Hay llamadas que parten en dos la vida cotidiana de una familia. Llamadas desde el colegio de tu hijo que no trasladan un mensaje de fiebre, de una caída o de un ‘no ha hecho los deberes’. Una llamada que sentencia: «Su hijo está acosando a un compañero».
Nadie está preparado para escuchar que su hijo no es la víctima, sino el que hace daño. Que no es el niño sensible ni bueno que en casa recoge los platos y abraza por la noche, sino el niño que acorrala a otro en el patio, que insulta, que empuja, que silencia a alguien más vulnerable.
Ese momento en el que el mundo se detiene comienza esta historia. En el nuevo episodio del podcast Mentes Abiertas (disponible en Ivoox, Spotify y Apple Podcast) decidimos entrar ahí, precisamente donde casi nadie quiere mirar: en el territorio del agresor. Lo hacemos con una pregunta que incomoda pero que no deja de ser urgente: ¿qué hay detrás de un niño que humilla a otro? Y para desentrañar esa madeja nos acompaña la psicóloga Ana Asiain, especialista en adolescentes y familias que desde el primer minuto propone mirar a ese niño no desde el juicio, sino desde la comprensión. No para justificarlo, sino para entenderlo.
Cuando habla de un acosador, Ana no imagina un pequeño monstruo. Lo describe de un modo que rompe la imagen cómoda del ‘niño malo’. Afirma que «el acosador también es un niño, un menor, y detrás de su conducta suele haber necesidades no resueltas que él no sabe cómo expresar». Una frase sencilla pero que deja poso porque te das cuenta de que el agresor deja de ser solo un verdugo para convertirse también en alguien que arrastra un dolor del que nadie se ha ocupado.
Cuando le pedimos a Ana que defina el bullying más allá de lo que repiten los titulares, no duda: «Son conductas agresivas, intencionadas y repetidas en un contexto escolar donde existe un desequilibrio de poder entre agresor y víctima». Y añade un matiz incñomodo: «En el bullying no sólo están ellos dos; también están quienes observan y, con su silencio, lo sostienen». Porque el acoso es un fenómeno que sucede en grupo, incluso cuando sólo uno pega o insulta.
Pero lo que más sorprende al hablar con esta psicóloga no es la explicación del acoso, sino la del agresor. ¿Qué lleva a un niño a hacer daño de forma repetida? Ella lo ve cada día: «Muchos niños que acosan sienten un dolor que no saben gestionar. Necesitan atención, comprensión o pertenecer a un grupo. Y cuando no tienen herramientas emocionales, externalizan ese dolor. Buscan, sin saberlo, que otro sienta lo que ellos llevan dentro».
Es duro escucharlo pero, si lo piensas, tiene sentido. La violencia no nace en un vacío. Nace, muchas veces, en un niño que no tiene palabras para explicar lo que le duele.

Por eso no sorprende que muchos padres reaccionen con incredulidad. «En casa es un niño perfecto», se escucha a menudo en las conversaciones con los profesores u orientadores. Y Ana lo confirma: «Los niños no se comportan igual en todos los contextos. En el colegio pueden recibir beneficios secundarios como el reconocimiento, el poder o la pertenencia que fuera no necesitan obtener». El mismo niño que en casa no levanta la voz, en el colegio puede convertirse en alguien muy diferente, simplemente porque allí el guion social es otro.
Al hablar de los factores de riesgo, Ana amplía el foco. La autoestima, el entorno o la presión del grupo influyen, sin embargo pero hay algo más profundo. «Como sociedad tenemos una falta enorme de inteligencia emocional. No enseñamos a los niños a regular lo que sienten ni a poner palabras a sus emociones». Y entonces surge un mecanismo que muchos reconocemos: educar con premios y castigos. «La educación basada en premios y castigos invalida al niño. Le enseña a comportarse para contentar a los padres, no para entender qué es bueno para él». Así nacen dos tipos de reacciones: los que complacen y los que imponen y ninguno aprende realmente a gestionar su mundo emocional.
A veces, el agresor ni siquiera empezó siéndolo. Empezó siendo víctima. Víctima de gritos, de exigencias imposibles, de modelos autoritarios. «La violencia no es sólo pegar, también es imponer siempre la voluntad del adulto sin enseñar alternativas». Ese niño crece entonces aprendiendo que la fuerza es un camino válido para resolver conflictos y lo replica donde en el patio de cole entre sus iguales.
Las familias suelen llegar a la consulta de un profesional devastadas. ¿Qué hacemos ahora? ¿Cómo se educa a un niño que ha hecho daño sin recurrir al castigo que perpetúa la misma lógica? «Para los padres es durísimo. Sienten culpa, sienten miedo. Y el miedo es mal consejero: les lleva a reaccionar desde la imposición, no desde la comprensión».
Pero para ello ofrece una ruta. La primera parada es hablar con el niño, no para interrogarlo, sino para entenderlo: «No basta con decirle que lo que hace está mal; hay que descubrir qué necesidad está intentando cubrir con esa conducta». La segunda, pedir ayuda profesional: «La terapia permite ver el contexto con objetividad y ayuda a asumir responsabilidades». Y la tercera, coordinarse con el colegio porque el acoso no se deshace desde una sola orilla.

Cuando tratamos el tema de los límites, Ana pronuncia una frase que deberían poner en práctica todas y cada una de las familias: «La conexión es más importante que la corrección. Y esto no significa dejar sin consecuencias lo que ha ocurrido, sino acompañar al niño para que aprenda otra manera de estar en el mundo. Porque poner un límite no sirve de nada si no va unido a una alternativa.
El cierre de este podcast vuelve, inevitablemente, a la pregunta inicial: ¿qué necesitan escuchar los padres que temen que su hijo pueda estar acosando? Ana no da un manual rápido. Da algo más honesto: «Necesitan sentirse acompañados. Saber que lo están haciendo lo mejor que pueden, pero que deben asumir la responsabilidad de intervenir para que no vuelva a ocurrir».
Y a los adolescentes que ya se ven atrapados en ese rol de agresor, les deja una puerta abierta: «Pueden aprender a hacer las cosas de otra manera. Se puede. Siempre se puede».
Porque en el fondo, de eso trata este reportaje: de mirar a esos niños sin justificar su conducta, pero sin olvidar que no nacieron sabiendo hacer daño. Y que, si intervenimos a tiempo, quizá podamos romper el círculo que convierte a un niño herido en un niño que hiere.

Mentes Abiertas, un podcast de NueveCuatroUno que cuenta con el patrocinio del Gobierno de La Rioja y la colaboración de Caja Rural de Navarra y la Universidad Internacional de La Rioja (UNIR).


