Cultura y Sociedad

El Sendero que marcó a toda una generación en Arnedo

En una época en la que los jóvenes de Arnedo apenas tenían espacios propios y el país avanzaba con pasos cortos hacia el final de la dictadura, un grupo de chavales decidió que era hora de abrir un camino. Literalmente. A finales de los años sesenta comenzaron a gestar lo que más tarde sería la Asociación Sendero Club: un lugar donde reunirse y divertirse. El nombre nació del propio paraje donde se asentó el local, un sendero que conducía a las huertas de Arnedo, convertido con esfuerzo en un punto de encuentro imborrable en la memoria de varias generaciones.

Aquellos jóvenes pusieron en marcha el proyecto con ahorros, alguna que otra ayuda y mucha voluntad. El 26 de septiembre de 1970, coincidiendo con las fiestas de Arnedo, se inauguró el edificio: un salón destinado a los bailes de la época. En esos primeros años solo abría los domingos, porque buena parte de la juventud trabajaba también los sábados, en un tiempo en el que la industria del calzado marcaba ritmos y horarios. Pero incluso con esa limitación, la necesidad de un espacio propio quedó clara desde el principio. Sendero no era solo un salón de baile: era una forma de estar juntos, de ensayar libertad.

El impulso cultural y social que generó aquel espacio creció con rapidez. En 1975, aprovechando la redacción de la nueva ley de asociaciones, el colectivo se legalizó y el local dio un salto decisivo: pasó a convertirse en una discoteca de dos plantas, en plena explosión de la música disco. Era la época dorada de Sendero. Cada fin de semana —y pronto cada jueves— el local se llenaba hasta arriba, con jóvenes de Arnedo, de Calahorra, de Alfaro y de un sinfín de pueblos del entorno. En aquellos años, como recuerdan muchos de sus antiguos usuarios, no hacía falta ir a Logroño para encontrar ambiente: La Rioja Baja tenía su propio ecosistema nocturno.

Sendero Club no solo se convirtió en referencia musical, sino también cultural y deportiva. Fue un motor económico y social que llegó a organizar y sufragar la mayoría de iniciativas culturales de Arnedo durante los años setenta y primeros ochenta: cine-club, exposiciones, charlas, teatro, conciertos, equipos deportivos en prácticamente todas las modalidades… Impulsó una peña festiva, colaboró de forma decisiva con RadioActividad -la emisora independiente del municipio-.

Pero todo ese impulso tropezó con un golpe durísimo. El 18 de julio de 1981, tras una sesión habitual de discoteca, un incendio arrasó el local. El impacto fue enorme. Sin embargo, lejos de resignarse, los socios volvieron a poner en marcha la maquinaria colectiva. En un tiempo récord, antes de Navidad de ese mismo año, Sendero reabrió completamente remodelado. La nueva discoteca era una de las más modernas del norte de España, un símbolo de resistencia y de comunidad.

La primera mitad de los años ochenta marcó otro periodo de esplendor. La asociación superó el millar de socios y la sala volvió a llenarse gracias a una programación de conciertos que hizo historia: Loquillo, Radio Futura, Los Planetas y tantos otros pasaron por su escenario, convirtiendo Sendero en una referencia rockera en toda la región. También en esos años comenzaron a surgir bares de copas en la zona, lo que introdujo una competencia creciente, aunque sin borrar la centralidad de la discoteca.

El exceso de actividad, sumado a las crisis económicas generales, llevó a un deterioro progresivo del local y a una situación financiera delicada que obligó al cierre a finales de 1992. Pero tampoco entonces Sendero desapareció. La entidad se adaptó, se reformó y, con el tiempo, volvió a abrir sus puertas. Desde 1998 retomó una programación regular, con cine, conciertos, actividades culturales y apertura estable los sábados por la noche.

Hoy la Asociación Sendero Club sigue siendo una de las entidades colectivas más importantes de Arnedo, con un objetivo que no ha cambiado desde sus inicios: ofrecer a los jóvenes un espacio propio, evitar que tengan que desplazarse a otras localidades para encontrar ocio y, sobre todo, mantener vivo el espíritu asociativo que impulsó aquel proyecto hace más de medio siglo. Su historia es, en realidad, la historia de unos jóvenes que supieron organizarse para crear cultura, generar ambiente y construir identidad. Una historia que empezó como un simple salón de baile y terminó convirtiéndose en un símbolo de la ciudad.

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