Los lazos familiares ayudan a forjar unas buenas bases, pero el carácter y personalidad propios son los que marcan el camino a seguir. Es el ejemplo de Ukan Winery, el proyecto que protagonizará la séptima cita (entradas disponibles) del VI ciclo de Catas Underground organizado por NueveCuatroUno y Calado by Criteria de la mano de Argraf, Cartonajes Santorroman, Cork Supply, Ramondin y Tonelería Magreñán. Será Koldo Eguren, quinta generación de una familia ligada al mundo del vino bajo la bodega Eguren Ugarte, quien conduzca esta velada de la mano de las cuatro referencias que conforman la bodega: Naku 2024, Senderos de Ukan 2022, Ukan 2022 y Ukan Blanco 2023, que saldrá al mercado el próximo año.
– Desde Laguardia, Lapuebla, Elvillar y Elciego, Ukan abraza el paisaje de Rioja Alavesa. ¿Cómo se refleja la tipicidad de esos viñedos en los diferentes vinos?
– Pues diría que sobre todo se nota en lo que es norte y sur. Las viñas más cerca de la sierra, las viñas más cerca del Ebro son las que más diferencia muestran entre sí. Siempre representamos los pueblos y las parcelas por separado para sacarlo mejor de sí mismas, pero luego tratamos de pintar un cuadro con todos esos colores y que se note la añada porque al final depende mucho de cómo venga el año. Cada viña tiene su particularidad, pero lo que nos gusta del proyecto es que no estamos tan centralizados en un solo viñedo sino que podemos hacer ensamblajes para jugar con la añada. Cada parcela se fermenta por separado y luego se ensamblan.
– ¿En qué se diferencia Naku de Ukan y Senderos, los dos vinos emblema de la casa?
– En este caso hacemos un pequeño homenaje a las elaboraciones más tradicionales de la zona con una maceración carbónica al 50 por ciento, aproximadamente, mientras que el resto de la uva se elabora despalillada, así que se puede decir que es un semimaceración carbónica. Buscamos que no tengamos esta astringencia o punto vegetal de la maceración carbónica, sino que tenga un tanino un poquito más suave, más redondo y, además, que tenga mucho fruta, que sea fluido. De hecho, el vino luego pasa tres o cuatro meses (en función del año) en barrica usada, aunque no tiene nada que ver a la capacidad de guarda que tienen los otros.
– ¿Qué matices buscáis más en los otros casos?
– Pues vamos más al equilibrio. Senderos de Ukan es elegancia. Aunque mantenga el carácter fresco y frutal porque tiene algo de maceración carbónica también, este es más sofisticado, más largo y con más estructura. En el caso de Ukan, aquí ya usamos las parcelas más exclusivas de la propiedad, con viñas que van de los 60 o 70 años a algunas con más de cien. Así que al ser viñas con pocos rendimientos, obtenemos un vino más concentrado y más especiado, con fruta más oscura. Aunque el tempranillo tinto sea el principal, al ser viñas viejas también hay algo de graciano, mazuelo, garnacha e incluso bobal.
– La sorpresa de la velada llega con la versión blanca de Ukan. ¿Por qué no se ha elaborado antes un blanco en la bodega?
– Ya antes habíamos hecho algunas pruebas de fermentación con blanco y tinto, pero no terminaba de convencernos por las diferencias en la maduración de la uva, así que acabamos elaborando blanco por separado. No fue hasta la añada de 2023 cuando dimos con el blanco que nos enamoró. Nos gusta muchísimo y nos parece super elegante. Se fermenta la mitad en barrica nueva y la otra mitad en depósito de hormigón en forma de huevo sin revestir para que le de ese aporte también de la microoxigenación del hormigón tan diferente a la madera. Además, la forma de huevo nos permite esa centrifugación del mosto para que estén las lías en suspensión constantemente y tenga más cuerpo el vino. Son las primeras 3.000 botellas de un blanco muy gastronómico que refleja perfectamente la filosofía del resto de vinos de la bodega: equilibrio y elegancia.


