La Rioja

Lejos del estigma social: «Nuestros mayores se merecen todo»

Sorina Duvlea, trabajadora en la Residencia San Agustín de Logroño: «Nuestros mayores se merecen todo»

Sorina Duvlea, auxiliar de enfermería, y Mélani Rodríguez, trabajadora social, junto con Virtudes, usuaria de la Residencia San Agustín de Logroño. | Fotos: Leire Díez

Sorina Duvlea llegó a la Residencia San Agustín de Logroño hace quince años para realizar unas prácticas mientras lo compaginaba con otro trabajo en un sector completamente distinto al cuidado de personas mayores. No fue casualidad, sino que la profesión le tocó lo sentimental a raíz de asistir a una actuación de baile en la que participaba su hija en otra residencia de la capital riojana. «La emoción que vi entonces en los abuelos me impresionó mucho, así que no dudé en probar. Quería intentarlo y me cogieron para hacer prácticas aquí, en San Agustín. El primer día de trabajo llegué a casa totalmente enamorada de todo esto y solo quería que me cogieran después de acabar ese periodo de prueba», recuerda.

Hubo suerte y Duvlea no pudo hacer otra cosa que dejar su anterior trabajo de un día para otro porque su sueño se había cumplido. Ahora es la gobernanta de la residencia, encargada del personal auxiliar de enfermería desde 2019, y sigue igual de enamorada de su profesión, con plena vocación hacia el cuidado de los más mayores, algo que no abunda precisamente en la sociedad actual.

«Hay que reconocer que el trabajo es duro, física y mentalmente, y hay que tener mucha paciencia, pero aquí todo el personal ponemos todo de nuestra parte para cuidarlos lo mejor posible», remarca mientras se le escapa alguna que otra lágrima al relatar el vínculo que ha creado estos días con una residente que se encuentra ya en el final de vida a causa de un cáncer terminal: «Ella está muy bien a nivel cognitivo, pero me ha pedido que, por favor, pase tiempo con ella porque no quiere estar sola. Así que he trasladado mi despacho a su habitación para hacerle compañía durante todas las horas que pueda, sujetándole la mano. No somos su familia, pero al final ejercemos como tal porque para nosotras ellos sí lo son, tratando ante todo que no se sientan solos».

«Lo que sí necesitamos son más auxiliares de Enfermería. Da pena que exista ese estigma social hacia el cuidado de nuestros mayores cuando son quienes siempre nos han cuidado tanto. Es cierto que no podemos competir con otras residencias más nuevas en cuanto a instalaciones se refiere, pero lo que ofrecemos aquí es una gran familia, con un cuidado médico, pedagógico y sobre todo muy personal a diario. Aquí la atención es la clave de nuestros servicios porque queremos que los mayores entiendan que esto no es la etapa final de su vida, sino una etapa más en la que aprender cosas nuevas, relacionarse y, sobre todo, seguir activos y animados. Y para eso la estimulación física y cognitiva es imprescindible», remarca Duvlea.

En este sentido, el estudio previo de cada perfil es determinante. «Hay gente que en su juventud ha estudiado y otra que apenas sabe escribir, por ejemplo, o con unas profesiones muy diferentes. Primero escuchamos su historia de vida, tanto a ellos como de parte de su familia, porque no siempre coinciden los mismos intereses y descripciones. Al final trabajamos una atención centrada en la persona, a nivel individual, y tratamos siempre de darles autonomía porque queremos que vengan a este centro para que continúen siendo ellos mismos y aprendan nuevos intereses», incide Mélani Rodríguez, trabajadora social del centro.

Uno de los puntos fuertes de la residencia San Agustín de Logroño, la que más plazas públicas tiene (224 frente a las once privadas), es que es la única que cuenta con personal médico las 24 horas durante toda la semana, con tres médicas y el servicio de enfermería cubierto también. Además, y como factor diferencial, el centro cuenta con fisioterapeutas y terapeutas de lunes a domingo, cuando lo habitual es que hagan turnos de lunes a viernes, además de cocina interna, servicio de peluquería y podología. «Cuando los abuelos sufren cualquier caída, siempre hay una médica que los atiende rápidamente. Si hay que operar, después de la intervención, la rehabilitación la hacen aquí también porque contamos con los fisioterapeutas y personal médico necesario. Algo que es mucho más eficaz para ellos, además de que aquí contamos con farmacia hospitalaria. Sin embargo, si estuvieran en su casa el tiempo de asistencia y de rehabilitación posterior se prolongaría mucho más», apunta Duvlea.

«Los residentes no solo vienen aquí para recibir una atención sanitaria, que está cubierta en todo momento, sino que también es muy importante que estén animados y estimulados y para ello el papel de las médicas y enfermeras trasciende de una mera asistencia médica, sino que pasan tiempo con los residentes, escuchándoles y acompañándoles», añade Rodríguez.

Por no hablar de la motivación que reciben de manos de las animadoras socioculturales y de integración social que durante toda la semana se encargan de las actividades de ocio y culturales, realizando terapia con animales, con niños, así como talleres de cocina, de punto y ganchillo, manualidades,… «Colaboramos con centro juveniles, con asociaciones de víctimas de violencia de género, con ASPACE y con ARPA para que los mayores también estén con otros colectivos. Las relaciones intergeneracionales son clave y por eso promovemos este tipo de actividades que benefician a ambos grupos».

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