Tinta y tinto

Un futuro que pasa… sin parar

Hacía tiempo que no decíamos eso de que La Rioja es una isla (no por su geografía sino por su desconexión), pero desgraciadamente toca hacerlo otra vez ante las últimas ‘novedades’ conocidas esta semana. Una tierra sin mar, sin aeropuerto funcional y sin trenes que nos conecten con garantías a ninguna parte. Una comunidad donde moverse fuera de sus fronteras —y, en ocasiones, dentro de ellas— es una odisea. Lo hemos asumido con ese fatalismo tan nuestro, entre el chiste y la resignación: «Aquí solo llega, cuando llega, el tren chispita». Una broma que esconde una verdad incómoda: La Rioja apenas se mueve porque no nos dejan movernos.

Esta semana lo hemos vuelto a ver con toda su crudeza. La historia del tren en nuestra tierra es un catálogo de titulares prometedores, proyectos que se eternizan, obras que no empiezan, frecuencias que se recortan y anuncios que suenan a déjà vu. ¿Alta velocidad? Quimera. ¿Conexión directa a Zaragoza o Madrid? Ni está ni se la espera. ¿Mejores frecuencias de Alvia? Seguimos esperando. ¿Sustitución del viejo tren regional por Alaris? Prometida, pero desaparecida. ¿Autobuses supletorios mientras se hacen obras en la vía? Sí, eso sí.

Lo más sangrante es que no hablamos de una región perdida en el mapa. Hablamos de una comunidad bien situada, en el cruce de caminos entre el Cantábrico y el Mediterráneo, entre el Ebro y la Meseta, entre Bilbao y Zaragoza, entre Pamplona y Burgos. Un nudo estratégico convertido en una calle sin salida. Mientras otros territorios compiten con extrema ventaja por captar mercancías, turistas y talento, aquí seguimos con una única vía, trenes lentos y frecuencias que parecen pensadas por alguien que nunca ha cogido uno.

La gran noticia de la semana es que el Ministerio ha descartado el trazado ferroviario por Pancorbo consensuado en La Rioja en 2021 y da el visto bueno al estudio de viabilidad Logroño – Miranda (incluye tres alternativas presupuestadas entre 227 y 720 millones). Transportes ni siquiera ha analizado nuestra opción. Ni un folio. Ni una pestaña en el Excel. En su lugar, se ha elegido otra más larga y que, eso sí, evita expresamente pasar por Rioja Alavesa. Lo pone por escrito. La pregunta no es por qué se evita pasar por Álava. La pregunta es por qué se evita pasar por La Rioja. A lo mejor es por no molestar a nadie. A lo mejor es por costumbre.

Gracias al nuevo trazado, el viaje entre Logroño y Miranda se acortará en 21 minutos. Que sí, que es un ahorro significativo. Pero también es un premio de consolación. Porque seguimos sin fechas, sin obras y, lo peor, sin certezas. Porque ni siquiera es la opción que acordamos todos (en 2021 vivimos algo insólito: un acuerdo unánime entre el Gobierno regional, partidos, sindicatos y empresarios). Todos firmaron que el trazado más sensato para conectar Logroño con la alta velocidad era por Pancorbo. Tenía lógica, aunque ahora vemos que sólo para nosotros.

Dirigentes de PP, PSOE, Ciudadanos, IU, sindicatos y patronal, en 2021

Porque, mientras tanto, lo de llegar a Madrid en condiciones sigue siendo una utopía ferroviaria. Y porque no se trata solo de ir más rápido, sino de llegar mejor. De vertebrar el territorio. De que Miranda no sea una estación de paso y Logroño una terminal sin trenes. De dejar de ser el vagón olvidado del Corredor del Norte.

Y si miramos hacia el otro lado, la conexión con Castejón —donde se juega buena parte del futuro ferroviario riojano— también avanza al ralentí. Se ha adjudicado por fin la redacción de los proyectos de construcción para mejorar ese tramo, que permitirá subir de los 140 a los 220 kilómetros por hora. Una buena noticia, sin duda, pero que llega con el calendario en modo gallego: no se sabe cuándo, pero ya si eso, algún día. Se renovarán vías, se eliminarán pasos a nivel y se adaptará todo a futuro ancho europeo. Perfecto. Pero una vez más: se redactan los proyectos, no se inician las obras. Porque aquí lo único que circula más rápido que los trenes son las notas de prensa.

Lo cierto es que nos hemos acostumbrado a la precariedad. A que un retraso de media hora sea normal. A que el aire acondicionado no funcione. A mirar con envidia cómo otras comunidades pactan inversiones mientras aquí nos conformamos con que no nos quiten lo poco que tenemos. Como si fuésemos ciudadanos de segunda en una autonomía de tercera. Lo peor es que nos lo venden como avances. Como si el futuro fuera una promesa lejana que debemos agradecer incluso cuando no llega. Como si 21 minutos menos entre Logroño y Miranda fueran la alta velocidad. Como si un proyecto sin fechas para unir Logroño con Castejón fuera suficiente para conectarnos con el mundo. Como si el desarrollo logístico, turístico y económico no dependiera de algo tan básico como tener una red ferroviaria y de carreteras moderna, digna y funcional.

La Rioja no necesita promesas: necesita trenes y autovías con sus accesos a diferentes municipios. Reales, puntuales, cómodos, frecuentes. Necesita dejar de ser una isla entre llanuras. Necesita políticos que peleen por lo importante y no se conformen con la foto en Fitur. Porque sin trenes y mejores carreteras no hay movilidad. Sin movilidad no hay desarrollo. Y sin desarrollo, lo único que nos espera es una estación vacía, una vía muerta y un futuro que pasa… sin parar.

¿Quieres recibir a primera hora del día toda la información de La Rioja en tu e-mail?

* campo obligatorio
To Top