Cada vez queda menos para las fiestas de San Mateo y muchos ya estarán con la cuenta atrás para desempolvar su pañuelo y, con él al cuello, salir a la calle. Pero pocos conocen de dónde viene esa tradición, desde cuándo se usa, el color, los bordados…
Los primeros indicios de este accesorio relacionado con esos días de fiesta se remontan al año 1962. En el cartel y programa de las ‘Ferias y Fiestas de San Mateo. VI Fiesta de la Vendimia’ aparece un dibujo de un hombre y una mujer. Ella sostiene un racimo de uvas de color morado; a su lado, él lleva pantalones morados del mismo color que las uvas, y un pañuelo atado al cuello en el mismo tono.

«Esta es la primera vez que se veía en un cartel, en los de los años anteriores no hay nada parecido», explica Federico Soldevilla, cronista oficial de Logroño. «Además, lo más común era ver a las mujeres con pañuelos en la cabeza o de mantillo, los cuales eran más grandes, pero nada más», añade.
Más tarde aparecen los pañuelos «de varios colores, aunque el más común era el rojo», sobre todo en pueblos. Esta es una tradición que, desde hace años, se asocia con las fiestas de San Fermín, en Pamplona. Sin embargo, de manera oficial en Logroño se empiezan a ver en la calle en el año 76. ¿A quién se le ocurrió esta idea?
Todo comenzó con doce jóvenes
En el año 1976, un grupo de doce jóvenes decidió dar el primer paso. Compraron tela azul, de la cual cortaron sus pañuelos de fiesta, cosieron el escudo de Logroño en los mismos y salieron a la calle con sus nuevos accesorios. Eligieron el color que forma parte de la orla del escudo de la ciudad. Con ese primer grupo, el gesto se popularizó a finales de los años 70 y principios de los años 80.
Pero, a raíz de este nuevo gesto nace una nueva polémica: el color. Hasta los años 2000, el azul se asumió con naturalidad como el color de la pañoleta de Logroño. Entonces llegan los 2000 y aparece un nuevo color en la paleta que es el granate o color vino. Todo ello, como forma de vincular las fiestas a la vendimia. Con este propósito, se intenta que toda la ciudad lleve el mismo pañuelo, con el mismo color, y que sea este último, de color ‘Rioja’.
Con el paso de los años se han podido ver estos accesorios con los colores de la bandera de La Rioja. A pesar de los muchos intentos, solo estos dos colores han dejado huella. Es por ello que ha llegado un punto en el que la capital se ha vuelto una ciudad de dos colores durante sus festividades. Debido a la polémica, se han diseñado pañuelos con los dos colores simultáneos. Pero estos son menos populares, lo más común es ver los de un solo color, sea cual sea.

Asimismo, hay quienes ven esta discrepancia como algo positivo y reflejo de una de las características fundamentales de los riojanos. «Los pañuelos diferentes reflejan la diversidad de la ciudad, una cualidad que forma parte de nuestro carácter riojano, no tenemos un solo pañuelo que nos identifique», comenta Federico Soldevilla.


