Jacinto Elá, aquel niño prodigio al que Nike patrocinó durante años y que fue MVP mundial en categoría sub-14, ha rescatado en el canal de Youtube de Toni Padilla una anécdota que ilustra lo absurdo y contradictorio de algunas etapas de su carrera. El escenario: Logroño, temporada 2007-08, cuando defendía la camiseta de la Fundación Logroñés.
«Nos pagó el primer mes… y ya no vimos un duro más», arranca Elá, antes de detallar que en enero los jugadores tuvieron que perdonar la deuda si querían fichar por otro club. La situación, ya de por sí disparatada, se volvió casi de sainete cuando un día, paseando por la calle Laurel con varios compañeros, se toparon con uno de los dirigentes (presumiblemente Delfín Cañas, accionista en el club).
«Le dijimos: ‘Hombre, que no nos pagas, y los de fuera tenemos que comer’. Y él, como si nada, nos invita a una marisquería”, relata entre risas. Allí, sentados a la mesa, el dirigente presumía de no haber comido nunca en casa a mediodía en veinte años, pedía marisco a discreción y descorchaba champán como si nada. En pleno banquete, una botella cayó al suelo y, sin inmutarse, comentó: «No sé si pedir una fregona o una barca».
La guinda llegó cuando uno de los futbolistas, harto de tanta ostentación, le pidió dinero. «El tío mete la mano en el bolsillo de la camisa y saca un fajote: ochocientos euros para cada uno. ‘Pero no se lo digáis a nadie’, nos dijo. Encima pasó un vendedor de la ONCE y nos compró un billete de lotería a cada uno».
Aquel gesto no tapaba, sin embargo, la realidad: la plantilla llevaba meses sin cobrar, y algunos llegaban a acudir incluso al negocio de la mujer de otro dirigente (presumiblemente Antonio Higaldo) a pedirle ayuda económica. «Era un contraste brutal: no había dinero para sueldos, pero sí para marisco y champán», concluye Elá.
Una etapa amarga en Logroño
La historia encaja con lo que el propio exfutbolista contó tiempo atrás en su blog: el proyecto de la Fundación Logroñés nació con ambición —convertirse en el gran club de la ciudad por encima del histórico CD Logroñés— pero se desinfló en poco tiempo.
Prometieron 2.000 euros al mes, pero salvo la primera nómina, los pagos nunca llegaron a tiempo. La situación acabó con los jugadores firmando su carta de libertad a cambio de perdonar las deudas. «Me fui en Navidad como el almendro, pero desplumado», ironizó en uno de sus textos.
¿Quién es Jacinto Elá?
Su nombre quizá suene lejano, pero Jacinto Elá (Añisoc, Guinea Ecuatorial, 1982) fue una de las mayores promesas del fútbol español a finales de los noventa. Elegido mejor jugador del mundo sub-14 en una Nike Premier Cup, internacional con España en categorías inferiores y más tarde con Guinea Ecuatorial, se convirtió además en el primer menor de 20 años en fichar por la Premier League (Southampton).
Compartió vestuario con Arteta, Valdés, Torres o Moisés Hurtado, pero su carrera, marcada por las lesiones y los impagos, fue tan fulgurante como efímera: se retiró con apenas 26 años.
Desde entonces, Elá se reinventó fuera del balón: ha vendido Thermomix, trabajado en trenes de largo recorrido, en tiendas de informática o pintando camisetas con su pareja. Hoy es escritor —lleva cinco libros publicados—, comentarista y educador escolar, siempre con una sonrisa y con la capacidad de reírse de sí mismo.
Su anécdota en Logroño es solo un ejemplo más de la montaña rusa que fue su trayectoria: de promesa global patrocinada por Nike a futbolista que, entre marisco y champán, cobraba su sueldo en fajos improvisados en una marisquería riojana.


