Los primeros remolques de uva tinta de la campaña empiezan a agolparse en la entrada de la Cooperativa Vitivinícola de Sotés. En su mayoría, con cargas de entre 3.000 y 5.000 kilos. Remolques de poca capacidad, cuyo volumen máximo permitido es de 9.000 kilos, para evitar que esos racimos cortados a mano (las máquinas vendimiadoras no entran en las viñas de los 132 socios con los que cuenta esta bodega) se manipulen en demasía antes de llegar a las tolvas. La báscula de pesaje los recibe y ‘el gancho’ los analiza. Es el último muestreo antes de descargar en las tolvas de esta cooperativa que el pasado mes de junio sopló sus 25 velas de trayectoria.
Sergio Alonso lleva ejerciendo como presidente de la misma durante las últimas dos cosechas y lo hace, además, siendo el representante más joven de una cooperativa no solo a nivel de La Rioja, sino de todas las sociedades a nivel nacional. A este joven de Sotés de 29 años, y que ya afronta su cuarta vendimia como agricultor, todavía le sorprende que en estos dos años y medio que lleva al frente de la bodega del municipio todavía no haya relevo generacional más reciente en todo el país.

El estreno oficial de la vendimia 2025 en la cooperativa llegó a principios de la pasada semana con las primeras blancas, aunque luego los resultados de los muestreos en viñedo obligaron a parar unos días hasta empezar con las tintas. Una vendimia, sin embargo, que ya se atisba muy corta en el tiempo (y, evidentemente, también en producción). «En años buenos solemos llegar a los dos millones de kilos de uva, aunque lo normal es rondar los 1,7 o 1,8 millones. Ya el año pasado recogimos millón y medio y esta campaña rondaremos el millón de kilos, con las granizadas como principal motivo más allá de que ya venía poca uva este año. Los agricultores que llevan más tiempo aquí ya dicen que no recuerdan un año con tan poca uva como este. Uva, además, que no pesa», remarca Alonso, también vocal en el pleno del Consejo Regulador de la DOCa Rioja en representación de FECOAR (Federación de Cooperativas Agrarias de La Rioja).
José Miguel acaba de llegar a la cooperativa en su John Deer con un remolque lleno: «Acabamos de empezar y estamos recogiendo en la zona donde pegó algo algo del granizo de la tormenta de mediados del pasado junio, por lo que hay poca uva. Aunque es algo generalizado el que hay muy poca cantidad. Eso sí, la uva que ha aguantado en principio está muy sana. Además, llevamos dos meses en los que no ha llovido nada y eso al final se nota en la planta y en su sanidad». Él es uno de los viticultores veterano que quedan en Sotés, socio también de la cooperativa desde sus inicios, y se define por ello como «una especia en extinción, de los pocos que quedan ya». Estas vendimias son las primeras en los últimos 25 años que ha tenido que echar mano de una ETT (Empresas de Trabajo Temporal) para conseguir una cuadrilla de temporeros. «Hasta este año llevaba trabajando siempre con las mismas personas, pero al final no han venido, así que me he apañado con este nuevo sistema. A ver qué tal ahora», refleja mientras se mete de nuevo en la cabina del tractor. Es su turno para medir el grado y por detrás ya tiene a otros cuatro remolques más esperando descargar para volver a la viña.

Ante tal escasez de cosecha, la organización en bodega también ha variado, reajustando los recursos para trabajar de manera más óptima. Aunque la cooperativa tiene capacidad para elaborar unos 2,5 millones de litros (cubre unas 300 hectáreas de viñedo, la gran mayoría correspondientes a tempranillo tinto, garnacha y mazuelo, junto con algo de viura), este año solo se van a usar los depósitos de la parte central de la nave. Estos son autovaciantes y autolimpiantes, por lo que suponen un ahorro de tiempo y esfuerzo físico, frente al resto que hay que vaciarlos a mano. Depósitos que llegaron en grúa a la bodega en el año 1999, y se estrenaron con la elaboración de la vendimia del 2000 como la primera añada de la cooperativa. «Tal vez no se han hecho grandes inversiones en la zona social ni en otros asuntos de menor importancia, pero desde el principio esta bodega ha actuado con bastante perspectiva, con unas instalaciones modernas con equipos y maquinaria buenos y prácticos en pro de la calidad de las elaboraciones. De traer buena uva ya nos encargamos en el campo, pero aquí también hay que manipularla lo mejor posible para luego venderla», incide el presidente.

Una política por la que apostaron de manera decidida ya los 98 socios fundadores, procedentes de las localidades de Sotés, Ventosa, Hornos de Moncalvillo y Daroca de Rioja, y que se mantiene a día de hoy por los 132 socios actuales de esta cooperativa, la cual funciona cien por cien como granelista. Este modelo de negocio que ha perdurado en los 25 años de vida de la bodega, asegura Alonso, no ha sido un problema para asegurar su viabilidad, ni siquiera en los últimos años en los que los graneles de las cooperativas han sufrido importantes caídas en precio. Todo lo contrario.
«Hubo años buenos en los que muchas cooperativas se animaron a hacer grandes inversiones, como en embotelladoras, por ejemplo. Unas inversiones que en algunos casos, llegados estos malos años de precios, no les han podido dar la vuelta. Hay que tener en cuenta que una embotelladora implica muchos costes de elaboración, embotellado y comercialización, teniendo en cuenta el personal extra que supone. Nosotros nos hemos mantenido más conservadores y no nos ha ido mal así. Es más, si pensara que embotellando íbamos a ganar más aún teniendo también mayores gastos, pero con unas cuentas que salen mejor, ya estaríamos embotellando. Tal vez no con una línea propia de embotellado, pero sí con empresas embotelladoras portátiles. Sin embargo, vemos que es todo lo contrario y tal y como trabajamos ahora conseguimos reducir más los gastos fijos de la cooperativa y vender el vino a un buen precio», sentencia Alonso.

Un vino que compra CVNE desde hace ya 15 años. La cooperativa se encarga de las fermentaciones, pero los costes de elaboración corren a cargo de la bodega jarrera. Además, en el caso del blanco ni siquiera se elabora en Sotés, sino que se prensa la uva y CVNE se lleva el mosto directamente. «El blanco ya no lo tenemos en bodega y el tinto saldrá mayormente en el primer trimestre de 2026. Somos conscientes de que tal y como están las cosas ahora es una suerte tener este tipo de contratos a largo plazo, porque para las próximas campañas tenemos ya asegurada la venta de vino también. Esto da mucha tranquilidad al agricultor y lo cierto es que en cuanto a precios, al menos en mi caso, tampoco me puedo quejar. Además, la gestión de las vendimias con la bodega es muy flexible en cuanto a fechas y demás, al final confían en el buen hacer y conocimiento del viticultor».
Pese a ello, la cooperativa ya ha sufrido algunas bajas en el último año. «Socios que tenían el campo como una fuente de ingresos complementaria a su trabajo principal, pero que ya no les compensaba. Ni siquiera teniendo todo el vino vendido y todo cobrado, una situación que no ocurre en todas las cooperativas y que al final es muy complicado de sostener en el tiempo», reconoce el presidente de la bodega de Sotés. Por delante quedan pocos días más de vendimia aquí. Si en años normales la cosecha se prolonga durante unos 16 días, esta vez calculan que en una semana se recogerá todo. La vendimia del blanco ya ha sido muy rápida de por sí, no llegando apenas a los 80.000 kilos de uva, así que todos los esfuerzos se centran ahora en las variedades tintas.



