La cosecha 2025 de la DOCa está prácticamente concluida. La climatología ha permitido esperar a que las uvas madurasen en tiempo y forma, alcanzando el ansiado equilibrio entre la madurez fenólica y la alcohólica. Una espera que algunas bodegas han querido (y podido) aprovechar, llegando a alagar su cosecha más allá del Día del Pilar al que muchos no esperaban llegar dada la poca producción que ha caracterizado este año.
El último parte de arrastre emitido este jueves por el Consejo Regulador de la DOCa cifra en 225.460.419 kilos de uva, de los que 177.146.536 corresponden a variedades tintas y 33.285.368 a las blancas.
Por zonas, Rioja Oriental cuenta con 62.573.275 kilos recepcionados en las bodegas de esta zona (52.596.660 de tintas y 9.976.615 de blancas), Rioja Alta acumula 101.191.051 kilos (84.673.651 de tintas y 16.517.400 de blancas) y Rioja Alavesa, 61.682.643 kilos (54.409.720 de tintas y 7.272.923 de blancas).
La vendimia fue perdiendo fuerza a partir del 25 de septiembre (más allá del parón que provocaron las lluvias del 20 y 21 de septiembre), cuando los remolques de uvas tintas comenzaron a rebajar su peso. Por otro lado, los de blancas ya empezaron a disminuir carga a partir del 18 de septiembre.
Así, a falta de esas últimas entregas de uva que queden por recoger (si las hay, serán muy escasas), y sin contar esa vendimia tardía que se realiza llegado el invierno, la campaña actual se ratifica como la más escasa de los últimos 35 años (en 1990 se recogieron unos 225 millones de kilos también). Con la diferencia de que por aquel entonces en Rioja había unas 43.000 hectáreas en producción, frente a las cerca de 66.000 que hay en estos momentos.
Una campaña más escasa incluso que las que dejaron los años de las históricas heladas, como la de 2017, en la que se contabilizaron 349 millones de kilos de uva, o más lejana como la de 2002, con 284 millones.


