Cultura y Sociedad

Piezas que construyen vocaciones: la pasión infinita de Marcos por LEGO

El arnedano Marcos Jiménez atesora una de las mayores colecciones de LEGO del mundo

A Marcos Jiménez le regalaron su primer LEGO cuando tenía cuatro años. No recuerda exactamente qué modelo era, pero sí la sensación que le dejó: quiso más. A partir de ahí, cada cumpleaños y cada Navidad traían una nueva caja, un nuevo reto y, sin que nadie lo planeara, el inicio de una afición que hoy ocupa una habitación completa de su casa en Arnedo. «Fue mi madre la que me regaló el primero. Desde entonces, ya solo quería Legos», cuenta entre risas.

A los 15 años, Marcos ya no se entretiene con los sets infantiles de policía o bomberos con los que empezó. Su nivel ha cambiado tanto como su paciencia. Ahora trabaja con los modelos más complejos y voluminosos del catálogo. Entre sus construcciones terminadas figuran piezas que impresionan incluso a aficionados veteranos: el Titanic, el Destructor Estelar Imperial de Star Wars o el Coliseo Romano. Su próximo objetivo va aún más allá: la Torre Eiffel, el set con más piezas de toda la historia de Lego, unas 10.000.

En su casa tiene dos espacios diferenciados: uno para exponer y otro para construir. «Tengo una habitación solo para los LEGO, con estanterías y todos colocados. Pero para montarlos uso mi escritorio, donde estudio. Allí sí tengo superficie para apoyarme», explica. En esa mesa pasa unas tres horas a la semana -este año está en 4º de la ESO y los estudios mandan-, aunque reconoce que, si depende de él, sería mucho más. «A veces me dice mi madre ‘a cenar’, y yo le digo: ‘Un momento, que termino la bolsa’. Hasta que no la termino, no paro».

Marcos describe el proceso de montaje como algo casi meditativo: atención absoluta y desconexión total. «Me relajo. Me pongo y solo existen los LEGO», asegura. Para él, lo complicado no es tanto encajar las piezas como encontrarlas. «LEGO te da un manual que te indica qué pieza coger y dónde colocarla. Lo difícil es abrir las bolsas y buscar dentro». Contra todo pronóstico, nunca ha perdido una pieza, aunque sí vivió la experiencia —poco frecuente— de recibir un set al que le faltaba una. «Lo buscamos por todos lados. Al final reclamamos a LEGO y nos la enviaron».

Marcos llevó parte de sus construcciones a una exposición en Arnedo hace unos días. La respuesta fue un pequeño descubrimiento para él: niños y adultos se detenían alucinados frente a las piezas, y algunos visitantes incluso compartieron que también construyen o que diseñan sus propios modelos. Eso reforzó una idea que lleva tiempo rondándole: empezar a crear sus propias construcciones originales. «Es imaginación pura. Puedes hacer lo que quieras», explica. Su plan es dedicar parte del verano a diseñar con una aplicación especializada. «Luego pides las piezas que necesitas y te las mandan», añade con naturalidad.

Además del universo clásico de construcciones estáticas, Marcos quiere adentrarse en la gama Technic, basada en mecanismos reales: motores, poleas, engranajes, diferenciales. «Tengo algunos pequeños, pero quiero hacer uno grande. Eso ya es otro nivel», adelanta.

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