Mentes Abiertas

Afrontar la adicción de un ser querido: «Los adictos necesitan que les acompañen, no que les salven»

«Los adictos necesitan que les acompañen, no que les salven»

Se instala despacio, como una sombra, y se convierte en un terremoto que antes de sacudir deja temblores que nadie quiso ver o nombrar. La adicción llega disfrazada de ausencias, de llamadas sin responder o de un «está todo bien» que ya no convence.

Hablar de adicciones sigue siendo incómodo. Pero hay otra parte del relato que casi nunca se cuenta: la de quienes acompañan. Padres, madres, hermanos, parejas que sostienen, temen, se culpan y aprenden a poner límites. En este nuevo capítulo del podcast Mentes Abiertas (disponible en Ivoox, Spotify y Apple Podcast), Óscar Pérez, coordinador terapéutico de Proyecto Hombre La Rioja, y Minerva, hermana de un adicto, comparten cómo se sobrevive —y se ama— cuando la adicción entra en casa.

Óscar reconoce que la noticia llega de muchas formas. A veces alguien lo dice en voz alta, a veces lo dice la suma de pequeños desajustes. «De repente explicas muchas cosas que estaban pasando, es como un puzle que termina encajando. Y, a la vez, aparece la negación: ‘esto no puede estar pasando en mi casa’».

Este profesional advierte que últimamente llamamos adicción a todo, «pero la adicción es una enfermedad grave, crónica y puede ser mortal». Y aquí aparece el miedo a no poder salir, a que la persona no vuelva; también sobrevuela la culpa y las preguntas de ‘¿qué hemos hecho mal?’; la vergüenza del qué dirán, de cómo contarlo… Óscar insiste en no cargar la mochila donde no corresponde. «Hay que quitar el estigma de culpar a los padres. Nos responsabilizamos como adultos, pero la familia necesita acompañamiento, no culpabilización».

Minerva recuerda con detalle cómo empezó todo. Cuando era adolescente, apenas un par de años mayor que su hermano, empezó a notar actitudes y comportamientos fuera de lugar, «y su aspecto físico también iba cambiando». En casa, cada aviso rebotaba: «Me negaban y me respondían: ‘tu hermano no hace eso’. Y así pasaban los años.

Con el tiempo, Minerva seguía en sus trece. «Empiezas a ganar el título de detective. Preguntas, te niegan, lo protegen… y tú también lo proteges porque te cuesta ver la realidad». Y es que el estigma pesa. «Me dolía escuchar la palabra ‘yonqui’. Éramos una familia humilde, muy conocida en el pueblo. No quería aceptar esa realidad».

El punto de inflexión llegó del propio afectado. «Fue él quien me dijo que tenía algo que contarme». Minerva ya intuía el derrumbe: «Se echó a llorar, lo pasó muy mal». Y entonces ella puso sobre la mesa las cartas: «Hay varias opciones: salvar la vida o desaparecer». Afortunadamente, «eligió vivir y empezamos el tratamiento». Y así es cómo Minerva comenzó el camino de la salvación. «Él puso mucho, pero yo también».

Acompañar sin salvar

Cuando la adicción sale a la luz, la inercia familiar suele ser apagar incendios: pagar deudas, cubrir excusas, arreglar papeles. Pero Óscar lo deja muy claro: «Los adictos necesitan que les acompañen, no que les salven. Salvarse es cosa de cada uno».

Pero, ¿por qué cuesta tanto? Por miedo al conflicto, por proteger la imagen, por un amor que confunde cuidado con rescate. Óscar propone caminar con una brújula: «Poner límites no es lo contrario del amor; es una forma de amor. Si te pido que llegues a una hora, que no consumas, que aclares tus cuentas, no es control: es preocupación y amor. Dicho así, el límite se sostiene mejor».

Minerva lo extrapola a su casa: «Yo fui muy hacedora. Lo que nos pidieron desde Proyecto Hombre, lo hicimos. Blanco, blanco; negro, negro». Al principio, confiesa, «desconoces toda esta batalla», pero la coherencia es parte del sostén.

En cualquier caso, el acompañamiento desgasta. La palabra que lo resume todo es codependencia: hipervigilancia, control, vida en alerta. De ahí que el tratamiento no sea solo para quien padece la adicción. «Nosotros éramos coadictos de la enfermedad de mi hermano».

Minerva también entendió que ella necesitaba ayuda. «Yo también me puse en tratamiento. Igual que él recuperaba su vida, yo necesitaba recuperar la mía. Hay que aprender a cuidarse también uno mismo. Tienes derecho a volver a estar bien».

Hoy su hermano está bien: tiene su trabajo, su rutina y sus ganas de vivir. «Es una persona más, como todos nosotros». Ella también es distinta. «Me considero mejor que antes. Entiendo las cosas desde otro punto, acepto primero, proceso y luego actúo».

A raíz de toda su historia, Minerva colabora en grupos de ayuda a familias. «Tener enfrente a alguien que te entiende porque ya estuvo ahí es muy importante. Antes de estar aquí, yo estuve aquí, les digo».

En La Rioja, Proyecto Hombre trabaja con programas ambulatorios y con comunidad terapéutica cuando la persona necesita un sostén más intenso. «Atendemos a personas en tratamiento y también a familias cuyo familiar aún no quiere tratarse», explica Óscar. Desde sus inicios, la organización entendió que la familia «siempre es parte de la solución», y por eso ofrece grupos de encuentro y terapia familiar, además de espacios específicos para mujeres y parejas.

Espacios muy necesarios porque, tal y como explica Óscar «hoy el problema está en el corazón de la sociedad: alcohol, droga, juego, pantallas». El estigma, sin embargo, se resiste. «En los 80 identificábamos la adicción con la marginalidad. Hoy es tu compañero de trabajo, tu vecino, tu hijo. Y aún así persiste el juicio moral: ‘Si sigue consumiendo es porque quiere’. No, eso no es verdad».

El cambio no solo acontece en la persona, sino que reverbera en todo el sistema. «He visto desaparecer parejas cuando la persona deja de consumir», cuenta Óscar, «y también familias que se recomponen con otros valores». La de Minerva fue una piña de cuatro —padres e hijos—, pero no idealiza el camino: «Da mucho miedo. Te invade la pena, la rabia, la tristeza, y te cambia todo».

Óscar concluye en este podcast que «los milagros existen porque se trabajan. He visto vidas darse la vuelta cuando hay mano profesional y familiar. La esperanza no es fe ciega, es acompañamiento constante».

Mentes Abiertas, un podcast de NueveCuatroUno que cuenta con el patrocinio del Gobierno de La Rioja y la colaboración de Caja Rural de Navarra y la Universidad Internacional de La Rioja (UNIR).

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