La Rioja

Julio huele a pintura en Rincón: así se construye una tradición de casi medio siglo

En muchos pueblos, el verano se vive a la sombra de una terraza, entre chapuzones en la piscina y noches a la fresca en la plaza. Pero en Rincón de Soto, julio tiene un aroma distinto. Huele a pintura fresca, a serrín y a pegamento. Suena a caladoras cortando madera y a risas que se mezclan con la música de fondo. En lugar de las terrazas, el punto de encuentro es una nave industrial de la avenida Corella. Allí, entre plataformas y tablerillos, late el corazón de una tradición que lleva casi medio siglo dando forma al alma de este pueblo: el desfile de carrozas, el acto más esperado de sus fiestas patronales, que este año volverá a brillar el viernes 8 de agosto.

Durante todo el mes, al caer la tarde y cuando el calor empieza a aflojar, cuadrillas enteras se dan cita en esa nave convertida en taller comunitario. Si el día ha salido fresco como estos últimos, quedan allí antes. Jóvenes, mayores, madres con niños, abuelos con nietos, adolescentes con las zapatillas manchadas de cola blanca… todos comparten espacio, ilusión y un objetivo: construir auténticas obras de arte sobre ruedas. El ambiente es inmejorable. Aquí no hay distinción entre veteranos y novatos: quienes llevan años participando enseñan a los nuevos cómo sujetar un listón, cómo combinar colores o cómo lograr que un trozo de cartón se convierta en una figura mitológica. Las ideas vuelan de un rincón a otro y los grupos de WhatsApp echan humo: “¿El disfraz llega o no llega?”, “¿Quién tiene el pegamento?”, “¡Faltan luces!”.

Y es que no se trata solo de construir carrozas. Es algo más profundo, casi ritual. Las cuadrillas se refuerzan, se reencuentran, se descubren. Se trabaja en equipo, a veces se cena allí mismo entre pinceles y virutas, y se crea un lenguaje propio que mezcla creatividad, tradición y sentido de pertenencia. La cuadrilla de las Primacas lo encarna con fuerza: chicas jóvenes, en chándal y con las manos teñidas de pintura, que no faltan ni una noche. Ríen, discuten, prueban cosas nuevas. «Lo importante es disfrutar el proceso», dicen con una sonrisa mientras dan forma a su carroza con papel de colores, madera y toneladas de ilusión.

En otra nave, más grande aún, se cuece algo colosal. Las carrozas de La Ronda y El Control, dos de las cuadrillas más competitivas, necesitan más espacio. Y no es para menos: sus estructuras alcanzan dimensiones que quitan el aliento. Allí están los hermanos ‘Pinturo’, Sergio e Iván, cada uno guiando a su equipo. Sergio, el mayor, lleva años ganando con su cuadrilla, La Ronda, gracias a un nivel de detalle que roza lo profesional. Él empieza a trabajar desde enero, ideando bocetos en casa, buscando materiales reciclados, haciendo figuras más pequeñas. Con el premio de años anteriores compraron la plataforma para no tener que andar todos los años pidiéndola. “Demasiada gente estorba”, bromean, “por eso venimos una docena de personas cada día». Con eso, sobra para hacer magia. Su carroza no solo recorre las calles de Rincón de Soto, luego puede volver a verse algunos años en Alfaro (este año imposible por la cercanía de las fiestas), en Calahorra o cruza la muga para los carnavales de algún municipio navarro.

Iván, su hermano pequeño, lidera la cuadrilla El Control. Aunque todavía no ha logrado desbancar a Sergio, cada año se acerca un poco más. Este julio lo pillamos con una camiseta manchada y una sonrisa orgullosa. “Nuestra idea original era otra, pero vimos algo en Instagram y nos encendió la chispa”, cuenta mientras da los últimos retoques a una figura gigantesca. Y es que aquí todo inspira: un meme, una película, una conversación en el bar. El objetivo es sorprender, dejar con la boca abierta al público y, sobre todo, disfrutar con los amigos. “Todo el mes currando juntos, y luego ese día… ese día es una explosión de emoción”.

La tradición que comenzó en 1976 con cuatro carrozas humildes tiradas por tractores ha crecido hasta convertirse en un espectáculo visual que recorre las calles no solo del municipio. En los 90, asociaciones como la de Mujeres o la Juvenil Rinconada tomaron el relevo y consolidaron la fiesta. Más tarde llegaron los autos locos, las comparsas, los disfraces temáticos y la música a todo volumen. Hoy, casi cincuenta años después de que naciese este año el próximo  8 de agosto con la calle Cervantes como punto de salida, el desfile es una cita marcada a fuego en el calendario. Una marea de luces, colores y sonido que recuerda a las Fallas valencianas, pero con sabor riojano y sin quemas.

Las carrozas de Rincón no se improvisan. Se esculpen con tiempo, ingenio y materiales reciclados: forja para el esqueleto, madera para la base, corcho, papel de periódico, goma espuma… cualquier cosa puede cobrar vida en manos de estas cuadrillas. De sus talleres han salido castillos medievales, cohetes de la NASA, caballos de Troya de cinco metros de alto (hasta que el reglamento limitó la altura a 4,5), ciudades sumergidas, cuentos infantiles y hasta versiones de París, Egipto o el Titanic. Las temáticas son infinitas y el ingenio, inagotable.

Rincón de Soto ha elevado el desfile a la categoría de arte popular, de símbolo identitario. Y mientras el Ayuntamiento lucha desde hace años por lograr el reconocimiento como Fiesta de Interés Regional, sus vecinos siguen reuniéndose cada tarde de julio en esa nave mágica donde los sueños se construyen a mano, con risas, sudor, amistad y una pizca de locura colectiva. Porque sí, en Rincón la piscina puede esperar. El verano, aquí, se vive sobre ruedas.

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