Agricultura

Innovación desde el aire: los drones llegan a la agricultura riojana

En busca de convertir la actividad agrícola profesional en una rentable y con futuro, Fernando Crespo tenía claro que el paso a dar pasaba por la innovación en el campo. Agricultor de hortícola en Villamediana de Iregua desde hace cinco años, recientemente ha emprendido un nuevo proyecto junto a Paldron, una empresa de Palencia especializada en aplicaciones agrícolas con drones.

Crespo, natural de Grañón, es uno de los primeros riojanos en obtener el carnet de piloto aplicador y el carnet de piloto de dron, ambos imprescindibles para poder emprender este proyecto con todas las garantías legales y técnicas. Estos equipos funcionan con tecnología punta como GPS y RTK, lo que garantiza la máxima exactitud en las aplicaciones, por lo que se trata de sistemas idóneos para la agricultura de precisión. «Además, se aprovecha el efecto del movimiento de las hélices para lograr una distribución homogénea y precisa del producto sobre el cultivo, incluso en condiciones difíciles», apunta este agricultor.

Con esta colaboración con la empresa palentina busca aprovechar todo el potencial de la tecnología para ofrecer servicios como aplicaciones de bioestimulantes, abonos CE, fertilizantes, siembras aéreas, imágenes multiespectrales, seguimiento de cultivos y también la venta de drones agrícolas DJI, «siempre con el objetivo de lograr una agricultura más eficiente, sostenible y competitiva». Un proyecto que han presentado también en el II International Agrotech Talent celebrado en Medina del Campo.

Esta herramienta, sin embargo, no plantea usarla en su explotación. El motivo es claro: «Apenas tengo algo más de una hectárea de cultivo hortícola, así que los tratamientos los hago con una mochila. Al final el dron está preparado para usarse en explotaciones más grandes y su mayor provecho se saca en momentos críticos».

Miembros del equipo PALDRON, con Fernando Crespo a la derecha.

Estos días ha estado trabajando en la aplicación de bioestimulantes en fincas de cereal en zonas de Navarra y Álava, así como en campos de ensayo para hacer demostraciones de la eficacia de dichos tratamientos y sus utilidades: «Gracias al seguimiento multiespectral, se detectan problemas en los cultivos antes de que sean visibles. Así mismo, se realiza una menor dispersión de productos químicos, menos emisiones y menor consumo de agua gracias a las aplicaciones a bajo y ultrabajo volumen».

«La agricultura moderna necesita herramientas que respondan rápido y con eficacia. Los drones no solo permiten ahorrar costes (en maquinaria, insumos y combustible) y recursos, sino que también protegen mejor nuestros cultivos en momentos críticos, como un brote de mildiu en viña, un encharcamiento que impide entrar con el tractor o una granizada que requiere actuar de inmediato. Apostar por esta tecnología es apostar por más productividad, más sostenibilidad, más tranquilidad en el campo y también por más seguridad para la salud, tanto por el mínimo contacto con el producto como por la evitación de riesgos de accidentes con el tractor en terrenos difíciles o en malas condiciones», remarca este agricultor.

En lo que respecta a ese ahorro de costes, cabe destacar que la inversión inicial a la hora de adquirir estos equipos también es elevada, más allá de la formación previa en el manejo de los drones y la obtención de los carnés de aplicador y de piloto correspondientes. «Un equipo completo puede rondar los 40.000 o 50.000 euros, que incluye el dron como elemento principal, más una cuba con removedor que siempre está en funcionamiento para que los productos estén bien mezclados con el agua. También llevamos un generador de gasolina para ir cargando las diferentes baterías del dron, porque estas tienen una duración de unos 5 minutos que es lo que tardamos en tratar una hectárea, en condiciones normales. En un día habitual, en función del tipo de terreno que se trabaja, se pueden tratar entre 15 y 30 hectáreas», calcula.

Pese a todas estas ventajas, sin embargo, la normativa actual todavía no se ha adaptado a estas nuevas tecnologías. «El Real Decreto 1311/2012 se ha quedado obsoleto, ya que está pensado más bien para aeronaves tripuladas como avionetas y helicópteros y no se adapta a la realidad de los drones, que trabajan a menor altura, menor velocidad y con menor consumo energético. Además, las interpretaciones distintas según comunidades autónomas y autoridades competentes generan incertidumbre, por lo que entre una cosa y otra la expansión de estas prácticas es difícil», explica Crespo.

Entre los cultivos en los que más eficaz y útil es la aplicación de estos drones destacan el viñedo y los árboles frutales, «precisamente por el efecto que hace la hélice a la hora de aplicar, porque mojas por todos los sitios». En el primer caso, se puede aplicar rápidamente productos ecológicos como el cobre, que puede salvar la cosecha. «Además, justo después de una granizada el dron nos permite entrar de inmediato para mitigar los daños ocasionados por el siniestro, por no hablar de que ofrece una cobertura uniforme incluso en terrenos irregulares o con pendientes, evitando la compactación del suelo y reduciendo el consumo de combustible».

Crespo tiene claro que esta tecnología cada vez es más presente que futuro, aunque quedan muchos pasos por dar. Confía en que más agricultores sigan sus pasos y confíen en este modelo de gestión agrícola que, en muchos casos, puede revitalizar una explotación. «Uno de los motivos por los que aposté por esto es porque siento que es la oportunidad de dejarle algo con futuro en el campo a mi hijo para el día de mañana, porque el sector está como está y, además, en el caso de la hortaliza las producciones no son abundantes. Nunca he querido desvincularme del campo, peor tenía que buscar otras alternativas que complementasen mi explotación».

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