Varea comienza a estar en disposición de sacudirse de una vez por todas de una de las imágenes más persistentes de su paisaje urbano: la de dos bloques inacabados, levantados en hormigón, detenidos en seco con la llegada de la crisis inmobiliaria de 2008 y abandonados desde entonces, a la espera de que algún promotor les diera una segunda oportunidad. A la entrada del barrio, cuando se accede desde Logroño, esos esqueletos han recordado durante años una herida abierta que ha condicionado la percepción de esta zona histórica de la ciudad.
Situado en la desembocadura del río Iregua en el Ebro, Varea ha convivido siempre con una localización privilegiada. El parque del Iregua se ha consolidado como uno de los espacios verdes más utilizados por los logroñeses, un pulmón natural que ha compensado otras servidumbres, como la proximidad de la depuradora, y que ha reforzado la identidad de barrio de toda la vida, conectado cada diez minutos con Logroño en el Urbano, y con una fuerte vida vecinal.
Esa localización estratégica se ha visto reforzada con el paso de los años por su cercanía a la Universidad de La Rioja, a la UNIR y al Centro Comercial Berceo. Un triángulo que vuelve a situar a Varea en el radar de promotores y compradores, especialmente en un contexto de creciente demanda de vivienda en la capital riojana, con un acceso a las principales salidas de la ciudad realmente rápido.
El símbolo más claro de este nuevo tiempo para este barrio es la puesta a la venta de la promoción Paseo del Iregua. El proyecto quiere recuperar el solar de esos dos bloques paralizados desde la crisis financiera -que comenzaron a levantarse bajo el nombre de Paseos del Iregua-, un espacio que durante años ha generado problemas de seguridad y ha sido foco de episodios indeseados para el barrio. Con su reactivación, Varea ha comenzado a cerrar una cicatriz urbana que se había cronificado desde hace más de tres lustros.
La nueva promoción, impulsada por Grupo Clavijo, cambia, eso sí, por completo el concepto original. Si en su día estaban previstas alrededor de cuarenta viviendas de dos y tres dormitorios, ahora el proyecto ha apostado por un modelo residencial distinto, alineado con tendencias que ya se han visto en otras zonas de la ciudad, como el edificio Toyo Ito. Se trata de un edificio de 84 viviendas de uno y dos dormitorios, con garaje y trastero, y una fuerte presencia de espacios y servicios compartidos.
El planteamiento se acerca al modelo de ‘coliving’, con gimnasio, zonas de ‘coworking’, lavandería, espacios sociales, áreas ajardinadas y servicios que buscan simplificar el día a día de los residentes. Todo ello bajo criterios de eficiencia energética, con calificación A, y una arquitectura pensada para maximizar la luz natural y la conexión con el entorno.
Carrocerías Ugarte
Este movimiento no ha sido un hecho aislado. En paralelo, Varea ha visto desbloquearse otra de sus grandes bolsas de suelo pendientes: la histórica parcela de Carrocerías Ugarte. El Ayuntamiento ha aprobado este año de forma definitiva la modificación del proyecto de urbanización del PERI 48, un trámite que ha permitido reactivar un desarrollo que llevaba más de una década encallado. La promoción, impulsada por Construcciones Samaniego, ha entrado ya en fase de ejecución.
La suma de ambos proyectos dibuja un escenario nuevo para el barrio. Varea, uno de los núcleos más antiguos de Logroño, quiere sumarse a este nuevo proceso constructivo en Logroño, y así ir dejando atrás la imagen de solares vacíos y edificios a medio hacer para avanzar hacia un modelo residencial más acorde con las demandas actuales. La vivienda vuelve a ser motor de transformación urbana y, en este caso, también una herramienta para reparar las consecuencias de una crisis que dejó cicatrices profundas.
Con la reactivación de Paseo del Iregua y el desarrollo de Carrocerías Ugarte, el barrio ha iniciado un proceso de renovación que no solo cambia su paisaje, sino que refuerza su posición como una de las zonas con mayor proyección de la ciudad. Varea ha empezado, por fin, a pasar página.


