San Mateo

San Mateo Intercultural: «Y nadie en Logroño se siente extranjero»

San Mateo Intercultural: «Y nadie en Logroño se siente extranjero»

Roxana Villagómez (izquierda), junto al resto de representantes de la Casa de Bolivia en La Rioja.

Logroño ya mira por el retrovisor su semana grande. Y aun así, nada le impide sentirse «chévere» al abrir sus fiestas a las decenas de culturas que encontraron en La Rioja el mejor renque en el que arraigar sus proyectos vitales. La estadística afirma que uno de cada cinco riojanos nació fuera de España. Porcentaje que, en el caso de los jóvenes (el motor social de un territorio), crece hasta uno de cada tres riojanos. No es de extrañar, por tanto, el mosaico cultural que este domingo ha inundado el Paseo del Espolón, con motivo del San Mateo Intercultural.

Bolivia, Colombia, Marruecos, Ecuador, Ghana, Nigeria, Ucrania, Argentina son, entre otros, los países que se han abierto un hueco en el corazón de la capital riojana para hacer buena la estrofa más coreada del Himno a Logroño: «Y nadie en Logroño se siente extranjero». Porque, aunque corren tiempos ciertamente turbios en cuanto a la proliferación de discursos de odio, los ‘nuevos’ riojanos de raíces foráneas siguen destacando el carácter abierto e integrador de la comunidad más acogedora del mundo.

Entre los participantes de este San Mateo Intercultural se encuentra Nour, natural de Siria, que lleva un lustro viviendo en Logroño y ya habla un perfecto español, con el que explica que su familia llegó a La Rioja huyendo de una situación «dificilísima en nuestro país a causa de la guerra».

Nour (con hiyab, a la izquierda), junto a su familia.

En su puesto del Espolón, como los del resto de asociaciones de extranjeros, Nour seduce a los logroñeses con lo mejor de la cocina siria: con «tenemos dulces, salados, falafel, pollo con leche, bacalao con nata, nueces…».

A apenas unos pasos de allí charlamos con Andrea, presidenta de la Asociación de Peruanos Residentes en La Rioja (APRELAR). Llegó desde su país cuando apenas tenía 9 años y hoy, dos décadas después, afirma sentirse «más riojana que peruana». De hecho, el suyo es el vivo ejemplo de las raíces de una segunda generación de inmigrantes plenamente integrados en una comunidad: «La sangre llama y al nos hemos juntado varios compañeros que nos conocimos desde pequeños, cuando nuestros padres se juntaban, y hemos sacado adelante la asociación».

Andrea (izquierda), preparando bocados típicos de su país.

Un océano separa a La Rioja de Perú. Y aun así, a ambos territorios les une su orgullo por la gastronomía local: «La cocina de Perú es la mejor del mundo, gracias a la variedad de ambientes y territorios: tenemos costa, selva y sierra», explica, mientras presume del ceviche, los tamales, el pan con chicharrón o las papas rellenas que ofrece en su puesto.

Andrea tiene sensaciones encontradas respecto a la decisión de haber ‘sacado’ del calendario oficial de fiestas la iniciativa del San Mateo Intercultural, que ya no se celebra durante la semana, sino el domingo. «Aunque se pierde un poco la conexión con San Mateo, al celebrarse al final de las vacaciones más gente regresa a casa y se acerca a conocerlo», explica.

Desde Colombia, Lina Zamora y su equipo presumen en su puesto de productos de cuero y artesanía, además de empanadas, arepas y papa rellena. Ella, en cambio, valora como positiva la llegada de la iniciativa al Espolón: «Antes (en la Plaza de San Bartolomé) era más pequeño, pero ahora al aire libre es mejor tanto para nosotros como para la gente que viene a probar».

Lina Zamora (izquierda), despachando su puesto en El Espolón.

Con un marcado acento bogotano, Zamora también proclama las bondades de la gastronomía colombiana, representada este domingo a través de «empanadas de carne, papa rellena y arepa de huevo, que es muy típico de nuestra región».

El crisol cultural (y gastronómico) en el que se ha convertido El Espolón también cuenta con la aportación de un nutrido grupo de ‘riojanos bolivianos’. Roxana Villagómez está al frente de la Casa de Bolivia en La Rioja, tierra a la que llegó hace ya un cuarto de siglo y en la que nacieron sus dos hijos, que «están superintegrados» en la cultura local.

Aunque expresa cierto temor ante el auge de los discursos de odio, Villagómez celebra que «desde el minuto uno en que llegamos aquí nos hemos sentido siempre plenamente integrados. Notamos el cariño cuando la gente se acerca a interesarse por nuestros productos y nuestros alimentos -en pocos minutos vuelan sus ‘salteñas’, sus empanadas y su gelatina de pata, que «es puro colágeno, bien rico»-, y confiamos en que siga así gracias al buen trabajo que hacen los servicios sociales en ese sentido».

No solo se come -aunque se come, y mucho- en el San Mateo Intercultural, que casi sin solución de continuidad alterna actuaciones musicales o exhibiciones de bailes en la Concha del Espolón. Una cita que abre una ventana al resto del planeta a través de los testimonios de quienes llegaron buscando un futuro mejor y arriman el hombro en una ciudad que presume a pleno pulmón de que «nadie en Logroño se siente extranjero».

¿Quieres recibir a primera hora del día toda la información de La Rioja en tu e-mail?

* campo obligatorio
To Top