerlos por inercia, generando barro, desperdiciando agua y poniendo en peligro a los peatones».
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