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El peso de Las Gaunas paraliza la evolución del equipo de Mendia

Gol de Villos que le gana el espacio a Camacho para rematar ante Taliby. / Carmelo Betolaza

La UD Logroñés, pese a su victoria contra el Náxara, fracasó en su debut liguero en Las Gaunas. Demasiado tiempo después el conjunto riojano regresaba este pasado domingo a su estadio, y es como si de repente todo lo malo del curso pasado volviera a hacerse presente en unos jugadores que por momentos parecía que se acabaran de conocer y al mismo tiempo cargaran con el peso de la culpa de los que ya no están. Por imprecisiones y falta de ritmo, este duelo ante el Náxara fue peor del que jugaron los blanquirrojos en julio durante la primera cita veraniega de esta nueva temporada. Fue lo más parecido que se ha visto hasta el momento a lo acontecido en los primeros meses de este 2025.

El síndrome de Las Gaunas parece haberse instalado demasiado pronto en la nueva plantilla; sabedora y, por tanto un tanto obligada a no protagonizar un mal inicio de campeonato. «Hay que empezar bien», ha sido una de las frases más repetidas durante este verano. «No podemos empezar como en Teruel», ha sido uno de los pensamientos más recurrentes. Y pese a la victoria ante el Náxara, la UD Logroñés ha comenzado mal el curso. Las sensaciones no son buenas, tras una pretemporada en la que la imagen general del equipo había sido positivas al menos durante la primera hora de juego de la mayoría de compromisos. Hasta este domingo.

Lo que se ha observado desde fuera es que el equipo se ha desgastado una barbaridad para ser el debut en liga y enfrentarse a un recién ascendido. A saber: mal primer tiempo, gol en contra pésimamente defendido, primeras y graves imprecisiones, falta de reacción, primeros pitos (muy minoritarios), dudas, Lupu, como suplente, lesionado a los pocos minutos, Marí, el centrocampista, jugando como central para enderezar la pésima salida de balón de Cabetas y Ugarte durante esta cita, pocas ocasiones en la portería de Toño, Berto de 9, luego 11 y de nuevo de 9 para acabar el partido, poca contundencia defensiva, nervios por momento… Y como notas positivas, los 3.000 de la grada esperando una vez, y eso sí, el ímpetu final del equipo para buscar el segundo gol tras lograr el empate por mediación de Urki. Ambas cuestiones -3.000 y capacidad de reacción aunque sea solo por orgullo- impensables en la recta final del curso pasado.

Berto Rosas no llega a un mano a mano contra Toño.

La derrota en Vitoria parece haber hecho más daño del que se podría esperar tras una primera jornada, porque este domingo en Las Gaunas, la plantilla, en su carta de presentación, estuvo lejos del rendimiento que dieron en Los Pajaritos, ante el Barakaldo, ante Osasuna Promesas o Eibar B, independientemente de los diversos resultados finales. No se vio ese equipo intenso, no se observó esa presión tras pérdida tan alta, ni ese juego fluido más preciso y vertical a costa de exponerse mucho si el rival supera rápido esa presión. Arriesgado, divertido… El miedo al error ante los propios pudo pasar factura a unos debutantes vestidos de blanco y rojo. El síndrome de Las Gaunas parece haber puesto al equipo en un sitio incómodo desde la primera jornada. Solo el tiempo dirá si es una cuestión de confianza, o finalmente, como se viene demostrando estas dos últimas campañas, de capacidad futbolística para ser realmente mejor que sus rivales.

El domingo, la UD Logroñés fue un equipo largo, lento, impreciso, que dudó y no resolvió, que sufrió en su propia área (también a balón parado con ese primer córner a favor del Náxara nada más empezar) y que apenas generó peligro en la portería contraria si se tiene en cuenta lo hecho en pretemporada y la supuesta superioridad deportiva de la UD Logroñés sobre este Náxara recién ascendido. Esta diferencia sobre el césped fue inexistente, por mérito de los de La Salera, y demérito de unos capitalinos que dieron síntomas de estar afectados por la presión de tener que empezar bien y cuanto antes este campeonato para lo que no ayudó en nada la derrota en el debut liguero ante el Alavés B.

Es verdad que las pretemporadas son engañosas, que solo sirven si no salen las cosas. Y ni el Eibar B estaba tan aventajado en ritmo de juego como creyeron intuir los técnicos blanquirrojos en la Ciudad Deportiva de Valdegastea durante el último encuentro de pretemporada, ni el Alavés B, tras su último resultado en liga, era el mismo equipo que tan bien acabó el curso pasado. El Eibar B ganó con dos goles en el descuento y en casa al Alfaro, y el Alavés B perdió en la segunda jornada. La UD Logroñés, tras dos jornadas, ya sabe que está muy lejos aún de su mejor versión. Y que va muy justo en este inicio liguero que afronta con la ‘ventaja’ de jugar ahora dos partidos seguidos en su propio estadio. Pero el asunto es que parece haber retrocedido en parte del trabajo realizado durante este verano.

FOTO: Carmelo Betolaza

El síndrome de Las Gaunas parece haberse instalado en la entidad desde que descendiera de Primera Federación. La obligación ya no de ganar a sus rivales, si no de someterlos y superarlos con contundencia, pesa o cuanto menos agita la relación del equipo con su hinchada. Por momentos, el equipo de Diego Martínez marcó el camino que todos esperaban con esas goleadas que acabaron por camuflar la incapacidad para ganar a los rivales directos en la pelea por el ascenso. Dos cursos más tarde, la UD Logroñés se tiene que agitar en exceso para remontar al Náxara y salvar los muebles a tiempo.

Dede esa primera experiencia en cuarta categoría nada parece ser como debiera en esta escalera descendente hacia el barro. La UD Logroñés se instaló el curso pasado en la mediocridad, y es por derecho propio un equipo de Segunda Federación, de principio a fin. Lo volverá a ser este curso, hasta que el intenso trabajo que diariamente hace Mendia en la Ciudad Deportiva tenga su reflejo cada fin de semana, o al menos esa es la intención, y más cuando el equipo está tan verde como ha demostrado en estas dos primeras jornadas. La paciencia debería seguir gobernando las decisiones, aunque se observó un nerviosismo excesivo ante el Náxara.

Mientras tanto, es significativo observar cómo de nuevo una plantilla de la UD Logroñés da un paso atrás cuando le toca competir. Será el peso de la responsabilidad, del escudo, de no estar acostumbrados a jugar ante tanta gente, de que el rival también juega… pero este equipo de estos dos primeros partidos se parece poco al que se ha visto por los campos durante este verano de pretemporada. Será el síndrome de Las Gaunas, donde por cierto el equipo lleva sin perder en liga (ante el Marbella en la final fue en playoff) desde el 7 de mayo de 2023. Son más de 850 días invicto. Misterios del fútbol, porque pese a esta racha, el equipo no resuelve su dinámica deportiva; y todos, los que llegan y los que se van, sienten el síndrome de Las Gaunas, que nadie entiende y nadie resuelve.

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