El calendario avanza. El otoño ha comenzado y, con él, las expectativas de miles de aficionados a la micología que esperan estas fechas para disfrutar de la llegada de las primeras setas. Pero este año parece que la cosa está siendo más complicada de lo normal, sobre todo en zonas del interior peninsular como La Rioja. La falta de lluvias en agosto y en la primera quincena de septiembre ha dejado los montes secos, sin la humedad necesaria para que los hongos comiencen a brotar. «Fundamentalmente ese es el tema: está todo muy seco», resume Josué Rodríguez, experto micológico y buen conocedor de los ‘nichos seteros’ riojanos, que insiste en que ni el campo ni los aficionados podrán ver resultados hasta que lleguen precipitaciones «generosas y estables».
Durante estos últimos días ha caído algo de agua en la región, pero en cantidades demasiado escasas como para cambiar el panorama. «Muy poquito, nada…», lamenta. La clave, explica, es que llueva en torno a 40 o 50 litros en pocos días, una cantidad que empape la tierra de manera suficiente. A partir de ese momento, si las temperaturas acompañan y se mantienen en un rango suave, entre 20 y 25 grados, los montes podrían empezar a llenarse de setas unas dos semanas después. «Con esa base, empiezan a salir en general. Hay variedades que necesitan menos tiempo y otras que requieren algo más, pero la media está en torno a esos quince días», precisa el experto.
La falta de agua no significa que la temporada se vaya a perder del todo, aunque sí que se retrase. El problema es que algunas especies, las llamadas setas termófilas (propias de finales de verano y que requieren temperaturas por encima de los 20 grados), podrían no llegar a aparecer. «Si cuando llueve ya hace más frío, por debajo de esos 20 grados, esas variedades no saldrán», explica. En cambio, las especies más típicamente otoñales, que prosperan en temperaturas más bajas —entre 5 y 20 grados—, sí tienen más posibilidades de desarrollarse, siempre y cuando no se produzcan cambios bruscos, como pasar directamente de un ambiente templado a heladas intensas.
Hoy por hoy, en La Rioja y zonas cercanas aún no merece la pena salir al campo, salvo en lugares muy concretos con humedad natural, como riberas de arroyos o enclaves de umbría. En el norte, sin embargo, la situación es distinta. Así que los seteros van a tener que viajar. En Vizcaya, por ejemplo, donde las lluvias han llegado antes y con más fuerza, ya se están recogiendo las primeras cestas. «En la costa llovió bien hace dos semanas y, además, se ha mantenido el fresco y sigue lloviendo. Eso ha permitido que ya estemos empezando a coger cositas en esa zona».
Mientras tanto, en territorios más secos la paciencia sigue siendo la única receta: esperar a que el agua haga su trabajo y confiar en que, aunque tarde, la temporada acabe ofreciendo al menos un final digno para quienes disfrutan del ritual de buscar setas en los bosques cada otoño. Si no siempre nos quedarán los Rolex…


