El Rioja

Almuerzo de vendimias entre carrascas

Javier Jiménez (segundo por la izquierda), junto a su cuadrilla de amigos tras una mañana de vendimia en Quel. | Foto: Leire Díez

Javier Jiménez y su hermano Víctor ultiman su vendimia 2025 en la viña más mimada de casa. Apenas siete fanegas de cepas de garnacha muy viejas en territorio de Quel, entre carrascas y a los pies de Monte Gatún, están desprendiéndose de sus últimos racimos en una mañana de finales de septiembre. El sol ha querido ser el protagonista de la jornada, así que poco a poco las chaquetas van quedando atrás para dar paso a la manga corta. En esta parcela las vendimias siempre se han hecho en familia y esta vez no iba a ser diferente. Una cuadrilla bien ataviada para la faena acompaña a los dos hermanos, con Alejandro Perfecto, llegado desde Aldeanueva, y otros cinco amigos más. Renque arriba, renque abajo y cunacho al hombro.

Alguno es ya veterano en esta faena del campo, pero todos aportan sus manos para hacer de la jornada una más llevadera. Entre charla y charla las tijeras no dejan de cortar y todos apuran para acabar esa fila antes de hacer un parón. Un parón muy esperado y es que no hay buena vendimia en cuadrilla sin el famoso almuerzo. Para gustos los platos, pero tratándose de un mantel colocado al azar sobre un pequeño ribazo a la sombra de una encina, lo más común es que no falte el embutido y el pan. A este almuerzo en cuadrilla con chorizo y salchichón también se han sumado un par de tortillas de patata, obra de la madre de Javier y Víctor, paté y queso. Y pese al traqueteo que han llevado las bolsas portadoras de la comida en el viaje desde la cocina hasta la viña, todo ha llegado, así sí, perfectamente colocado. Y las tortillas, aún templadas.

Bocado va, bocado viene. «Ya poco queda para acabar». «Habrá que enganchar la pala y traerla para echar lo que falta». «Pues para el año que ha sido aún ha traído uva esta viña». Y de repente entra en esta escena costumbrista de La Rioja rural el elemento que ha reunido durante esta mañana de vendimia a todos estos amigos: el vino. Un descorche rápido y a catarlo. Esta vez no hay un porrón al uso, pero sí un porrón pompero decantador, lo que permite beber cómodamente de la botella con la misma filosofía de compartir.

Y por si una botella no era suficiente, mejor contar con dos. «Y si son diferentes, mejor, así probamos ambas cosas». Con tiento, eso sí, que aún hay que seguir llenando cestos un rato más, pero disfrutando de los almuerzos de vendimias, como los de antaño, en familia y con amigos.

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