La Rioja

La Rioja pierde autónomos con la inmigración como sostén

El trabajo autónomo en La Rioja atraviesa una fase de transformación profunda marcada menos por grandes sobresaltos que por un ajuste constante y silencioso. No hay un desplome repentino, pero los datos confirman una tendencia clara: el número de trabajadores por cuenta propia disminuye, el perfil cambia y el sistema se apoya cada vez más en sectores concretos y en la aportación de la inmigración. A finales de 2025, la comunidad suma 24.549 autónomos, una cifra que consolida una pérdida prolongada iniciada hace más de una década.

En 2011, La Rioja superaba los 26.200 autónomos. Desde entonces, se han perdido 1.716, con un punto de inflexión muy marcado tras la pandemia. El golpe del covid provocó caídas bruscas, cierres forzados y muchas salidas del sistema. Desde entonces, el descenso continúa, pero de otra manera. «Después de caídas importantes tras la pandemia, la pérdida de autónomos es más sostenida», explica Javier Marzo, secretario general de UPTA La Rioja. A su juicio, parte de ese ajuste responde a una situación previa poco equilibrada: «Teníamos en La Rioja demasiados autónomos, en muchos casos por obligación».

El comercio, el gran damnificado

El desgaste no afecta a todos los sectores por igual. El comercio es el gran damnificado, con 162 autónomos menos en solo un año. Un dato que refleja el cierre de pequeños establecimientos, el aumento de costes, la competencia digital y un consumo más prudente. Tampoco escapa la agricultura, que pierde 124 autónomos y sigue arrastrando problemas estructurales como la falta de relevo generacional o la concentración de explotaciones. «Se nota claramente la caída en el comercio y en la agricultura, sectores tradicionales del emprendimiento», subraya Marzo.

Junto a ellos, la industria manufacturera, los servicios auxiliares y las actividades artísticas también retroceden, aunque de forma más contenida. En muchos casos, se trata de negocios pequeños, con poco margen financiero y muy expuestos a cualquier cambio económico.

Frente a este panorama, hay actividades que resisten e incluso crecen. La construcción suma 50 autónomos y se consolida como uno de los principales refugios del autoempleo, especialmente ligado a reformas y rehabilitación. También aumentan la hostelería y el transporte, sectores muy dinámicos, con mucha rotación y condiciones exigentes, pero que siguen generando oportunidades.

Autónomos más cualificados

Más revelador aún es el crecimiento de los servicios de mayor cualificación. Las actividades profesionales, la información y comunicación, el sector inmobiliario, los servicios financieros, así como la educación y la sanidad, ganan peso. Para UPTA, este cambio de perfil es clave para entender la evolución del sistema. «Cada vez los autónomos son más cualificados; la gente nueva que llega al autoempleo está mucho más preparada, sabe lo que quiere y tiene claro el proyecto que quiere sacar adelante», destaca Marzo. El modelo clásico del pequeño negocio familiar pierde terreno frente a proyectos más técnicos, especializados y, en muchos casos, compatibles con el teletrabajo.

Aun así, el sistema sigue mostrando debilidades internas. Una de ellas es la baja cotización. «Tenemos muchos autónomos que cotizan menos de 600 euros al mes», advierte el secretario general de UPTA, «en muchos casos son personas que tienen un empleo por cuenta ajena y lo complementan con actividades autónomas». A esto se suma otro fenómeno preocupante: autónomos que se mantienen en activo solo para aguantar hasta la jubilación. «Hay algunos que siguen abiertos únicamente para llegar a la jubilación; muchas veces les recomendamos que lo dejen cuanto antes, porque un negocio así no se puede mantener y lo único que consiguen es generar más deuda». Desde UPTA aseguran que esto puede ir a más. Los datos que tienen manifiestan que habrá 5.000 jubilaciones de autónomos en los tres próximos años.

Sube el autoempleo en el cinturón de Logroño

Desde el punto de vista territorial, la pérdida de autónomos es generalizada. Logroño, Arnedo, Alfaro, Nájera o Haro registran descensos, lo que demuestra que el problema no es solo rural. Sin embargo, el impacto es más visible en los municipios pequeños, donde la desaparición de uno o dos negocios puede suponer la pérdida definitiva de servicios básicos. En contraste, el crecimiento se concentra en el entorno metropolitano de Logroño y en algunos polos económicos como Lardero, Villamediana de Iregua, Pradejón, Rincón de Soto o Calahorra.

La inmigración, sostén de los autónomos

Uno de los factores decisivos para sostener el sistema es la inmigración. Mientras el conjunto de autónomos cae, los trabajadores por cuenta propia extranjeros crecen en 95 personas en el último año. El empuje se concentra sobre todo en hostelería y construcción, pero también alcanza al comercio, la agricultura y, cada vez más, a los servicios. «La inmigración es clave en el autoempleo; de no ser por ellos, la caída sería mucho más significativa», resume Marzo.

La fotografía final deja pocas dudas. La Rioja tiene menos autónomos, más concentrados por sectores y territorios, y cada vez más dependientes del empuje inmigrante y de perfiles cualificados. El sistema no se hunde, pero se redefine. Y en ese proceso, se juega buena parte del futuro económico de la comunidad.

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