La Rioja

Olor insoportable en Logroño: «Sufrimos otra vez ‘eau de megde'»

No es novedad para los logroñeses, pero no por ello deja de ser noticia. El problema sigue sin solución. El olor de la pasada noche en la capital riojana volvió a ser insoportable, por lo que las ventanas de las viviendas -sobre todo en la zona centro- debían mantenerse cerradas a cal y canto. Esta situación, unida al calor veraniego que ha hecho durante toda la madrugada, han convertido el paso del lunes al martes en una ‘aventura’ para el descanso.

Los aires de Levante tienen la culpa. Aunque no toda, claro. Lo ha explicado José Calvo (Meteosojuela) unas cuantas veces ya. Cuando el viento viene del sureste, desde la zona de La Rioja Baja y el Mediterráneo, huele así por el secadero de orujo o alpeorujo de aceituna siutado en Viana. «En estas situaciones de inversión térmica no moviliza el humo».

De hecho, la inversión térmica ha provocado que ni siquiera en la sierra se hayan librado de una noche sofocante en la que sorprenden valores como los 22,2 grados de Pazuengos o los 20,3 de Santa Marina y San Román de Cameros. Las previsiones de la Agencia Estatal de Meteorología para este martes mantienen el horno encendido durante las horas diurnas (se esperan 35 grados en Calahorra o 34 en Logroño), aunque al caer la noche el panorama refrescará algo más que durante la pasada madrugada.

No se recordaban episodios como estos desde finales de 2017 (la planta paró unos meses) y finales de 2018. En ese segundo año, el Gobierno de La Rioja trasladó de nuevo las quejas vecinales al Ejecutivo navarro, señalando como origen la planta de orujo de Viana.

El trujal de Viana

La instalación había reabierto tras meses de ajustes y medidas correctoras, pero pese a ello los episodios de mal olor se repitieron en Logroño, provocando protestas ciudadanas e incluso quejas desde el aeropuerto de Agoncillo. Las inspecciones oficiales concluyeron que las emisiones estaban dentro de la normalidad, aunque reconocieron que con determinadas condiciones meteorológicas —como los vientos de Levante o la inversión térmica— el hedor se hacía inevitable.

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