La Rioja

Lo rural tira del turismo riojano en un julio de récord

La Rioja rompe por primera vez la barrera simbólica de los 60.000 visitantes en un mismo mes

FOTO: Fernando Díaz/ Riojapress.

En los pueblos más pequeños y en las ciudades, en la ribera y en la sierra, los turistas han llegado a La Rioja más que nunca este mes de julio. La estampa se repite: terrazas llenas, plazas abarrotadas, visitantes con mapa en mano en los cascos históricos y diversidad de acentos. Lo que hasta hace pocos años parecía impensable se ha convertido en rutina: el verano ya no es solo sinónimo de playa. La Rioja también empieza a tener un hueco en los planes veraniegos de muchos.

Durante décadas, la región ‘ha vivido’  de ser un destino ligado al otoño, al enoturismo de vendimias y a las escapadas invernales o de puente. Sin embargo, el guion ha cambiado este mes de julio. Los datos del Instituto Nacional de Estadística (INE), publicados este viernes, han puesto cifras a un mes de récord: 65.018 viajeros alojados en hoteles riojanos durante julio, un 14,6 por ciento más que en el mismo mes del año pasado. Y junto a ellos, un récord absoluto de 108.197 pernoctaciones, un 13,8 por ciento más en solo doce meses. El registro es histórico. Jamás La Rioja había alcanzado la barrera simbólica de los 60.000 turistas en un mes. Entre los visitantes, 15.742 eran extranjeros, lo que también supone el mejor dato en dos décadas.

Pero detrás de las cifras ha un protagonista absoluto: lo rural. Lo recuerda Demetrio Domínguez Ruiz, presidente de la Asociación Riojana de Hoteles: “Son unos datos muy buenos, pero hay que mirar con lupa. Han sido los pueblos los que han tirado del carro en este mes histórico, mientras que en Logroño la hostelería ha bajado con respecto a otros años. Eso es algo que debemos analizar, porque la mitad de las plazas hoteleras de la comunidad están en la capital, y no podemos fallar ahí”.

Domínguez señala otro punto clave: la necesidad de alargar la estancia media. Actualmente, la mayoría de los viajeros pasa apenas una noche en la región antes de continuar su ruta. “El objetivo debería ser llegar a dos noches de media de pernoctación al final de legislatura. Es ahí donde está la verdadera rentabilidad, no solo para los hoteles, sino también para la gasolinera, el restaurante, la panadería o la tienda de calzado. Si se quedan solo un día, es muy probable que la gasolina la echen en Burgos”, reflexiona.

En paralelo, subraya la dificultad añadida de que muchos visitantes toman la decisión en el último minuto: “Cada vez se reserva más a última hora, y eso por un lado es positivo porque nos mantiene alerta, pero también complica la planificación de los negocios”.

Luces y sombras

El presidente de los hoteleros lanza además una advertencia sobre la imagen de la región: “Las últimas noticias que se han generado sobre el turismo en La Rioja no han sido buenas, con temas de vandalismo o ruidos. No sé quién tiene que solucionarlo, pero esa publicidad no ayuda”.

Aun con esos matices, el comportamiento del turismo internacional confirma el tirón exterior de la región. Y aquí, de nuevo, los pueblos han sido los protagonistas: “Este año los extranjeros también han llegado en mayor número, pero sobre todo a los pueblos más que a Logroño”, recalca Domínguez.

El reparto de visitantes lo confirma. Aunque el turismo internacional ya supone una cuarta parte del total, el motor siguen siendo los viajeros nacionales. Los catalanes encabezan el ranking, con casi un 20 por ciento del total, seguidos por los madrileños (16,4 por ciento) y los vascos (15,2 por ciento).

Con este escenario, el verano ya no es un terreno vedado para la comunidad. La Rioja ha conseguido colarse en el mapa estival, compitiendo con destinos de sol y playa gracias a la combinación de naturaleza, gastronomía, vino y cultura.

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