Cultura y Sociedad

La demanda de profesionales de estética se dispara: la carrera del bienestar

La demanda de profesionales de estética se dispara en La Rioja

Durante décadas, la palabra estética’ evocaba una imagen frívola, casi superficial. Pero algo ha cambiado. La belleza se ha convertido en una forma de bienestar, de pausa, de reconciliación con uno mismo. Y en ese cambio, profesionales como Raquel Larrea, directora de la escuela y centro de estética que lleva su nombre, se han convertido en referentes de una nueva generación que entiende el cuidado personal no como lujo, sino como una necesidad emocional y física.

«Pienso que el auge del sector se debe a la gran demanda que hay hoy en día con todo lo que tiene que ver con el bienestar y la necesidad de gustarse a uno mismo», explica Raquel. «Vivimos muy expuestos, constantemente observados, y eso ha ampliado la demanda de servicios y, por tanto de profesionales. Antes el público era mayoritariamente mujeres de más de 40 años. Ahora, sin embargo empiezan a cuidarse desde muy jóvenes, chicas y chicos».

 

Actualmente, las especialidades más demandadas por los profesionales que se adentran en esta profesión son los tratamientos faciales, sobre todo los que se llevan a cabo con la última aparatología y la cosmética avanzada. «Trabajamos con principios activos que permiten resultados más rápidos y visibles. Pero también hay una gran demanda del bienestar personal: masajes, envolturas, todo ese mimo que la gente necesita, es el tiempo para mí que cada vez más personas buscan».

Raquel habla de la estética con la pasión de quien ha hecho de su oficio una forma de vida. «Desde muy chiquitita tuve claro cuál iba a ser mi profesión. Estudié estética y mi objetivo era tener mi propio centro, que abrí hace 25 años. Después, con el tiempo, sentí la necesidad de formar a otras personas, de transmitir esa pasión».

Y así, hace siete años cumplió su sueño de abrir una escuela. «Creía que en La Rioja hacía falta una formación de calidad, pero también con alma. Quería enseñar desde la pasión desde el primer día».

En su escuela no hace falta un título previo para empezar, «solo ganas y actitud». Además, este mismo año les han acreditado oficialmente, y «ahora impartimos certificaciones profesionales. Según el nivel, se requiere tener bachiller, grado medio o superior».

Sus cursos duran entre cuatro y siete meses y medio, dependiendo del módulo. «El curso básico se llama Esencia Estética. Ahí se trabaja la estética en general. Luego están los módulos de masaje, quiromasaje, maquillaje, estética corporal, manicura y pedicura o drenaje linfático. También ofrecemos módulos sueltos para quienes ya son profesionales y quieren reciclarse».

Cambio social

El perfil de sus estudiantes refleja el cambio social que vive la profesión. «El 90 por ciento son mujeres, con una media de 25 años. Hemos tenido hombres, sobre todo en masajes, y cada vez son más las alumnas latinoamericanas, que sienten una gran afinidad con este mundo».

Algunos llegan con una idea muy clara —»quiero dedicarme al mundo de las uñas», le dicen—, pero la mayoría descubre su vocación dentro del aula. «Siempre les explico que la estética abarca desde la cabeza hasta los pies. Es un abanico enorme, no puedes cerrarte solo a un área. A medida que estudian, se dan cuenta de lo que les gusta, de dónde se sienten más seguras».

Y cuando terminan, las salidas laborales son múltiples: «Puedes abrir tu propio centro o o spa, trabajar en hoteles, balnearios o ser técnico de una firma cosmética. También hay muchas oportunidades en el ámbito comercial para quienes prefieren el trato directo con productos y marcas».

Una profesión en constante evolución

Raquel reconoce que la estética de hoy no tiene nada que ver con la de hace treinta años. «Sobre todo en la última década, ha habido un avance brutal tanto en la cosmética como en la tecnología. Tienes que estar reciclándote continuamente, probando, estudiando, aprendiendo. No puedes permitirte que tus clientas sepan más que tú».

Lo dice entre risas, pero no le falta razón. «Internet ha hecho que la gente tenga acceso a toda la información. No puedes quedarte atrás. Aunque no puedas tener todos los aparatos —porque son muy caros—, tienes que conocerlos, saber qué hacen y cómo funcionan».

Además, también hace referencia a la revolución que está viviendo la cosmética. «Las firmas tienen sus propios laboratorios y departamentos de I+D. Están constantemente investigando nuevas formulaciones, principios activos más potentes y, sobre todo, que penetren mejor en la piel para cumplir su función. Es impresionante cómo ha evolucionado».

Raquel habla con entusiasmo, pero también con honestidad. Sabe que no todo el mundo que se acerca a esta profesión lo hace por vocación. «Antes sí que me molestaba cuando alguien decía que la estética era para quien no servía para otra cosa. Hace 30 años, a los que no íbamos a bachillerato o se iban por FP nos llamaban los ‘tontos’. Pero eso ha cambiado, por suerte».

Hoy, la estética es una profesión técnica, exigente y profundamente humana. «Trabajamos con el cuerpo humano. Hay que tener conocimiento, destreza y también empatía. Es un trabajo íntimo. Estás con una persona en una cabina de pocos metros, solo tú y ella. Generas confianza, bienestar, confidencia. Muchas veces, además de esteticista, eres confidente, casi psicóloga».

Y eso explica el auge del sector. «Vivimos rápido, pero la gente busca parar. La estética te da ese espacio. Por eso cada vez hay más demanda, más alumnos y más centros. Porque al final, la belleza no es vanidad, sino bienestar, equilibrio y autoestima».

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