Estela Puras encara la recta final de sus segundas vendimias como agricultora profesional. Su cosecha comenzó hace poco más de una semana en las viñas de Fuenmayor de su padre y calcula que los cunachos pegajosos por el mosto seguirán recorriendo los renques, a hombros o arrastrados, durante unos tres días más. Este año, además, se ha estrenado con alguna que otra viña arrendada en Sotés, donde reside desde hace siete años, aunque esta joven de 34 años sea fuenmayorense de nacimiento. La jornada de vendimia ha comenzado a unos 600 metros de altitud, en lo que en el pueblo de Sotés conocen como el paraje Mataconsejera. Una viña de tempranillo de unas seis fanegas (poco más de una hectárea) en pendiente que recorre desde primera hora de la mañana una cuadrilla de unas diez personas llegada de Andalucía. Y junto a ella, Estela también cuenta con la ayuda de su marido, Miguel Rodríguez, y su suegro, Antonio, también agricultor.
«Después de esta viña toca ir a otras dos más», indica Estela sin apenas levantar la cabeza de entre las hojas de parra. Con una mano cortando y con la otra cogiendo racimos. Cunacho lleno, cunacho directo al sacauvas. «Con tantas personas al final se vendimia rápido y eso es gracias a mi suegro, que trabaja con la misma cuadrilla desde hace ya casi veinte años que también vienen a escardar, porque tal y como están las cosas es muy complicado encontrar temporeros. Además, aquí cogemos todo a mano, así que necesitamos gente sí o sí». Y otro cesto más lleno de racimos que descarga.

Juan es uno de estos trabajadores. Natural de Córdoba, antes de poner un pie en Rioja ya ha pasado una veintena de días en Tarragona recorriendo las viñas de La Granada del Penedès. «Empecé la campaña a principios del mes de agosto, así que cuando acabemos con Estela ya toca regresar a casa», apunta. Son ya diez años los que ha pasado recorriendo diferentes regiones del país para cubrir las vendimias, después de pasar una temporada también viajando a Francia para la recogida de la manzana. Tras esta jornada, y con una viña menos en Sotés que recorrer, ya está más cerca de su vuelta a Córdoba.

Juan, uno de los temporeros que acude a hacer la vendimia con Estela.
Gestiona unas 16 hectáreas de viña entre Fuenmayor y Sotés, siendo parte la tierra heredadas de su padre y otra parte las parcelas que lleva a renta. Y el destino de todas ellas varía en función de la zona, más allá del término municipal al que pertenezcan. La Cooperativa de Sotés y dos bodegas de Logroño y Laguardia son las que recepcionan el fruto del trabajo de todo el año de esta joven agricultora. Su apuesta por el sector primario llegó hace dos años cuando su padre se jubiló en la empresa en la que trabajaba y el cultivo de las viñas de las que también se encargaba quedó en el aire. «Hasta entonces yo trabajaba en una oficina, pero siempre he estado en el campo desde pequeña ayudando en vacaciones o los fines de semana. Así que sabía podar y llevar el tractor, aunque ahora mejor», ríe. «El campo me ha gustado siempre y cuando se dio la situación familiar había que tomar una decisión y decidí coger el relevo de mi padre. Ahora es cierto que echo la vista atrás y creo que no sabía ni dónde me metía. Recuerdo que apenas llevaba un par de meses instalada en el campo cuando fueron aquellas manifestaciones de agricultores y ganaderos en febrero. Desde entonces, no ha cambiado apenas nada en el sector; las cosas están muy difíciles», asegura.
Bien es sabido que en el campo no hay horarios, pero en primer lugar están sus dos hijos de 2 y 4 años. «Primero soy madre y luego agricultora. Los levanto, los preparo y los llevo al colegio. Luego ya organizo todo y al campo. Y he de decir también que entre mi suegro y mi marido me asesoran, porque aunque Miguel no sea agricultor (trabaja en una empresa), siempre me echa una mano cuando puede. Este año, por ejemplo, me llevé mucha decepción con todo el papeleo y al final si estoy podando no puedo estar también haciendo los papeles. Entre eso y que ahora todo funciona a través de aplicaciones digitales al final es normal que la gente más mayor vea inviable la gestión de una explotación agrícola en este sentido». Sobra decir que se apaña mejor con las labores de tractor, de poda, espergura y demás faenas, que recaen mayormente sobre los hombros de esta profesional de la viticultura.

El ciclo ha sido convulso también en su explotación con dos tormentas de granizo que han golpeado especialmente en dos viñas, «pero es ‘peccata minuta’ en comparación con lo que hay por ahí», asegura refiriéndose al intenso pedrisco que arrasó parte del paisaje vitícola del Moncalvillo, con Medrano, Hornos y Daroca como los grandes damnificados. «Fue una franja que no llegó a afectar tanto a Sotés, aunque a mi suegro sí le pilló un poco más».
El mildiu, por otro lado, parece haberse controlado en buena medida: «No sé si fue que acerté con la fecha del primer tratamiento o por qué, pero lo hemos logrado sujetar bastante bien y apenas hemos tenido incidencia, así que no me puedo quejar. Cuando me dijo mi marido que echase la primera mano solo estaba tratando yo en el campo y pensaba que me iban a llamar loca, pero creo que esa fue la clave. Eso sí, ha sido una auténtica locura de gestión, llegando a echar hasta ocho tratamientos. Luego también desnietamos, algo que se lleva mucho aquí y que creo que es algo que en esta zona es muy importante para que no le chupe tanto la parra y vaya más a la uva».

En esta viña de Mataconsejera, por suerte, la merma de cosecha no se ha palpado. De hecho, Estela ha solicitado una revisión de rendimientos porque asegura llegar a los 5.850 kilos por hectárea (rendimientos habituales fijados para las tintas en las últimas campañas), frente a los 5.200 kilos amparados este año por el Consejo Regulador para el término de Sotés. «La uva está buenísima y es que esta zona es sin duda muy especial, una de las privilegiadas aquí en Rioja Alta y que llama mucho la atención», sentencia. ¿El motivo? Primero, la altura a la que viven las cepas; segundo, que están en secano. «Por no hablar del suelo que hay aquí y que, además, son viñas viejas. Las bodegas demandan esto».
Unas «uvas espectaculares», define, que aún así confiaba en que los compradores las valorasen más: «Siendo un año tan complicado como ha sido este, mucho más que el pasado, quería pensar que iban a pagar algo más por ellas porque al final hay poca uva en general y a la vez hay mucha calidad». Pero esos precios escapan ya de su manejo. Toca centrarse en la faena porque la vendimia continúa, con algún parón que otro a la espera de conseguir ganar algo de grado, el necesario para cortar la uva, y concluir antes de que lleguen los chaparrones que se pronostican de cara a este fin de semana.



