La Rioja

Un viaje de cuatro décadas: de 84 a 12 muertos cada año en las carreteras riojanas

La evolución de la siniestralidad vial en La Rioja durante las últimas cuatro décadas refleja un cambio radical en la seguridad en carretera. A mediados de los años ochenta, los accidentes mortales dejaban cada año más de setenta fallecidos en la comunidad. El pico se alcanzó en 1987, con 84 víctimas mortales (casi dos a la semana). Una cifra que hoy resulta impensable. Sin embargo, el trabajo continuado en materia de seguridad vial, el desarrollo de las infraestructuras y la concienciación ciudadana han permitido reducir la cifra hasta niveles históricamente bajos. La Rioja ha registrado, en lo que va de año, seis fallecidos en las carreteras riojanas.

La tendencia descendente se empezó a notar de forma clara a partir de los años 2000. Mientras que en 1990 se contabilizaban todavía 80 muertes, en 2007 la cifra había caído hasta 51. El desplome más acusado llegó entre 2008 y 2013, cuando los fallecidos pasaron de 30 a apenas 16. En paralelo, el endurecimiento de las sanciones por alcohol y velocidad, la implantación del carnet por puntos y la mejora del parque automovilístico se tradujeron en un cambio de hábitos al volante.

El salto más significativo se observa en la última década. Desde 2012, cuando todavía se registraban 13 muertes, la cifra ha seguido una línea claramente descendente: 11 en 2014, 10 en 2018, 6 en 2025 (dato provisional). La Rioja se consolida así como una de las comunidades autónomas con menor siniestralidad vial en España, un hecho que los expertos atribuyen no solo a la mejora de la red viaria, sino también al refuerzo de la vigilancia en carreteras secundarias, donde históricamente se concentraban los accidentes más graves.

No obstante, el éxito del descenso no debe ocultar la otra cara del dato: cada víctima supone un drama personal y familiar. Las autoridades insisten en que el reto sigue siendo ‘cero muertes’ y que la lucha contra las distracciones —con el móvil como protagonista— y el consumo de alcohol y drogas sigue siendo prioritaria. La Rioja ha demostrado que es posible revertir una tendencia que en los años 80 parecía inevitable. El reto ahora es mantener esa línea descendente y seguir demostrando que en seguridad vial, cada vida cuenta.

Hay que incluir que la obligatoriedad del cinturón en todos los asientos llegó en 1992 y que el carneto por puntos en 2006. A pesar de que a nivel nacional la cifra se ha estancado en la última decada, en La Rioja no han dejado de disminuir.

La N-232, la vía negra

La N-232 ha sido históricamente una de las carreteras más peligrosas de La Rioja. A comienzos de los años 2000, esta vía acumulaba más de un centenar de accidentes con víctimas cada año y cerca de una veintena de fallecidos. Solo en 2001, por ejemplo, se registraron 17 accidentes mortales y 26 víctimas. Estas cifras convirtieron a la 232 en un punto negro de la red viaria regional y generaron una gran preocupación social y política.

FOTO: Bomberos de Álava

El punto de inflexión llegó en 2005 con la puesta en marcha del Proyecto OMNIA, centrado en la N-232, y el Proyecto SORCA para el resto de vías. Ambos son grupos de trabajo para mejorar la siniestralidad en La Rioja. Desde entonces, los datos comenzaron a mejorar de manera notable. Si en 2004 la carretera se cobró 21 vidas, en 2010 esa cifra había descendido hasta solo 3 fallecidos, lo que supuso un descenso histórico que marcó el inicio de una nueva etapa en la seguridad vial riojana.

«2004 fue un año clave para nosotros, fue durísimo, hubo 21 fallecidos sólo en la N-232 y 38 en el resto de las carreteras y decidimos hacer unos grupos que todavía siguen funcionando». Es Beatriz Zúñiga, Jefa Provincial de Tráfico de La Rioja. Cada dos meses se reúnen técnicos de carreteras del estado y de la región con Guardia Civil y Tráfico para analizar los accidentes y las necesidades de las vías.

A lo largo de la última década, la tendencia de reducción se ha consolidado, aunque con altibajos. En 2017 la N-232 volvió a registrar un repunte con 13 víctimas mortales, mientras que en otros ejercicios, como 2012 o 2014, la cifra se redujo a apenas 1 fallecido. Estos vaivenes muestran que, pese a los avances en infraestructuras, señalización y control policial, la siniestralidad nunca desaparece del todo en una carretera de gran tránsito como esta.

En el último balance, correspondiente a 2024, la N-232 cerró el año con 2 víctimas mortales, lo que supone cuatro menos que en 2023. Es una cifra que, aunque baja si se compara con los años más dramáticos de la serie histórica, sigue recordando la necesidad de mantener la vigilancia y la prevención.

«No hay una varita mágica para reducir la siniestralidad en carretera pero estamos muy orgullosos de lo que se está haciendo en La Rioja», asegura Zúñiga. Para ella las claves de este descenso inimaginable hace unos años son varias. «Se ha trabajado en medidas importantes como el desvío de los vehículos pesados por la AP-68, o que la N-232 que siempre ha sido la vía con más accidentes haya pasado a ser en su mayor parte línea continua». Además las mejoras en las infraestucturas y en los vehículos también han tenido para ella importancia en esta reducción de accidentes. «Pero hay una medida importante que fue el sistema por puntos que se puso en vigor en 2006», asegura entre las medidas que han marcado un antes y un después. «Aún hay que seguir trabajando pero lo conseguido es mucho».

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